martes 6, diciembre 2022
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Educación, productividad e inclusión

Muchos países priorizan sus políticas en educación cuando se proponen fomentar el desarrollo  nacional, pero también lo hacen cuando buscan opciones viables para acelerar la salida de  situaciones críticas como la que vive Costa Rica actualmente. La educación es tal vez la única  variable de las políticas sociales que tiene la virtud de impactar simultáneamente la  competitividad económica, la equidad social, la conducta política de la ciudadanía, la  productividad  y  la  creatividad  de  las  personas  y  las  empresas, sin importar su tamaño ni su naturaleza.

Las  universidades públicas estatales son instituciones complejas, al igual que lo es su relación  con el  entorno.  No  sorprende  entonces  que  con  frecuencia  se  viertan  opiniones  sobre  ellas  que indican desconocimiento  de sus realidades y procesos.  Un  caso  de  pertinaz  reiteración  es cuando  se  afirma,  en  contra  de  toda  evidencia  empírica,  que  la  mayoría  del  estudiantado  de las  universidades  públicas  costarricenses  proviene  de  hogares económicamente  privilegiados.  Las personas que sostienen esta falsa idea, reproducida igualmente por algunos medios de comunicación, parecen librar una batalla contra los hechos, como si su aceptación fuese equivalente a dejarse engañar por la realidad.

Muchas veces se recomienda, como si no sucediera, que  las  universidades  vendan  servicios  a  la  comunidad. Desde  hace  décadas,  las  universidades  públicas  costarricenses mantienen  relaciones  remuneradas  con  el sector  privado  y  el  público,  organizaciones  de  la  sociedad  civil,  instancias  internacionales  y otras  instituciones  académicas.  Esta  vinculación  se  da  en  forma  de  investigación y desarrollo (investigación  con  financiamiento  complementario,  investigación  contratada,  producción  y venta  de  bienes  de  base  tecnológica);  transferencia  de  conocimientos  (licenciamiento,  educación  continua  y  capacitación);  servicios  científicos  y  tecnológicos  (asesorías  y  consultorías, servicios de laboratorio y servicios técnicos).

Es conocido que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recomendó, hace ya más de tres lustros, que los países, como política pública, deberían adoptar medidas para asegurar su capacidad de comprender el desarrollo de nuevas tecnologías y adaptarlas a sus propias necesidades nacionales.

¿Cómo ha avanzado Costa Rica en ese proceso? La respuesta es que lo ha hecho con altibajos, sin una política científico-tecnológica coherente, ni una inversión significativa en investigación científica de parte del Estado, pero con algunos resultados destacables y meritorios. Sobre estos aspectos positivos nos informa el Índice Global de Innovación 2018 (GII, por sus siglas en inglés), el cual vale la pena revisar con el fin de conocer debilidades e identificar oportunidades.

El GII coloca a nuestro país en la posición 54 entre 126 países, arriba de naciones como México, India, Uruguay, Argentina, Brasil y Bosnia Herzegovina, entre otras muchas. Según este índice, el cual es elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad de Cornell, INSEAD (The Business School for The World) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la posición de Costa Rica en este campo se debe a la combinación de un conjunto de indicadores.

El primero de ellos es la inversión en educación, la cual corresponde a la posición 12 en el mundo, así como el apoyo estatal a estudiantes de secundaria (posición 31). Esta referencia hace pensar en el impacto positivo de programas de inclusión educativa como AVANCEMOS. A esta inversión se añaden el uso avanzado de las tecnologías de la información y comunicación (TICs), así como la exportación de servicios basados en ellas (posiciones 42 y 10, respectivamente), y el crecimiento del Producto Interno Bruto por persona contratada como indicador de productividad laboral (posición 2).

Otros indicadores positivos son los señalados frecuentemente en diferentes publicaciones, como la estabilidad política, la sustentabilidad ambiental y la facilidad de obtener créditos.

Es interesante observar que Costa Rica muestra un posicionamiento destacado en el índice global de absorción del conocimiento expresado en dos indicadores: importación de alta tecnología (50) e inversión extranjera directa (27).

La absorción de conocimiento es expresión de la capacidad de comprender, aplicar y adaptar los avances de la ciencia y la tecnología, lo cual es el resultado directo de la inversión en educación en sus diferentes niveles. El buen posicionamiento de Costa Rica en el GII se debe sin duda a que ha logrado poner en marcha un círculo virtuoso, aunque mejorable, entre inversión en educación y productividad.

La capacidad de absorber la ciencia y la tecnología universales, que solo es posible en virtud de altos niveles de formación técnica y profesional, no es sin embargo suficiente y debe ser complementada por el ánimo y la decisión, tanto del sector público como del privado, de apoyarse y tomar ventaja del potencial innovador nacional. En este ámbito, el sector privado parece descansar mucho en la importación de soluciones tecnológicas y no percibir la conveniencia y la eficacia que ofrece el conocimiento local.

Las virtudes señaladas se deben a una inversión educativa que ha creado un considerable potencial humano, y deben ser complementadas con oportunidades funcionales para emprendimientos novedosos, mejoras en infraestructura y fortalecimiento de la capacidad de concertar alianzas nacionales e internacionales para propiciar encadenamientos productivos en campos estratégicos.

¿Cuál ha sido la contribución de la educación superior pública en estos logros? Entre muchas acciones, cuya cantidad es muy grande para poder enumerarlas, las universidades  estatales  han  creado  instancias  de  investigación  “mixtas”  (universidad/Estado) e impulsado proyectos colaborativos con el sector productivo; han establecido cátedras  sobre  la  relación  entre  la  universidad  y  la  empresa  (organizadas  por ambas  instancias),  creado fondos  concursables  para  estimular  la  vinculación  con  sectores  sociales y  empresariales,  reconocimientos  a  la  responsabilidad  social  empresarial  e  instancias  dedicadas  a  la  gestión  de  la  innovación.  Si  a  esto  se  suman  una  alta  inversión  en  equipo  de laboratorio  de  punta,  la  digitalización  de  la  producción  académica  institucional  y  una  política  sostenida  de  evaluación  y  aseguramiento  de  la  calidad,  no  resultan  extraños los indicadores mencionados, así como tampoco  que  el  Foro Económico  Mundial  valore  muy  positivamente  la  calidad  de  la  educación  superior  pública costarricense.

Varios  miles  de  actividades  de  vinculación  remunerada  con  el  sector  externo  son  llevadas  a  cabo  por  las  universidades  públicas  de  Costa  Rica.  De todas  las  que  se  realizan  con empresas  del  sector  privado,  alrededor  del  40% corresponden  a  investigación  y desarrollo tecnológico;  con  el  sector  público,  las  actividades  mayoritarias son  asesorías y  consultorías, capacitaciones, educación continua, talleres y cursos.

Algunos sectores han manifestado la preocupación de que la  vinculación  remunerada  pueda  derivar en  una  fuente de  beneficios  personales.  Los  datos  sin  embargo  no  apoyan  esta  visión,  ya  que la erogación mayor se dedica a servicios no personales, adquisición de materiales y equipos tecnológicos.

El quehacer de las universidades estatales costarricenses no se agota en cumplir con los estándares de calidad y productividad de corriente principal de la ciencia y la tecnología, según la definición de esos patrones en el ámbito internacional. Una de las características más sobresalientes de la universidad latinoamericana es que ella se encuentra insertada en la estructura de su entorno social, a cuya dinámica le imprime movimiento. La universidad latinoamericana es constructora de Estado y nación, cogestora de identidad cultural y ciudadanía; cumple una función singular en la arquitectura social y en la sustentación de la democracia.

Nuestro país busca el desarrollo y la equidad, proceso en el cual no puede ignorar la importancia de la educación superior, como ningún país puede permitirse hacerlo, y menos actuar con ambivalencia y dubitaciones. La generación de conocimiento y la innovación – que no ha de centrarse en la promoción de la competitividad, sino también de la inclusión – estimulan tanto la productividad como la participación general en los beneficios del desarrollo. La productividad material y cultural requiere de formación educativa de alto nivel para conducir a una prosperidad que debe ser distribuida y compartida con equidad. Como se suele decir, la educación es “el gran igualador”, pero ha de ser de la más alta calidad posible. En educación, no hay equidad sin calidad.

(*) Dr. Henning Jensen Pennington,  Rector UCR

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2 COMENTARIOS

  1. Dejando de lado las exportaciones de Ortega donde en la UCR hoy, si hay cupo para esos nuevos «refugiados», no entiendo por qué los trabajadores de su institución tienen trato preferencial automático cuando sus hijos son admitidos con sendas becas por ese ente estatal. Cuando hace más 50 años aplique a esa principal universidad, una de mis importantes razones de deserción, además del aspecto de no darme el cacumen, fue el factor económico. Pero claro, los hijos de universitarios, veía, si tenía eso finiquitado. En fin, que sus estudiantes vengan sedientos de diversidad, que las mayorías no compartimos es maíz de otro costal. La excelencia de la UCR es indiscutible donde 50 de la competencia juntas, en una licuadora, no dan para una décima. Ojalá persista la independencia universitaria, que los perjuros políticos quieren atrapar. Saludos.

  2. Don Henning, deberían las universidades estatales colaborar con el ministerio de educación para mejorar la preparación de profesores de colegio, así como a mejorar y hacer más relevante e interesante para los estudiantes el plan de estudio, los exámenes de admisión de las universidades estatales son un coladero de estudiantes que provienen de la educación pública, y al mejorar la matrícula universitaria pueden las universidades estatales con mucho más autoridad defender el Fes, el cual es muy abundante para la poca cantidad de la población que se está viendo beneficiada de este.

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