jueves 8, diciembre 2022
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El futuro presidente de Brasil tendrá poco apoyo en el Congreso

Río de Janeiro, 1 oct (EFE).- El presidente que sea elegido por los brasileños el domingo, cualquiera que sea el vencedor, será el primero en dos décadas sin apoyo mayoritario en un Congreso que tendrá poca renovación en los comicios legislativos y en el que las fuerzas estarán totalmente fragmentadas.

El líder de las encuestas de intención de voto para las presidenciales, el ultraderechista Jair Bolsonaro, es candidato por el Partido Social Liberal (PSL), una formación que sólo cuenta con el respaldo de 8 de los 513 miembros de la Cámara de Diputados y ninguno de los 81 senadores.

Y su principal adversario, Fernando Haddad, escogido por Luiz Inácio Lula da Silva como su sucesor como candidato presidencial y que, según los sondeos, tendrá que medirse a Bolsonaro en una segunda vuelta, lidera un Partido de los Trabajadores (PT) que perderá fuerza en el Congreso y que llega a las elecciones con un solo aliado, tras haber encabezado una coalición de 19 partidos hace ocho años.

De acuerdo con una proyección elaborada por el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (Diap), el PSL, impulsado por la votación en Bolsonaro, doblará su representación en la Cámara baja, desde los actuales 8 diputados a entre 15 y 18 legisladores en las elecciones del domingo, lo que tan sólo le alcanzará para convertirse en la duodécima mayor fuerza en el Congreso.

El mismo estudio indica que el PT se mantendrá como la mayor fuerza en la Cámara pese a que su representación caerá desde los 68 diputados elegidos en 2014 hasta entre 55 y 65 diputados en 2018, lo que equivale a cerca de la décima parte de los 513 legisladores.

Y Haddad, en caso de vencer a Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial como indican los sondeos, tendrá que enfrentarse a un Congreso mayoritariamente «antipetista», como quedó demostrado cuando la Cámara aprobó la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff por 367 votos a favor y sólo 137 en contra.

Cualquiera que sea el vencedor, no tendrá el apoyo mayoritario que tuvieron en el Congreso tanto el presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) como Lula (2003-2010) y Rousseff (2011-2016).

Cuando asumió su primer mandato, Lula tenía el respaldo de 259 diputados y 50 senadores. Cuatro años después elevó la coalición aliada a 353 diputados y 50 senadores. Su sucesora, Rousseff, asumió en 2011 con el apoyo de 340 diputados y 62 senadores, pero en 2014 ese apoyo ya había caído a 304 diputados y 40 senadores.

Tanto Bolsonaro como Haddad tendrán que negociar apoyos a un precio alto para tener un mínimo de gobernabilidad.

Cualquiera de los dos, además, tendrá que lidiar con el Congreso menos renovado en las dos últimas décadas y que actualmente es dominado por grupos conservadores y corporativistas, que se caracterizan por defender intereses particulares como los de los hacendados, las iglesias evangélicas y las empresas.

«La expectativa era que el Congreso se renovara tras la Lava Jato (la mayor operación contra la corrupción en la historia de Brasil y que salpicó a decenas de políticos de todos los partidos), pero todo indica que los cambios serán mínimos», dijo a Efe Michael Mohallem, investigador en ciencias políticas de la Fundación Getulio Vargas.

Según las proyecciones del Diap, 407 de los 513 actuales diputados intentarán la reelección, por encima de los que lo intentaron en 2014 (387), y, de esos, 305 conseguirán mantener sus mandatos, por lo que sólo ingresarán 208 caras nuevas a la Cámara Baja.

Ello significa que el índice de reelección en la Cámara Baja será del 75,00 %, el mayor desde 1990, y que la tasa de renovación se limitará al 40,54 %, la menor igualmente en las dos últimas décadas.

En las legislativas de 2014 el índice de reelección fue del 70,54 % y el de renovación del 47,00 % y en las de 2010 un 70,76 % de los diputados fue reelegido y la renovación fue del 44,25 %.

Según analistas de la Diap consultados por Efe, el reducido índice de renovación será fruto de los cambios en la legislación electoral, que redujeron el tiempo de la campaña electoral (de 90 a 45 días) y también el período en que los candidatos pueden aparecer en el horario gratuito de propaganda en radio y televisión (de 45 a 35 días).

La nueva legislación también prohibió donaciones empresariales a las campañas, lo que permitirá que quienes hoy ejercen mandatos tengan mejores condiciones para disputar mayores valores del fondo electoral creado por el Gobierno, que será distribuido entre los partidos para financiar las campañas.

El escenario no es muy diferente en el Senado pues una tercera parte (18 de los 54 senadores) seguirá en el cargo hasta 2022 tras haber sido elegida en 2014 para ocho años de mandato y a que 32 de los otros 36 intentarán la reelección.

Los otros cuatro son candidatos a diferentes cargos, por lo que el Diap también proyecta una reducida tasa de renovación en el Senado. EFE

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