viernes 20, mayo 2022
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Lo bueno, lo malo y lo feo

En el transcurso de la historia de los países suceden fenómenos, o incidentes, si así lo queremos llamar, que develan la naturaleza cambiante de sus ciudadanos, Es decir, que la imagen construida a través de los años acerca de la forma de ser del costarricense, por algo no planeado se transmuta violentamente, dejando en claro cuál es la naturaleza real de, al menos, parte de la población. O de aquellos grupos que ejercen alguna actividad protagónica en su momento.

Los pueblos tienden a idealizar su naturaleza, su forma de ser, empujados por la imagen que proyectan a través de los medios de comunicación masiva, e incluso a través de la educación formal, aquellos que tienen como su responsabilidad o actividad laboral la creación de opinión o la formación de las nuevas generaciones.

Y es así como durante decenios se ha idealizado la imagen del costarricense como un ciudadano educado, generoso, amable, trabajador, de altos valores cívicos, que vive en un minúsculo país bendecido por la naturaleza, por su belleza y la fecundidad de su tierra.

Sin embargo, el inicio del período de gobierno actual, plagado de incidentes desafortunados en lo social y no precisamente por responsabilidad del gobernante presente, ha destapado la auténtica caja de Pandora en que se había convertido nuestra sociedad, tan idílicamente idealizada por todos.

En particular la desafortunada huelga convocada por los sindicatos existentes en las organizaciones del sector público, que tanto daño ha hecho al país, no solamente en lo económico, sino también por el irrespeto a los derechos de todos los ciudadanos que financiamos con nuestro impuestos los jugosos salarios de los empleados públicos, ha dejado al descubierto los que, parafraseando aquella vieja película, es bueno, malo o feo.

Pero antes de iniciar la mención de aquella podredumbre que ha quedado a la luz, para fortuna de quienes no somos parte de la élites del funcionariado público, pero para desgracia de la imagen que teníamos como país, sobre la verdadera naturaleza de ciertos grupos, gremios, e incluso algunas organizaciones públicas como un todo, aclaro que reconozco el  derecho a huelga, dentro de los límites legales que la definen y norman, como una conquista histórica de la fuerza laboral de un país, frente a las arbitrariedades de la patronal.

Pero resulta que la definición jurídica de la huelga en nuestra legislación no se aviene a la justificación de la que todavía mantienen los sindicatos de los educadores, cuando ya casi la totalidad de los otros han regresado a sus labores, en el sentido de que el propósito de dicho evento es oponerse a una reforma fiscal, lo cual no está contemplado como causal justificada.

Pero la realidad ha sido otra, totalmente distinta, y esa misma realidad es la que ha permitido ver claramente el egoísmo, el irrespeto a los derechos de todos los ciudadanos, y cómo la causal cierta es la defensa de beneficios –algunos desproporcionados- que disfrutan ciertos empleados públicos, como los de las universidades públicas, los del Poder Judicial, la Caja Costarricense del Seguro Social, RECOPE, ICE  y muchas más.

Todo se debe a un fenómeno no enfrentado desde hace decenios: que los salarios base de los empleados públicos son absolutamente ridículos frente al costo de la vida, y que por ello distintos gobiernos en el pasado han permitido el mecanismo de agregarle los llamados pluses y otros incrementos, que los gremios, nada tontos, han aprovechado para aumentarlos hasta límites inconcebibles.

Pero, a lo que vinimos, a tratar de señalar algunas de las lacras que han quedado patentes.

La primera y más vergonzosa tiene que ver con la postura de las altas autoridades del Poder Judicial y de las Universidades Públicas, argumentando que dichas organizaciones públicas son en realidad como repúblicas autónomas dentro de la República de Costa Rica, excepto -claro está- para recibir los fondos necesarios para su funcionamiento. Y con base en esta absurda concepción se han permitido las aberraciones más increíbles – la perversión- en el manejo de los fondos públicos.

Hablar de perversión, como señala Etkin, es hacer una distinción, un corte en la realidad que incluye a los procesos, a su marco ético y al contexto de los considerado normal. Esto implica que la clasificación se realiza desde una perspectiva heterónoma, desde un enfoque que incluye a todos los actores de la trama, para denunciar a quienes se perjudican, quienes imponen sus intereses, las normas vulneradas, y los efectos sobre el medio social.

Es así como, a nuestro parecer, pensiones de lujo, sobresueldos con base en calificaciones a veces injustificadas, cesantías que llegan hasta los veinte años (cuando la ley establece un máximo de ocho) y así muchas otras cosas, son simple y llanamente una perversión.

Pero la peor lacra expuesta radica en la actitud de los altos representantes de ciertas organizaciones, sobre quienes la ciudadanía esperaba que fueran defensores de la cosa pública, y que se han comportado como defensores, más bien, de esas injusticias y razonamientos absurdos, como el hecho de que la autonomía les exime de las  normas que rigen para todo el sector público.

Egoísmo, mezquindad, codicia si límites, desprecio por el ciudadano común y corriente, como Usted y yo, que no tenemos ningún mecanismo para defendernos de las atrocidades instauradas en los regímenes de compensación de los recursos humanos, como son los casos del Poder Judicial, las Universidades Públicas, los Bancos del Estado, el ICE, RECOPE y otras muchas más.

Por ello, esta huelga atroz ha servido para que se destaparan y quedaran en evidencia muchas perversidades sustentadas en el egoísmo más vergonzoso. Por ello digo que nos ha servido para ver los bueno, lo malo y lo feo que caracteriza nuestra sociedad.

(*) Alfonso Palacios Echeverría

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3 COMENTARIOS

  1. Excelente escrito.No solo verdad, sino la forma de expresarlo.
    Hemos llegado a conocer las entrañas de nuestro sistema publico.
    Mucho por hacer.Impresionado con la claridad expuesta.

  2. Excelente articulo! He sentido trisreza y desazon, ante la caida del velo; pero , desde hace unas decadas he tenido que experimentar el deterioro de los valores basicos y necesarios para una convivencia pacifica y justa. «El juega de vivos» como decian los alumnos de secundaria, se da en todos los estratos sociales e instituciones, Para eso son las convenciones colectivas, los sindicatos actuales, aprobar pluses sin haber contenido economico a largo plazo.
    En esta huelga ha privado el egoismo, el irrespeto, el antipatriotismo, algunos actos han rozado el terrorismo.

  3. No hay que olvidar el intento por sabotear los tanques de gas licuado de RECOPE en Limón, que si esos tanques hubieran estallado cómo pretendían los saboteadores, hubiera ocurrido un siniestro de trágicas proporciones que hubiera costado vidas humanas y cuantiosos daños materiales. Esto va más allá del egoísmo, es criminalidad.

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