lunes 5, diciembre 2022
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Al Sisi confirmó su continuidad en Egipto y la represión también

El Cairo, 10 dic (EFE).- El presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, renovó en 2018 su mandato cuatro años más, tras imponerse en marzo en unas elecciones que ganó sin rivales y que le permiten seguir gobernando entre acusaciones de represión y persecución de opositores y activistas.

Con un 97 % de los votos y poco más del 40 % de la participación, el ex mariscal salió vencedor de los comicios celebrados durante tres días en marzo frente a un único contrincante, Mustafa Musa, un político poco conocido que durante la campaña regaló elogios a Al Sisi y no le criticó una sola vez.

Todos los rivales de peso de Al Sisi quedaron fuera de la carrera presidencial antes de la campaña.

El exprimer ministro Ahmed Shafiq, que regresó a Egipto tras anunciar su intención de competir en los comicios, fue retenido al aterrizar en El Cairo y acabó renunciando un mes más tarde.

El ex jefe del Estado Mayor Sami Anán fue arrestado por supuestas «irregularidades» y estuvo varios días desaparecido tras hacer pública su inesperada candidatura. La autoridad electoral lo descalificó de la carrera presidencial alegando que «aún era militar».

El único candidato procedente de las filas progresistas, el abogado de derechos humanos Jaled Ali, renunció tras los arrestos de los demás contrincantes y las dificultades a las que hizo frente él mismo.

En medio del proceso electoral hubo más detenciones, entre ellas la del político islamista Abdelmenem Abul Futuh, candidato presidencial en 2012, tras haber llamado a boicotear la «farsa» electoral.

Organizaciones como Human Rights Watch denunciaron el recrudecimiento de la represión contra los opositores y cualquier voz crítica con el Gobierno de Al Sisi, incluso un excolaborador del presidente en la campaña electoral de 2014, Hazem Abdelazim.

Este año se conmemoró también el quinto aniversario de la masacre de la plaza cairota de Rabaa al Adauiya, en la que murieron entre 600 y 800 personas, dependiendo la fuente, durante un violento desalojo policial.

El 8 de septiembre, la justicia confirmó 75 condenas a muerte y 659 sentencias de cárcel para seguidores del expresidente Mohamed Mursi, que acamparon en esa plaza en protesta por el golpe de Estado contra el islamista en julio de 2013, pero ni un solo oficial de las fuerzas de seguridad ha sido juzgado por estos incidentes, a los que organizaciones no gubernamentales de derechos humanos responsabilizan de la matanza.

La oleada de arrestos de activistas y opositores continuó y también las denuncias de desapariciones forzadas, cuando las autoridades se llevan a un detenido y no informan de su paradero ni al abogado ni a la familia.

La situación económica tampoco mejoró para la mayoría de los egipcios, que vieron como el precio de la electricidad subió entre un 25% y un 40%.

El alza del precio del billete de metro en más de un 50% provocó una de las pocas protestas que se produjeron este año de forma pública y que finalizó con decenas de detenidos, algunos de ellos enviados a la Fiscalía de la Seguridad del Estado, órgano que se ha encargado de perseguir judicialmente a los opositores.

El Gobierno y el Fondo Monetario Internacional acordaron la toma de varias medidas para reducir el déficit y eliminar subvenciones a los servicios públicos.

El FMI concedió en 2016 un préstamo de 12.000 millones de dólares, a cambio de medidas que pesan en el bolsillo de los egipcios.

El organismo multilateral de crédito asegura que Egipto está creciendo a un ritmo del 5,3% frente al 4,2 del año pasado, y que el déficit por cuenta corriente ha bajado a 2,4 % frente al 5,6% de 2017.

Si bien la inflación se moderó en 2018 y se situó por debajo del 20 % en los pasados meses, comparado con el 30 % alcanzado el año anterior, los precios continúan siendo elevados para una gran parte de los egipcios, un 27,8 % de los cuales vive en la pobreza, según el Programa de Desarrollo de la ONU.

Y mientras tanto el Gobierno ha continuado implementando grandes proyectos y levantando nuevas ciudades, con especial atención a la nueva capital administrativa, que lleva el sello personal de Al Sisi y que está previsto que se inaugure el próximo año a unos 30 kilómetros del superpoblado Cairo.

En el frente de la lucha antiterrorista, Egipto cierra el año sin haber podido poner fin a la operación que el Ejército lanzó el pasado febrero en la península del Sinaí contra los grupos armados que se han hecho fuertes en esta zona desértica, donde tiene su base la filial local del yihadista Estado Islámico. EFE

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