miércoles 29, junio 2022
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Sobre los actos privados o públicos

El abuso sexual y en esto incluyo desde insinuaciones y piropos vulgares, hasta meter las manos en la masa, es un ataque a todas las mujeres (desde luego los hombres no estamos exentos pero es menos frecuente).

En toda mi vida he sabido dónde estoy parado en el trato con las mujeres, en primer lugar porque me lo enseñó mi madre y me lo insistió mi padre. He estado rodeado de mujeres desde mi nacimiento hasta mi senescencia, madre y hermanas y luego esposa, hijas y nietas.

La vida me ha mostrado que pese a que las mujeres son mucho más fuertes que los hombres, en nuestra cultura machista están en desventaja indiscutible, se les hacen sugerencias, proposiciones y al final muchos pasan a los toqueteos.

Nunca olvidaré un colega a quien le llamaban “retoques”, porque tocaba todo lo que podía, pese a ser mucho mayor que yo, una vez tuve que sacarlo de una operación de columna, me estaba ayudando y había llevado una estudiante de medicina sin mi autorización, en media operación me estaba maltratando los elementos neurales por toquetear a la estudiante “disimuladamente” con el codo, la instrumentista me lo dijo y le pedí abandonar la sala de operaciones ipso facto, ahí terminó la amistad para siempre.

Eso, aunque fue hace más de treinta años y aparentemente la estudiante aceptaba esos actos, me pareció un irrespeto absoluto para con la medicina como ciencia y arte. Dichosamente y por la lucha de muchas mujeres y algunos hombres, se ha ido obligando a no cometer acoso sexual en ningún lugar ni circunstancia.

¿Por qué digo esto? Porque me molestó la acusación que se le hace al ex presidente Arias, si es mentira será por el daño moral a su persona y si es verdad por el daño moral a todo el país.

No comentaré si la acusación debió o no hacerse en su momento, no, yo mismo aguanté matonadas de jefes médicos que en ese momento no pude denunciar, después algunos de esos casos los llevé al reclamo hombre a hombre, pero solo cuando salí de las manos del poder.

Este caso está estremeciendo los medios de comunicación mundiales, por supuesto en detrimento de la figura de Arias, por otro lado se demuestra al mundo que aquí en el “país del pura vida”, nadie queda exento de ser acusado; en esto es un acto insólito para un país latinoamericano tercermundista.

Me causó dolor la noticia, a la que no doy crédito ni le niego credibilidad, don Óscar aclarará las cosas desde su punto de vista y la doctora lo hará desde el de ella. Esta situación me recordó lo que le sucedió a dos colegas míos, uno acusado de meter la secretaría a un motel (por parte de unos colegas que lo querían lejos del poder), por fin se pudo aclarar y quedó en casa el escándalo.

El otro fue un excelente cirujano y amigo, acusado de tocar una paciente, lo que me llamó la atención pues lo conocí muy bien para creer eso, no obstante la acusación fue suficiente para causarle una depresión de la que no salió nunca y murió muy pronto, después la madre de la paciente dijo que había sido una mentira de la hija.

Estas y muchas razones más me tienen escribiendo este artículo, si es necesaria la igualdad de género en todo aspecto, también podemos estar ante una cacería de brujas: Las Brujas de Salem; sería lo peor que puede sucedernos como país.

Cualquiera debería pensar muy bien que los actos en contra del pudor son hechos punibles, también que el falso testimonio es un delito grave contra la honra que no se repara jamás, es peor que un chisme.

Lo que hemos perdido en Costa Rica es la vergüenza, nos hemos acostumbrado a que todo se puede, todo es válido, y esto no es así. Como sociedad hemos repudiado las buenas costumbres por comodidad.

Sea cual sea el resultado de este caso, será doloroso porque es intrínsecamente álgido para ambas partes y no habrá ganador porque en estas diatribas nadie gana.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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1 COMENTARIO

  1. «..no habrá ganador…», esta frase no necesariamente es cierta. Ver cómo se ventila el problema del abuso, que inicia algunas veces con hostigación, oir la voz que ha estado muda por mucho tiempo es una enorme ganancia. La sociedad costarricense ha ganado con este grito de auxilio e indudablemente marca un antes y un después. Como padre de mujeres, agradezco la valentía ejemplificada por la denunciante y por aquellas otras que se reivindican ante si y también elevan su voz. Ustedes son importantes para esta sociedad

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