jueves 30, junio 2022
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Porfirio Díaz: revisionismo histórico de México

Es interesante cuando se trata de revisar la historia de un país, pues usualmente la historia la escriben los vencedores. En nuestro caso particular, Costa Rica, tenemos aún mucho que despejar sobre la realidad real de don Juanito Mora, el general Guardia, Rafael Yglesias, los Tinoco etc, mucho se ha escrito, pero con frecuencia se ha hecho desde dos puntos de vista radicales: en contra o a favor, tendremos que esperar la llegada de un historiador imparcial.

Hoy quiero referirme a Porfirio Díaz quien por cerca de tres décadas gobernó Mexico (1884-1911), dando lugar a lo que sus adversarios llamarían “porfiriato”, un militar y político en quien se encarna perfectamente al patriarca de Gabriel García Márquez, omnipresente, omnipotente y omnisciente, sempiterno presidente del Mexico prerevolucionario, de cuya caída surgiría abiertamente la desconformidad y la Revolución sangrienta (el prototipo del Caudillo latinoamericano que aún hoy seguimos soportando).

Hace poco más casi cinco décadas, cuando yo estudiaba en ese país, el PRI era el amo y señor de todo el país públicamente, aunque los grandes gamonales nunca se doblegaron y solo se acomodaban por cálculo político. Era un país relativamente tranquilo, aún no hacía aparición pública el narcotráfico, aunque ya existía, las luchas eran entre pandillas estudiantiles armadas por la derecha y por la izquierda, el ejército manejaba las situaciones más álgidas porque tenía un poder superior. Esta realidad comenzó a cambiar con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, un joven político del PRI muy prometedor. Algo se rompió y empezó el declive del partido que ejercía una verdadera “dictadura de partido” (sic), aunque como efecto colateral había jugado un papel innegable en la pacificación del país después de la revolución.

Luego llegó al poder el PAN, un partido conservador que había sido la única oposición al PRI, pero que no lograba encarnar la fuerza nacional. Una vez en el poder Vicente Fox y luego Felipe Calderón le darían importancia a la oposición abierta y libre, ya el PRI mostraba su enorme desmembramiento y luego lo demás fue simple y llanamente un cambio de ruta.

Hace tres años, en un viaje a Ciudad de México, dedicado a conocer a fondo lo que solo había visto de paso casi cinco décadas atrás, me interesó mucho ver cómo había edificios que fueron construidos durante los treinta años de Porfirio Díaz, en el lobby de Bellas Artes, reflexioné en qué tipo de dictador había mandado construir este afrancesado edificio. Comencé a leer acerca de él, pero solamente encontraba contradicciones, regresé poco después y continué viendo, leyendo, preguntando a la gente de mi edad sus opiniones etc.

Ahora he regresado y si, de lleno me cargué de literatura sobre Porfirio Díaz y su época. Hay de hecho un “neoporfiriato”, la mayoría escribe ya libre del poder centrífugo del PRI, con soltura, unos demasiado plegados a la figura del militar, otros aún enquistados en el recuerdo amargo de la dictadura. Yo encuentro mucho más libertad en los ciudadanos, se atreven a decir y comentar lo que antes callaban por la represión de los gobiernos priístas(esa represión usualmente era discreta pero era represión). Funcionaba cuando yo estudiaba, un remedo de inquisición y muchos libros estaban prohibidos (vg. Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis), otros sencillamente no se conseguían, como gran paradoja se vendían libros prohibidos aquí, como el “Libro Rojo” de Mao, y mucha literatura trotzkista, pero nada de libros que violentaran la enseñanza de la historia oficial, la del PRI, era como si se quisiera hacer creer que el mundo empezó con este partido. Yo leí “Los Hijos de Sánchez”, que conseguí en una librería de pueblo en mi servicio social, lo andaba en mi trabajo hasta que un mexicano amigo me advirtió que lo escondiera porque era prohibido: ese libro, trabajo sociológico de Oscar Lewis sobre el mexicano de Ciudad de México (Oscar Lewis vivió entre las clases más humildes del México citadino, entre ellos, con ellos y supo leer su alma a fondo) describía a cabalidad la personalidad de las mayorías. En mi casa lo han leído todos, y algunas veces lo aplicamos a otros grupos de población de cualquier país latinoamericano, en chanza. Debería ser de lectura obligatoria en secundaria en toda la América Latina.

Pues bueno, hoy por hoy el pueblo mexicano está decidido a hurgar en las raíces de su pasado sin miedo.

Efectivamente, la época en que gobernó Porfirio Díaz, o don Porfirio, fue de florecimiento económico y cultural de todo México, las grandes obras nacionales de infraestructura fueron creadas durante sus treinta años. Hubo una especie de “europeización” de México, que elevó al país a niveles no conocidos antes, ¿el precio? Fue pagado con la libertad coartada, y con intereses (“mátamelos en caliente”, frase célebre de don Porfirio), pero paralelamente dio el caldo de cultivo ideal para la Revolución Mexicana y los grandes dolores a la mayoría de los mexicanos e incubó el germen para la “Guerra Cristera” de Jalisco, Guanajuato y Michoacán años después y que sería el último movimiento armado de México. Fue muy encarnizada y de la que aún no sabemos muchos por estos lares.

Ahora, con este revisionismo histórico, se está sacando a la luz la verdad real, no solo la historia oficial manejada por años mediante propaganda priísta con un libro de lectura obligatoria: México Bárbaro, que de paso vale la pena leerlo, pero hay que verlo como lo que es, un libro de propaganda anti porfirista.

Muy frecuentemente se tilda a México de ser un país nacionalista, ¿cuál no lo es?, la verdad es que los mexicanos son un pueblo muy acogedor y muy agradable, que se ríe de sí mismo, se burla de su propio destino y realidades, es un país grandioso y de contrastes increíbles, basta estar unas horas en “La Plaza de las Tres Culturas” para comprender un poco.

Dentro de la literatura que leí en ese contexto, una específicamente muy especializada en tres tomos (me tomó mucho tiempo conseguir los tres volúmenes), con un único problema: escrita por un tataranieto de don Porfirio, un hombre brillante, pero por supuesto que en su afán de desenterrar a su antepasado, frecuentemente se va al extremo. Los restos del Caudillo aún descansan(¡si lo hacen!) en París, No ha sido posible su exhumación y traslado a su patria y menos aún lograr un funeral de estado, pero no veo muy lejano ese día, a cómo va este revisionismo.

¿Acaso no deberíamos los costarricenses hacer un revisionismo histórico de los últimos ciento treinta años? Muchos ídolos caerían, más debemos aplicar la frase célebre de Nietzsche : “no hay que temer que las estatuas en nuestros maestros caigan sobre nuestras cabezas”.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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