martes 27, septiembre 2022
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No se debe minimizar a unos para maximizar a otros

Esto lo escribo con la esperanza de que los miembros o jefes del TSE, lo lean y quizá se les abra la mente. Recuerdo cuando los pasaportes eran casi un cuaderno de vida, con todo tipo de datos, muchas veces esos datos provocaron problemas a sus portadores: sus dueños. Contaré un caso de un amigo, ya él pasó a otra dimensión, lo conocí en un hospital y nos hicimos muy amigos.

Me contó que él comenzó a estudiar medicina en la Rusia Soviética, durante los años duros del Politburó, en tercer año, durante la guerra de los seis días en Israel, una tía le escribió. Su sorpresa fue que al regresar de la universidad se encontró con agentes de la KGB, habían esculcado su apartamento, le encontraron una pistola calibre .22 que había llevado desde Costa Rica, lo tuvieron una semana preso interrogándolo, el peor problema no era la pistolita, sino que en su pasaporte costarricense decía “Religión: Judía”, eso hizo que lo expulsaran de la universidad Patricio Lumumba sin derecho a nada, recordemos que los comunistas rusos estaban contra el estado de Israel. Se fue a Bolonia donde gracias a un amigo le enviaron los créditos de los tres primeros años y pudo continuar su carrera de medicina en esa universidad italiana, donde se graduó.

Ese ejemplo sirve de ilustración, que no debe ponerse en los documentos de identidad la religión ni la ocupación, esta última porque mucha gente inescrupulosa se ponía “médico” o “abogado” en su cédula y con eso cometían fraudes.

Me parece que la cédula no debería llevar el nombre de la madre y el padre, ¿para que? ¿Y los hijos no reconocidos? ¿Qué se frieguen? Respecto al SEXO, si bien entiendo la idea de no ponerlo, debido a la brillante idea de Luis Guillermo con su combo de pedir a la CIDH se pronunciase sobre el matrimonio “MISMOSEXUAL”, lo que la CIDH hizo tan bien que casi queda de presidente un fundamentalista, pues llegó a opacar a los partidos PLN y PUSC, desde luego la idea era que ganase el PAC.

Regresando al tema, por complacer a la CIDH, nos quitan ese derecho a los que no somos LGBTI, entonces yo lo veo como una manera de discriminar a quienes somos heterosexuales. No me importa qué inclinación sexual tienen los demás, es personal y mientras me respeten me importa un bledo, pero me parece que no podemos discriminar a las mayorías para apoyar a las minorías.

Una decisión “SALOMÓNICA” sería dejarlo opcional, quien quiere que se lo pongan que lo hagan, y quien no quiere no. A mi me importa menos que nada que me lo pongan o quiten, YO sé QUÉ soy, no tengo problema de identidad, no tengo que reafirmarme en una palabra para saberlo, sencillamente lo soy y lo sé muy bien, no obstante mucha gente tiene derecho a tenerlo si así lo desea.

¿Entonces por qué razón el TSE no deja la opción abierta? Creo que hasta por honor, debería hacerlo, no por quedar bien con unos y otros, no es un concurso de simpatía, sino por respeto a ambos bandos.

Irrespetar a las mayorías por respeto a las minorías, es no respetar a nadie, es una burla chusca y vulgar. ¿Les da miedo que la CIDH los regañe? No creo que ese organismo tenga algún valor frente a una democracia como la nuestra.

Apelo al sentido de derecho de muchos magistrados de esa institución, que definan claro qué es un derecho tan grande el no tenerlo explícito, como derecho es tenerlo explícito.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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