sábado 2, julio 2022
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La república azucarera de Costa Rica

Resumen del trabajo de investigación LAS ALIANZAS DEL AZÚCAR Y LA POLÍTICA: APUNTES PARA LA COMPRENSIÓN HISTÓRICA DE LA ÉLITE AZUCARERA EN COSTA RICA (1950-2010). Documento visible en: Las familias del poder en Costa Rica. Autor: Jorge Marchena Sanabria. Costarricense. Máster en Historia Aplicada con énfasis en Historia del Poder y Control Social de la Universidad Nacional. Docente de la Sede de Occidente e Investigador del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica.

Colaboración de Gadi Amit, dirigente de la organización ecologista Confraternidad Guanacasteca.

Resumen

En este artículo se analizan los nexos políticos-empresariales que se han constituido entre los ingenios azucareros guanacastecos y el Estado costarricense. El objetivo principal consiste en explicar el proceso por el cual sus dueños –las familias Arias, Sánchez, Jenkins y Dobles, para citar las principales– habían colocado a sus miembros en posiciones centrales dentro del Partido Liberación Nacional y la política costarricense; además de analizar el papel de poderosos grupos mediáticos, empresariales y políticos de la región. La metodología básicamente consistió en una reconstrucción histórica de los orígenes, propietarios, accionistas y vínculos políticos de cada una de las empresas estudiadas.

Los Arias

Muchos costarricenses conocen que la familia Sánchez es propietaria del Ingenio Taboga, que posee una fortuna considerable y que ha estado fuertemente asociada a la política nacional.

Poco se dice de las conexiones empresariales y redes de poder que han tejido las familias Arias y Sánchez, así como sus aliados Jenkins, Jiménez y otros, en su afán de posicionar sus negocios de la mejor manera y acumular mayor poder e injerencia política.

Para ello, se recurrió a un marco teórico afín a los estudios del poder, con enfoque en la idea de que estos eran grupos o élites de nivel provincial, los cuales fortalecieron sus posiciones económicas y gradualmente incursionaron en el mundo político, a través de conspicuas alianzas con otras facciones tanto nacionales como centroamericanas.

Antes de ahondar en la temática, se debe explicar el funcionamiento general del negocio cañero y sus principales productos, como el azúcar blanco centrifugado, que tiene dos grandes destinatarios: el uso industrial (empleado en confites, galletas, repostería, bebidas, aderezos, entre otros) y el consumo diario. A estos se agregan la fabricación de melaza para los alcoholes, el etanol y el bagazo para la producción eléctrica entre los usos más importantes en Costa Rica (Subirós, 2000).

Los cuatro ingenios de la cuenca del Tempisque, Taboga, El Viejo, Central Azucarera del Tempisque S.A. y El Palmar producen hasta el 65 por ciento de la caña nacional (Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar, 2012).

El gremio mantiene el monopolio absoluto en Costa Rica a través de la Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA), … han perdurado férreos controles estatales contra la importación de azúcares y afines. También, beneficios en exención arancelaria para la importación de maquinaria agroindustrial, apoyo crediticio del Sistema Bancario Nacional, la construcción de un muelle exclusivo para la exportación azucarera (Punta Morales en Puntarenas) y un sitial de honor en la discusión de los tratados de libre comercio. TLC.

El gremio nacional reporta ganancias cercanas a los $200 millones procedentes del azúcar, alcohol y melaza (Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar, 2012).

Para asegurar el apoyo del aparato estatal, se han construido redes de poder entre el empresariado y los partidos políticos, especialmente Liberación Nacional.

El VIEJO – sus relaciones con latifundistas, dictadores y azucareros

Rápidamente, se puede anotar que en la época colonial, la Hacienda El Viejo fue una cofradía, tras la Independencia en 1821 continuó con dicho estatus y en 1846, fue expropiada por el Gobierno.

Entre sus dueños aparecen apellidos conocidos: los Pinto, Wilson, Federspiel, los Somoza de Nicaragua, Picado, casi todos opositores al PLN.

La hacienda tuvo un viraje en 1974, cuando fue adquirida por Álvaro Jenkins Morales, un hombre nacido en Alajuela en 1923. Jenkins se formó como ingeniero mecánico y a partir de 1958 trabajó para el Ingenio Taboga, además de ser uno de sus accionistas.

En Taboga ocupó los cargos de gerente y presidente hasta su salida en 1977, incluso representó a Taboga y a  LAICA durante la discusión de la reforma a la Ley de la Caña en 1971.

Fue nombrado como Ministro de Obras Públicas y Transportes durante la administración de su gran amigo Daniel Oduber y representante personal de este en CODESA. En esta función fue el arquitecto de lo que sería la Central Azucarera del Tempisque S.A. (CATSA). Entre 1978 y 1981, fue diputado liberacionista.

Jenkins adquirió el ingenio gracias a préstamos con el Banco Nacional; y desplazó a casi todos los accionistas anteriores, Somoza calladamente renunció como presidente de El Viejo en agosto de 1978”.

Jenkins, con el favor del PLN, elevó el nivel del ingenio y ya para finales de los años ochenta, éste se encontraba bien posicionado entre los cuatro grandes del gremio. Tras su renuncia al Congreso, Jenkins Morales únicamente conquistó cargos dentro de la Junta Directiva de LAICA, mientras que su hijo José Álvaro Jenkins Rodríguez ocupó importantes puestos dentro del Banco Nacional, en donde se desempeñó como vice y como presidente, lo cual abandonó en 2010.

La familia Jenkins también se destacó como uno de los principales grupos donantes a la campaña de Arias para las elecciones del 2006, y junto con los otros ingenios guanacastecos apoyaron el Tratado de Libre Comercio.

La gran familia Taboga: poder corporativo y político

De los grandes ingenios de la zona Guanacaste, el que mayor incidencia política ha presentado es el Ingenio Taboga. Detrás de esta agroindustria se halla el poder de una de las familias de élite más importantes de toda Costa Rica y de la región, los Sánchez de San Francisco de Heredia.

Operaron como un consorcio de empresas familiares, con inversiones en café, ganado y posteriormente en caña de azúcar, mientras que en el presente, la diversificación ha sido aún mayor y sus intereses, además de la agroindustria, se extienden a los bienes raíces y a las entidades financieras, así como otra amplia gama de actividades.

Los hermanos Sánchez Cortés fueron miembros de la Junta Directiva de Taboga y controlaban la empresa ganadera nacional.

Esta familia ha integrado un masivo consorcio de empresas. Entre las principales que se han podido rastrear en el Registro Nacional, están las siguientes, incluyendo sus propósitos y algunos miembros:

–  Central Azucarera El Palmar (1958): Liderada por la familia Dobles Sánchez, surgida de la unión entre Trina Sánchez Cortés y el escritor herediano Luis Dobles Segreda.

–  Julio Sánchez y Hermanos, Sociedad Ganadera La Emilia (1966): Dedicada a la ganadería, el agro y el comercio. Entre sus accionistas se encuentran los Sánchez Cortés e incluso Oscar Arias Sánchez como secretario.

–  Cafetalera San Francisco Ltda. (1967): Explotación de fincas cafetaleras; constituida por Lillyam Sánchez Cortés, Juan Rafael Arias Trejos y sus hijos Oscar, Cecilia y Rodrigo Arias Sánchez.

Central Azucarera de Taboga S.A. (1972): Operación de un ingenio, compra, siembra y procesamiento de caña, elaboración y mercadeo de azúcar. Es notorio que esta empresa reúne a varios vástagos del matrimonio Sánchez-Cortés, y también la rama Sánchez Gómez, los Arias Sánchez y a Jenkins Morales.

– Ingenio Taboga S.A. (1974): Operación de un ingenio, compra, siembra y procesamiento de caña, elaboración y mercadeo de azúcar, mieles y otros productos derivados de la caña de azúcar. Esta entidad también incluía a Jenkins Morales, así como a Alfonso Robelo Callejas, Rodrigo Arias Sánchez, Fernando Sánchez Gómez, Carlos Borgonovo Pohl, Mario Hoffmaister Torres, José Lara Tomas, Julio Sánchez Cortés, Francisco Llobet Rodríguez, entre otros.

Ganadera La Emilia Sociedad Anónima: Ganadería y afines. Conformada por los Sánchez Gómez, los Arias Sánchez y los Sánchez Benavides.

– Cañera La Emilia S.A. (1983): Toda clase de actividades agrícolas, ganaderas y comerciales, especialmente el cultivo de caña de azúcar y otros. Dirigida por los Sánchez Marín, los Sánchez Gómez, los Arias Sánchez, los Sánchez Benavides, entre otros.

– Destilería Taboga S.A. (1987): Producción de alcohol etílico, así como subproductos derivados.

Tres de los cuatro grandes ingenios costarricenses están en manos de las familias Sánchez y Jenkins, las cuales de forma indirecta ayudaron a crear CATSA. Este conglomerado empresarial le ha permitido al grupo Taboga controlar casi todos los aspectos relacionados con la caña, manejar las tierras donde se cultiva la materia prima, el ingenio; influir en la destilería y, de seguro, mantener fuertes contactos con empresas comercializadoras de maquinaria, fertilizantes y otros insumos agrícolas. Igualmente, es conocido que los Sánchez también tienen nexos con otras firmas surgidas en las últimas tres décadas como el Grupo SAMA y el Adral S.A., ambas dedicadas al comercio y las finanzas en general.

Cabe agregar que Cecilia Arias Sánchez y SAMA Valores S.A. aparecen registradas como accionistas del Grupo Nación, lo que consolida su influencia en los medios de comunicación más prestigiosos del país.

En el presente concentran sus esfuerzos en diversificar sus empresas, incluyendo centros comerciales y residenciales en la provincia de Heredia.

Analizada en su conjunto, esta familia herediana cumple el rol de una élite económica y adquiere un rol “activo” cuando requiere promover sus intereses en la política nacional.

LA POLITICA

Los hijos varones del matrimonio Arias – Sánchez demostraron ser la mejor opción para irrumpir en la arena política.

El primogénito: Óscar Arias Sánchez, nacido en 1940. A la joven edad de 20 años, ya se había integrado a las filas liberacionistas.

Óscar también se unió a los negocios familiares, pero pronto se demostró que las cualidades empresariales recaían en su hermano Rodrigo, nacido en 1946.

Para la década de los ochenta, el objetivo de los hermanos era que Óscar alcanzara, primero la candidatura, y luego la Presidencia de la República.

Carlos Manuel Castillo Morales era el preferido Liberacionista, Sin embargo, Castillo no pudo frenar el apogeo del arismo y los viejos padres del PLN no atinaron más que a brindar su apoyo a la candidatura de Óscar Arias,

Algunos miembros del partido advirtieron que los medios de comunicación y los grandes potentados de la “oligarquía” pretendían imponer a Arias como candidato.

Por otra parte, Rodrigo Arias fue electo como diputado, aunque en la práctica más bien se desempeñó como ministro de la Presidencia.

Durante esta administración, Óscar apoyó resueltamente la cooperativización de CATSA y se fundó la Destilería Taboga S.A.; durante su mandato también se daría un gran empuje al desarrollo de un plan agrícola que benefició la expansión de la caña en Guanacaste.

Tras su aclamado galardón Nobel, Óscar Arias prosiguió una carrera intelectual en foros internacionales.

Mientras su hermano, Rodrigo, continuó al mando de Taboga y desempeñó un rol vital dentro del sector azucarero, papel que había ejecutado desde principios de la década de los setenta, al ocupar posiciones claves tales como: director de la Cámara Nacional de

Azucareros en 1973, presidente del Ingenio Taboga, S.A.; director propietario de la Junta Directiva de LAICA  y presidente de la Cámara Nacional de Azucareros,  entre otros puestos.

También fue fundador, fiscal, asesor, director y presidente de la Bolsa Nacional de Valores en los periodos 1977-1985 y 1997-2003.

Más allá de la crítica puntual, de muchas maneras se evidenciaba el verdadero conflicto interno que acaecía en Liberación Nacional; era claro que el arismo había dominado a sus opositores internos.

En el PLN tras sucesivas derrotas en el plano político, Monge fue incapaz de imponer su hegemonía sobre el partido, una vez acaecida la muerte de Daniel Oduber Quirós, la disputa resultó mucho más evidente. En las elecciones venideras, únicamente José María Figueres Olsen logró alcanzar la presidencia bajo el estandarte verdiblanco.

De todos modos, era claro que la familia Sánchez no se encontraba tan alejada de la política como algunos presuponían, más bien vigilaba atenta los conflictos internos y esperaba el momento o los mecanismos idóneos para retornar al poder.

El Pacto Figueres-Calderón, una nueva oleada de reformas neoliberales tendientes a disminuir el aparato estatal, impulsar la aprobación del Programa de Ajuste Estructural III y, más tarde, durante la administración de Rodríguez Echeverría, apoyar el proyecto  Combo ICE”, el cual pretendía la apertura comercial en telecomunicaciones, un proyecto auspiciado tanto por el PUSC como por el PLN.

Entre el 2003 y el 2005 negoció y firmó el proyecto del Tratado de Libre Comercio, el cual chocó con una fuerte oposición que condujo a la polarización de la población, dividida entre sus defensores y acérrimos detractores.

Eso ocurría en el escenario principal, tras bambalinas otras eran las discusiones y las decisiones que se tomaban.

En las siguientes elecciones, programadas para el 2006, era casi un hecho que el candidato designado por el liberacionismo sería Antonio Álvarez Desanti, que no era considerado como la pieza idónea para restablecer la fortaleza del PLN.

La Nación venía publicando encuestas en las que Arias figuraba como el político más popular de Costa Rica, con mejor preparación y con la capacidad de tomar las decisiones que el país exigía. Sin duda, el citado diario estaba preparando la campaña de Arias y lo mostraba de una forma casi mesiánica ante la ciudadanía (Matute, 1998).

Acto seguido, el mismo rotativo insistió en una campaña mediática, en la cual, a través de más encuestas, aseguraba que la mayor parte de la población estaba de acuerdo con la reelección.

Ante un panorama tan promisorio, Arias decidió mostrar su caso a las autoridades. El primer mecanismo empleado para este fin radicó en un recurso de inconstitucionalidad en setiembre de 1999 ante la Sala IV. El cual argumentaba que la decisión sobre la reelección, presentaba ciertos fallos constitucionales y, ante todo, violaba los derechos humanos del ciudadano. Pese a esto la Sala, presidida por Rodolfo Piza, desechó la petición en setiembre del 2000 y con ello la reelección lucía imposible.

Sin embargo, el verdadero empuje a las intenciones de los Arias no provenía de meras encuestas, más bien se sustentaba en el aparente apoyo de las demás fuerzas políticas del país, especialmente de Figueres Olsen, Calderón Fournier y Rodríguez Echeverría, quienes comenzaron a reunirse con los hermanos Arias para llegar a un consenso en torno a la reelección. Algunos pormenores de estas citas fueron narrados por el mismo Óscar Arias:

“En realidad, en estas primeras reuniones, la figura que más destacaba era la de Rodolfo Jiménez Borbón, connotado empresario hijo de Manuel Jiménez de la Guardia y considerado uno de los hombres más poderosos de la Costa Rica contemporánea, principalmente por su importante emporio económico y mediático.  La fortuna sonrió con creces a esta familia y a finales de la década de 1940, adquirió la Hacienda Juan Viñas en Cartago, una de las principales productoras de azúcar (con la marca del mismo nombre) y luego, de la mano de Jiménez de la Guardia, compraron en el mismo periodo, el diario La Nación. Actualmente Jiménez Borbón mantiene el legado familiar y figura como uno de los principales accionistas y presidente de la Florida Ice and Farm Company (FIFCO), la “Cervecería Costa Rica”).”

Las reuniones entre los principales dirigentes políticos del país y Jiménez Borbón acaecieron, pero siempre en un entorno marcadamente privado. Alguna de estas citas tuvo lugar en la casa del citado empresario.

José Miguel Corrales en aquellos años era precandidato y públicamente mantuvo profundas diferencias con las ambiciones de Óscar Arias, brindó su perspectiva acerca de estos encuentros, así como del supuesto origen de las mismas. Incluso, sus palabras siguen prestándose al debate:

Don Rodrigo Arias visitó la Casa Presidencial para pedirle a don Miguel Ángel que el azúcar no figurase en el Tratado de Libre Comercio con Chile. Y, de esta conversación, surgió la oportunidad de hacer una exclusiva reunión en la residencia de don Rodolfo Jiménez Borbón, cuyos intereses, también azucareros, se centralizan en Juan Viñas, como es de dominio público. La cita se amplió a Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Ángel Calderón, José María Figueres, Óscar Arias y su hermano, amén del anfitrión, don Rodolfo. Y tras el asunto del azúcar, que no a todos involucra, se profundizó en la política. Para ellos, ningún precandidato es fiable para sus intereses.

Aprovechando los índices de los sondeos, el hombre de confianza, de garantía, era Óscar Arias. Estuvieron de acuerdo. Y tan conformes que se produjo, ipso facto, el maná costoso de una campaña millonaria (“Reelección empezó con el azúcar…”, 2001: 3).

El delicado consenso surgido de estos cruces de opinión estableció que el plan de acción era simple: reactivar la reelección presidencial y que los viejos cabecillas volvieran a tomar las riendas del descarriado país.

Originalmente, la querella sería solucionada en el Congreso; para ello, la totalidad de los diputados del PLN, más los que hicieran falta del PUSC, reformarían la Constitución (acción que exigía 38 votos de 57).

Eso no se consiguió.

En ese momento los grupos económicos más poderosos de Costa Rica, entre los que se encontraban las familias Jiménez y Sánchez, estaban a la expectativa del TLC, el cual se negociaría; ambas representaban a su vez a dos poderosos grupos cañeros, que a pesar de algunas diferencias previas, en ese nuevo contexto, presentaban intereses comunes.

Para llenar el vacío, sin perder el control, surgió la presidencia de Abel Pacheco, cuya campaña, fue financiada ampliamente por Jiménez Borbón.

El empresario, llamado a declarar ante la Asamblea Legislativa: “algunos ciudadanos amigos de don Abel decidimos trabajar, fuera del partido, solicitando donaciones para impulsar, la candidatura’, leyó Jiménez en su declaración inicial. Jiménez, accionista de La Nación y de la Cervecería Costa Rica, entre otras compañías, detalló sus donaciones personales a la campaña de Pacheco: un cheque personal de ¢10 millones y dos cheques cada uno por ¢5 millones– girados por dos de sus empresas a favor de Pacheco, así como dos cheques por $5.000 para el PUSC. Además de sus aportes personales, Rodolfo Jiménez leyó una lista de donaciones recaudadas por él a favor de Pacheco por cerca de $149.000. Entre los donantes citó a los empresarios André Garnier, Eduardo Uribe y Carlos Montealegre; al Banco Banex y a la compañía Beneficios Volcafé (Segnini, Rivera y Herrera, 2003: s. p.).

Finalmente se dio un cambio de magistrados en la Sala Constitucional, momento oportuno para la presentación de un nuevo recurso, dado que el grueso de los que antes habían votado en contra de la opción para ese momento ya se habían retirado.

Fue entonces cuando en abril de 2003 una mayoría dio luz verde a la añorada petitoria. Pasaría poco tiempo para que una nueva controversia se desatara, cuando los expresidentes (tres de los cuatro que estuvieron presentes en las reuniones con Jiménez) fueron acusados de corrupción y otros delitos asociados con abusos en sus funciones públicas. De inmediato se dio una inmisericorde campaña mediática que censuró a los políticos y dio larga cobertura a los arrestos de Calderón Fournier y Rodríguez Echeverría; en tanto, censuraba el exilio en Suiza de Figueres Olsen.

Con las acusaciones que pesaban sobre los demás exmandatarios, el terreno estaba preparado para la nueva escalada de Arias hacia la silla presidencial.

En este contexto, La aprobación del TLC era imposible durante el periodo 2002-2006. Se hacía necesario contar con una fuerza de diputados comprometidos con esa línea.

Toda la batería política y recursos económicos de sus correligionarios, del gremio azucarero y de otros grupos empresariales interesados, incluso de orden transnacional, se pusieron a disposición de la campaña del PLN.

Así pues, los hermanos Arias contaron con muchos factores a su favor, una vez alcanzada la presidencia. Llegaron acompañados de una bancada parlamentaria de 25 diputados fieles a su causa.

Era evidente que con su triunfo, los cañeros estaban cerca de finiquitar el TLC y con ello asegurarse una importante cuota en el mercado estadounidense.

Su trabajo radicaba en cumplir las alianzas establecidas con ciertos grupos de la política.

Aún más, con su triunfo, su hermano Rodrigo, altamente capacitado en asuntos políticos y empresariales, pero con menor proyección pública, cumpliría el rol que le asignaron, sin duda su familia y corporaciones afines: la de optimizar sus negocios.

En el 2006, Óscar Arias trató de presentar como sus credenciales máximos el Premio Nobel de la Paz y su labor como conferencista internacional. En la práctica quedó claro que era un empresario con infinidad de inversiones e intereses en distintos negocios. En su declaración jurada de bienes ante la Contraloría, precisó:

“Como parte de su capital, Óscar Arias Sánchez posee el 14,75% del capital social del Grupo Consolidado SAMA, “compañía dedicada a la intermediación bursátil”. Igual declara que tiene el 100% del capital social de la Corporación ADRAL S.A., dueña de un porcentaje de los activos del Ingenio Taboga (3,22%), Inversiones La Lillyana S.A. (33,33%), Montarás del Norte S.A. (33,33%), Futuros ORAS S.A. (50%), Tenedora G.S.A (8,11%) y Corporación Pipasa (6,26%). De Corporación ADRAL S.A., también es propietario de dos terrenos en La Cruz, Guanacaste… “(Pérez, 2005: s. p.).

Entre los familiares con acción política, está Fernando Sánchez Campos fue diputado, luego protagonizó un gran escándalo al lado del vicepresidente Kevin Casas Zamora, cuando trascendió públicamente la autoría de un correo electrónico que invitaba a defender el CAFTA con todo tipo de estratagemas. El escrito conocido como Memorándum del miedo.

Casas renunció a su puesto. Por el contrario, Fernando Sánchez se mantuvo como diputado. A partir del 2010, fue designado como embajador ante el Vaticano.

Otro familiar que formó parte del Gobierno, fue el exministro de ambiente, Roberto Dobles Mora, hijo de Manuel Dobles Sánchez y nieto del ilustre escritor Luis Dobles Segreda (esposo de Trina Sánchez Cortés). La ignominia también sacudió a Dobles, pues se reveló que había firmado una concesión minera a la empresa Agricultura Mecanizada Chapernal, cuyo vicepresidente era su tío Jorge

Dobles Sánchez, quien a su vez era primo de los hermanos Arias. Adicionalmente, la citada compañía figuraba como accionista del ingenio El Palmar, el cuarto más grande del país.

CONCLUSIONES

Es importante destacar que los cuatro ingenios del Pacífico seco pertenecen o han sido fundados por un conglomerado empresarial encabezado por dos familias, los Sánchez y los Jenkins. Del mismo modo, ambos se han nutrido de la colaboración y transferencia de conocimientos de la industria azucarera cubana, Robelo (nicaragüense) y Borgonovo (salvadoreño) en Taboga y por supuesto, el más controvertido y el que más crónicas ha suscitado, es el de Somoza y sus amistades con El Viejo.

Con esto se quiere reafirmar que los nexos políticos y empresariales van más allá de nuestras fronteras y los procesos exógenos como guerras civiles, golpes de Estado o la conformación de élites centroamericanas, tienen un profundo eco dentro del sector cañero costarricense y empresarial en general.

Es evidente que la burguesía se encuentra asociada a grupos transfronterizos, pero no exclusivamente como “socios menores”. Cada vez ha cobrado más fuerza el argumento de que las élites son entreguistas y sometidas al capital e intereses foráneos.

Esta idea es respetable, pero discrepamos al menos en el caso del sector cañero, considerando que simplifica mucho los fines de las élites, no solo la cañera, sino la empresarial en general. Estas fracciones dominantes no están atadas a una noción clásica de nación o nacionalismo, las fronteras no les importan y, ante todo, priman las posibilidades de ganancias, así como las alianzas establecidas con los cañeros del istmo. De ahí que para dichos empresarios sea más valioso el crecimiento del sector que los intereses locales; incluso, se podría agregar que no se trata de “vender” a un determinado país, lo que se busca es usufructuarlo al aumentar las riquezas personales, por eso cabe recordar que es una lucha de élites y algunas tienen mucho que perder o ganar.

(*) Jorge Marchena Sanabria. Costarricense. Máster en Historia Aplicada con énfasis en Historia del Poder y Control Social de la Universidad Nacional. Docente de la Sede de Occidente e Investigador del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica.

Investigación con base a documentos públicos y testimonios de los implicados.jorge.marchena@ucr.ac.cr

(**) Gadi Amit, autor del resumen es dirigente de la organización ecologista Confraternidad Guanacasteca

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3 COMENTARIOS

  1. Miramar de Punterenas, Cañas, Liberia, Carrillo , Santa Cruz como directos y muchos cantones indirectamente hemos crecido por esta industrial Azucarera. Somos miles de familias que esperamos la zafra para hacer nuestras mejoras en hogares. Gracias a estas empresas que creen en nosotros y están en nuestra provincia.

  2. Una historia muy interesante y así es como se hilan y crecen los negocios en el mundo. Creo q mas q una publicación productiva es una publicación ponzoñosa. Pues en ningún lugar se habla de la caridad de trabajo y mantenimiento de familias han dado estas empresaa. Tampoco hablan del apoyo al crecimiento a comunidades vecinas al centro de operaciones de cada empresa. Es muy lamentable ver como se dispara sin mira telescópica y sin objetivo. Es un simple y destructivo revanchismo, frustración y enojo. Eso no es nada bueno

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