lunes 6, diciembre 2021
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México: AMLO y las disculpas

AMLO no pidió algo irracional. La Conquista, la atropellada invasión de las Américas, por parte de Europa con su cristianismo, es un hecho que por propia definición fue cruel y arbitraria. En particular, la conquista española llegó a nuestras tierras con una mente de superioridad racial y un racimo de supersticiones “espirituales”.

Occidente trajo a las Américas una religión traicionada. Trajo una teología salvaje para justificar la explotación de los originarios. También trajo, por supuesto, la maldad del conquistador. Hernán Cortés llega, en 1519, a lo que hoy se conoce como México, aupado por la codicia y la fama, y se las ingenió con truculencias y atrocidades rendir a los aztecas.

Las instituciones de la catolicidad fueron -con alguna u otra excepción, y con no pocos esfuerzos individuales legítimos-  una amalgama de traiciones a la fe de Jesús.

En términos generales la institucionalidad católica fue una maldición. No fue muy diferente en norteamérica. Los puritanos, una facción reaccionaria de la Iglesia de Inglaterra, llegaron en el siglo XVII a las costas de Massachusetts. En ambos casos nos trajeron un “cristianismo” podrido. También, en ambos casos, católicos y protestantes, implantaron perversos paradigmas para justificar el sometimiento de los locales. En lo económico fueron esclavizados. Además, los indígenas perdieron sus Estados, sus gobiernos, y sus tierras fueron confiscada para extraer oro y plata para beneficio de una nobleza vagabunda, perezosa, parásita y homicida.

El estudioso sabe que la América precolombina no fue una arcadia; la guerra, la esclavitud y el sometimiento religioso eran parte de su historia. Nunca hemos sido sociedades inocentes. Pero lo que AMLO pide debatir es otra cosa. El mexicano le pide a España que se disculpe y al Vaticano lo mismo, porque las consecuencias perversas de la Conquista pesan hoy -hoy hoy- en la alambicada trama del racismo y del neocolonialismo que hoy sigue vivo bajo otra narrativa económica y otras complejidades simbólicas que todavía incluyen al cristianismo institucional y a los nuevos amos globales y corporativos.

La colonización se vistió de un “derecho divino” para robar descaradamente la propiedad ajena, fue la institucionalización de la delincuencia de un continente sobre otro continente, y el inicio de un etnocidio provocado con tal de “pacificar” y militarizar inhumanamente la fuerza del trabajo. No se habla de pendejadas. Nuestros pueblos sufrieron. Olvidar este hecho es traicionarnos, porque para bien o para mal no debemos olvidar el pasado para ayudar a comprender lo que hoy somos y lo que queremos ser.

En 5 siglos han pasado muchas cosas. Existen sin duda áreas grises, porque la Conquista fue un todo complejo. Sin embargo, nunca perdió ella su podredumbre ideológica y su afecto a dividir las relaciones de trabajo entre amos y supeditados, asunto que sucede en los actuales tiempos.

En términos históricos 5 siglos de dominación colonial y neocolonial es un tiempo relativamente corto. Lo relevante hoy es que sus consecuencias persisten con acentuada gravedad. Es obvio que AMLO no espera una disculpa del Rey. Pero sus corifeos han saltado como almas que se las lleva el diablo, entre ellos las elites “emblanquecidas” de América Latina.

Pero el neocolonialismo duele en la piel y en el alma de millones de seres humanos. AMLO no abrió las heridas de la Conquista simplemente porque nunca se cerraron; ahora él les dio voz. Eso fue todo. Con ahínco los sinvergüenzas del socialismo español, y los mequetrefes del PP y de Ciudadanos, han salido sin argumentos serios a defender a la parásita Corona. Sus muecas y chillidos recuerdan que la herida sigue cada vez más abierta.

Lo de AMLO se trata, después de todo, de un convite para reflexionar sobre la moralidad de la Conquista y sobre sus actuales consecuencias, tanto como para que el opresor pida perdón y hasta ofrezca reparaciones. La justicia histórica no es, en este caso, un anacronismo, sino justicia reclamada por nosotros y nuestras madres.

(*) Allen Pérez es Abogado

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4 COMENTARIOS

  1. Lo que no entiendo es ese nasoquismo histórico de nuestros gobernantes, entre otras cosas, todavía mantienen el nombre del mar de cortés, y en Panamá su moneda se llana balboa, precisamente en honor a los mal llamados conquistadores.

  2. Bueno, no dudo de que la conquista(con minúscula, si) fue una época de barbarie. Hay poco espacio para hablar con coherencia sobre eso, pero es que encima de todo nos comquistó el reino mas atrasado de Europa: España, nada menos, que cinco siglos después sigue siento un país atrasado. La monarquia espeañola es más que retrograda e inútil como todas las monarquias. Me decía un buen amigo, que le encantaba mirar a las monarquias de Europa, pues eso le daba el placer de saber que vivía en un país libre y que a un tonto solo lo aguantamos cuatro años, ellos se los tragan por décadas sin fin.
    AMLO ha dicho lo que había que decir.

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