jueves 8, diciembre 2022
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En Venezuela el gato está atrapado y no hay ratones

El catastrófico infortunio venezolano no tiene parangón.  En tal derruido antipaisaje no hay nadie que se salve: ni lo que representa Maduro, ni lo que representa Guaidó, ni lo que representa el Departmento de Estado ni el senador Marco Rubio. Tampoco se salva el futuro. Gane quien gane el pueblo venezolano ya no tiene un porvenir en el mediano plazo. Sin importar los oligarcas que triunfen los platos rotos los pagará siempre el pobre, y entre más pobre el pobre peor  será su vereda y será pronta su desdicha. En cambio, Carlos Alberto Vecchio DeMari, un joven cincuentón, nombrado “embajador” de Guaidó en Washington, es el operador principal junto a Rex Tillerson de cómo disponer del botín robado sea en Texas o en Londres. Fue durante la gestión del expresidente Chávez cuando por primera vez en la historia la renta petrolera sirvió mucho al pobre; con su muerte, el derrumbe social sobrevino con la activa participación del madurismo, la oposición y el imperialismo, los tres jinetes del apocalipsis. Toda la clase política venezolana está sentada en el banquillo de los acusados, toda sin excepción acostumbrada a ver a Venezuela no como nación, sino como negocio.    

El país se encuentra postrado y astronómicamente endeudado, y en lo económico estrangulado por el sinvergüenza de Trump y los ladrones de Su Majestad. Son los pobres y no los ricos quienes pagarán los “ajustes estructurales” de rigor; no me cansaré de repetirlo. Con frecuencia me pregunto por qué los pueblos no toman ellos directamente el poder sin necesidad de mediadores, césares y mesías. ¿No es acaso lo lógico y lo democrático? ¡Ay cómo duele la Libertad que no puede llegar tan lejos!

La democracia tal como hoy la conocemos -policlasista y plutocrática- ha de servir como mínimo, Costa Rica como ejemplo, para dirimir las diferencias sociales sin tener que acudir a la guerra o los expedientes totalitarios. Pero en Venezuela dicha concepción minimalista de la convivencia social se fue al carajo. Las dos principales facciones en pugna son jacobinas, émulos del paroxismo decadente de Robespierre. Pero uno nunca sabe si estos acérrimos enemigos terminarán cohabitando En fin, una cosa parece ser cierta ahora: los políticos venezolanos (no todos) son enfermos mentales peligrosos y andan sueltos.   

Todos los déspotas -aún los déspotas que se oponen al déspota- elogian al pueblo y hablan en su nombre y falsamente encarnan sus necesidades. Bien servida tienen la mesa estos déspotas  que se odian entre sí; si algo tienen en común estos miserables es el desprecio por el pueblo, y el gusto orgiástico por el whisky, las piernas de cerdo, los viajes, el contrabando, el narcotráfico y la prostitución.

Quien esto escribe no tiene lealtades ni simpatías preconcebidas con los bandos en discordia; estas palabras las escribo para decirle al lector que no sea idiota, que no caiga de ingenuo al primer clarín propagandístico de uno y otro bando ahora que Venezuela es tema mundial; esto escribo para alertar que en buena medida las redes sociales son nudos mentirosos y oráculos del alma imbécil; finalmente, esto escribo, porque es falso el dilema que nos obliga a escoger entre  Maduro y Guaidó. Todos los oligarcas nos engañan prendando nuestras vidas ante el altar de la muerte. ¡Despertemos! Nuestras vidas han dejado de ser nuestras y no debe de ser así. No nos autoinmolemos por nadie y que sean los oligarcas en persona los que caven sus trincheras bajo el insolente calor del húmedo y fangoso estertor de la amazonia venezolana. ¡Que se pongan pantalones y dejen de mostrar el trasero!  

Los déspotas oligarcas de todos los colores se niegan atender al unísono la única salida racional para resolver en lo urgente la angustiante crisis de ingobernabilidad: la convocatoria inmediata a elecciones generales para renovar todos los puestos en la función pública, bajo el auspicio político y administrativo totales de las Naciones Unidas. ¿Pero qué pasa? Pues que ningún bando apuesta por una salida electoral inmediata, y no lo hacen porque deliran con la eliminación hasta física de sus enemigos, porque calculan que unas elecciones inmediatas y libres no les resuelve el asunto del poder con adversarios enfrente aunque la gente de a pie sea embarcada a poner los torturados y los muertos. Finalmente, no convocan a elecciones porque no están seguros de sus cálculos ni de sus números, ni de sus alianzas internas. ¡Así de bandoleros son!

Para estas oligarquías el poder debe de concebirse como total, como poder absoluto, sea bajo una formalidad democrática o bajo una sangría fascista tipo Pinochet. Como costarricense esta asquerosa tragedia me hace reflexionar mucho, porque en nuestra tierra tenemos que avanzar a pasos agigantados para rehacer a nuestra clase media, para prevenir que la insensata megalomanía de ciertas oligarquías se posicionen como sucedió en Estados Unidos y en Brasil. Lo que conviene a Costa Rica es una poderosa clase media en el contexto de una economía ágil y muy diversificada. Pero, sobre todo, una clase media culta, estudiada y con sensibilidad social; que sepa en su corazón que destrozo y el aniquilamiento del adversario es cosa de incivilizados y sátrapas.   

Afortunadamente la versión totalitaria del comunismo nunca caló y ni va a calar entre nosotros, muy a pesar de las múltiples contribuciones que hicieron en el devenir de nuestro bienestar social.  Mi anticomunismo es democrático y jamás podría ser fascista. Mi desvelo es otro. Es el neofascismo en boga lo que me desasosiega en cualquiera de sus paquetes: religioso o secular. La verdad es que la versión estalinista de comunismo -la única que gobernó en la modernidad- ya murió y se encuentra enterrada.  Los neofascistas y la ultraderecha en general, han decidido resucitar un fantasma ya imposible de encontrar para crear un adversario imaginario que les permita narrar una historia ficticia para expoliar al pobre y agotar los recursos naturales de nuestras tierras. Venezuela nunca fue -antes o después de Chávez- una comunidad socialista o comunista sino una sociedad capitalista rentista dependiente del petróleo. Así que el debate ideológico entre socialismo y capitalismo es totalmente una ficción que solamente cabe en mentes ignorantes y mentecatas.

Como Bolsonaro, como Trump, los ultras crearán personas y paisajes que sirvan a la ofensiva fascista. ¿En qué consiste el fascismo de nuevo cuño? No estamos frente al viejo fascismo del siglo XX, mussoliniano o hitleriano que clamó por la razón corporativa de Estado. Lo que hace particular al neofascismo es su nueva esencia al adoptar al neoliberalismo como su razón de ser y por su abandono de las nostalgias por el Estado-nación, todo  benefactor, que otrora sirvió al fascismo del siglo XX, o, dicho de otra manera, el fascismo del siglo XXI abjura del metarrelato utópico del fascismo clásico. En fin, el neofascismo no comulga más con el imaginario de una nación soberana y superior, como tampoco con el establecimiento de una sociedad perfecta. El neofascismo aboga por imponer -sea por la vía parlamentaria o autoritaria- un régimen caníbal de mercado y hoy, precisamente en Venezuela, lo hacen falsamente en nombre de la democracia y los derechos humanos; mucha de la trampa reside en este discurso engañoso y soterrado, como ocurre en el caso de  Venezuela a través de Voluntad Popular, la cara del neofascismo adherida a la Internacional Socialista.

El madurismo ya no es viable y los generales lo saben, pero el neofascismo no es de ninguna manera una opción segura para ellos, porque los fanáticos del entorno de Guaidó tienen los cuchillos afilados para degollarlos. Ciertamente el antipaisaje político venezolano es un marjal de hienas y dagas. Cada quien busca salvar su vida, literalmente su pellejo, sobre todo la burocracia madurista más exigida en el tablero, sin que tal angustia  deje de ser ajena al campo opuesto.

En la historia republicana de Venezuela no ha habido peor gestión de gobierno que la de Maduro, aunque su autoritarismo no se compare con el de las dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Marcos Pérez Jiménez.  En ellas, Guaidó y sus secuaces ya estarían muertos. Por otra parte, la oposición venezolana (con algunas excepciones) es, por así decirlo, una maquinita productora de tarados psicóticos, irresponsables y violentos que no saben una coma de derechos humanos y sí de quemar gente viva.

El exdiputado Juan Guaidó es una caricatura escabrosa de estupidez. Si en algo se pusieron de acuerdo los enjambres del mal que Maduro y Guaidó representan, fue en destruir Venezuela, en saberse nerones con desabridas arpas con tal de sobrevivir en el palacio unos, o, poder asaltar el palacio los otros. Ni uno ni  otro. El pueblo (algo así como el 90%) se encuentra literalmente secuestrado, de un lado, por los designios fascistas de Voluntad Popular y su amo extranjero y, por otra parte, por la obstinada lealtad de los generales a sus propios intereses corruptos y empresariales que se resume en el estratégico apoyo que le brindan al presidente venezolano.

Los generales venezolanos no son, por cierto,  un ateneo de imberbes idiotas, sino gente formada en las complejidades del pensamiento crítico y nacionalista pero que se encuentran atrapados entre su tupida corruptela y la insolencia fascista-imperial. Cuando Guaidó, una vez juramentado sin la corona, le exigió a los militares transmutar lealtades a cambio de una amnistía, no pude menos que soltar una fragorosa risotada pues dicha oferta es lo último a decir si se ha de congraciarse con los militares particularmente sin ningún poder real. ¡Menso el jovencito! Ya Guaidó se nos presentaba entonces desnutrido y si causó entusiasmo es porque los venezolanos todavía aguardan la llegada de un mesías. El problema es que en Venezuela ahora tienen dos mesías: uno muerto y otro vivo. Pero el mesías vivo la tiene peor suerte porque necesita convertir el agua en vino y no puede hacerlo por  más que lo intente, para disgusto de sus amos gringos. El mesías muerto hizo el milagro una vez (con los altos precios del petróleo), pero como dice la Biblia “el muerto ya nada sabe”.

Es que Guaidó no tiene raíces políticas en el pueblo y no habla el idioma del pueblo; es un advenedizo de orígenes medios, proclive al fascismo, formado en Voluntad Popular y conocido ya por su incapacidad para  rescatar y organizar a los cientos de militares rasos que desertaron en Cúcuta. ¡Guaidó es una estafa!

Inculto e inexperto el joven desaprovechó casi todo a su favor y la culpa la tuvieron los gringos. Fue un pésimo cálculo foráneo como todo lo que siguió después, incluyendo la farsa de la “ayuda humanitaria”. Hoy la política neofascista de Trump consta de 5 jinetes: amenazar, destruir, conquistar, robar y humillar. En Iraq tanto como en Libia se cumplieron dichos presupuestos. Ahora el psicópata de Trump los quiere hacer valer en Venezuela. Lo que desea el régimen autoritario de Trump es la recolonización total de América Latina, el Caribe y de buena parte del mundo. Incluso Trump pisa con su bota de acero a los gobiernos “amigos”, títeres y lameculos de Honduras, Guatemala y Colombia a quienes acusa de exportar delincuentes y terroristas.  De nada le valió a Hernández y a Morales el haber trasladado las embajadas de sus países a Jerusalén. No importa cuanto colaboren estos desgraciados con el nerón de Washington y de Mar-a-Lago, que nuestros pueblos -incluyendo a sus plutócratas- seguirán siendo en su retorcida mente (la de Trump) no otra cosa que subhumanos, razas inferiores merecedoras de toda culpa y vilipendio.

Hay que ser zopenco para pensar que  Trump, Pompeo, Bolton y Abrams (la pandilla de los 4) sean adalides de los derechos humanos, cuando en la realidad son sus destructores; es una pena que se piense que le tengan amor y conmiseración a Venezuela, cuando lo que buscan por las malas es apoderarse de todos sus recursos naturales a través de un nuevo Estado vasallo. La lucha contra Maduro no debe pasar (aunque pueda ser que los traidores lo cumplan) por sumergir a Venezuela en un Estado esclavo sin decoro nacional, militarmente intervenido y sujeto a los desmanes sexuales de los marines en contra de las mujeres, nuestras madres, nuestras hermanas y de nuestros menorcitos. Al crapuloso de Guaidó esto lo tiene sin cuidado, porque su escuela es la del hediondo hedonismo, la de los dólares que espera y que le soplan por el cuello y, quizá, la deseada añoranza de saltar de insecto a ser un presidente de verdad. Empero, sus propios compañeros de ruta, tan disímiles y paranoicos como son, ya le tienen una navaja hecha a su medida para un tiempo preciso.   

¡Estamos jodidos! Desgraciadamente los simples mortales, como usted y como yo, no hemos sido invitados a colorear las avenidas de los plutócratas y oligarcas, las avenidas de los banqueros y prestamistas, y las avenidas de los generales y los fabricantes de armas; siempre hemos sido invitados al sometimiento y a la humillación, o, hemos sido “agasajados” para ser una comparsa bullanguera para deleite de nuestros propios verdugos.  

Yo soy un liberal convencido de la Libertad, de ese fantasma que a veces se encarna en uno u ocasionalmente en un pueblo. La autoridad es despreciable, la del Estado en particular, la cual ha probado ser la principal fuente de abuso y atropello; el Estado es para mí culpable de todo hasta que no se demuestre lo contrario porque, de todas formas, todo bien social proviene del ejercicio de la ciudadanía.  ¿Exagero? Es probable, pero no ando lejos. Lo del Estado es un dogma tan enraizado como la creencia en Dios; lo de Dios es materia sagrada, lo del Estado no.

La ética política correcta brota desde la defensa a ultranza del individuo; germina desde la convicción libertaria de las inconveniencias idolátricas de ofrecer “comandantes eternos”, o de la mala leche que derrama el populismo mesiánico de Guaidó, o del ultra populismo mesiánico de Voluntad Popular que invoca la llegada “milagrosa” y altanera de los marines. El mesías, si se quiere, es materia exclusiva de los templos, pero no de la Libertad con mayúscula.  

Es razonable que lo que ahora procede en Venezuela es la consulta democrática YA, urgencia que proviene de un estado de guerra no declarado pero agresivamente en marcha.  Es cierto, soy pesimista, sobre todo con Trump tratando a medio mundo como rata. Pero soy un liberal y ello me consuela, porque creo en la Libertad, en la Libertad que dignifica y no hunde. Creo en ese liberalismo que hoy defiende a Assange y que ayer estuvo con el pueblo catalán cuando votó en medio de una inmisericorde represión. Ciudadanos en España es la falsa moneda del liberalismo. Lo demostraron en Cataluña y ahora  apoyando el mesianismo neofascista de Guaidó. Ciudadanos es tan miserable como los socialistas. Han manchado con más lodo sus túnicas perversas.  ¡Así anda el mundo de irreconocible! En fin, mi posición como demócrata y como liberal es la de un rotundo no a la guerra y a la intervención militar extranjera, y por unas elecciones libres a la mayor brevedad.

(*) Allen Pérez es Abogado

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4 COMENTARIOS

  1. El petróleo es una maldición, todos quieren controlarlo sin importar el impacto que esto cause, a Venezuela lo mejor que le podría pasar es que aparezca algún loco que haga un golpe de estado para sacar a ese par de buitres, establezca una nueva Constitución, y que prohíba la explotación petrolera; solo que se cumpla un sueño de opio los salvaría.

  2. MUY CLARO DIRECTO Y AMPLIO MENSAJE….. «SIMPLIFICO: SIN FANATISMOS Y SIN COMER CUENTO DEL PODER MEDIÁTICO CON SUS SESGOS, VERDADES A MEDIAS E INVISIVILIZACIONES».
    …..»Quien esto escribe no tiene lealtades ni simpatías preconcebidas con los bandos en discordia; estas palabras las escribo para decirle al lector que no sea idiota, que no caiga de ingenuo al primer clarín propagandístico de uno y otro bando ahora que Venezuela es tema mundial; esto escribo para alertar que en buena medida las redes sociales son nudos mentirosos y oráculos del alma imbécil; finalmente, esto escribo, porque es falso el dilema que nos obliga a escoger entre Maduro y Guaidó. Todos los oligarcas nos engañan prendando nuestras vidas ante el altar de la muerte. ¡Despertemos! Nuestras vidas han dejado de ser nuestras y no debe de ser así. No nos autoinmolemos por nadie y que sean los oligarcas en persona los que caven sus trincheras bajo el insolente calor del húmedo y fangoso estertor de la amazonia venezolana. ¡Que se pongan pantalones y dejen de mostrar el trasero!

  3. Todo lo que pensemos, digamos y/o hagamos, NO LO PODEMOS PENSAR, DECIR Y/O HACER, queriendo IMPONER un SISTEMA SOCIAL QUE ATENTE CONTRA LAS NECESIDADES Y BIENESTAR DE LA POBLACION, COMO SON: — el trabajo, la alimentacion, la salud, la educacion, la tranquilidad, la seguridad individual y social, y SOBRE TODO: LA LIBERTAD de expresion y movimiento, que son DERECHOS UNIVERSALES DE TODOS LOS SERES HUMANOS. — En el caso de Venezuela, solo hay que tener presente lo que dijo «EL LIBERTADOR» SIMON BOLIVAR, en el CONGRESO DE ANGOSTURA (Hoy Ciudad Bolivar) el 15 de Febrero de 1819: » NADA ES TAN PELIGROSO COMO DEJAR PERMANECER LARGO TIEMPO A UN MISMO CIUDADANO EN EL PODER. EL PUEBLO SE ACOSTUMBRA A OBEDECERLE Y EL A MANDARLO, DE DONDE SE ORIGINAN LA USURPACION Y LA TIRANIA».

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