lunes 4, julio 2022
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Stultorum infinitum est numerus

A raíz de la primera fotografía pública de un agujero negro, hecha mediante una técnica multiespejos, que utiliza varios enormes radiotelescopios alrededor del mundo, mucha gente ha creído que esa fotografía es tal como se ve un agujero negro.
Paso a explicar el cuidado que debemos tener para interpretar lo que los periodistas nos exponen en diferentes medios, debido a que muchas veces es una extrapolación de un hecho aún no explicado.
Veamos a continuación un ejemplo que nos puede ayudar a comprender: El número de tontos es infinito, esta frase, atribuida por algunos a Cicerón, pertenece a la primera traducción de La Vulgata al latín por San Jerónimo. La utilizó en Eclesiastés, aunque los estudios actuales de esa traducción la ponen como ‘Quod est curvum, rectum fieri non potest; et, quod deficiens est, numerari non potest”, que significa “lo torcido no se puede enderezar y lo que falta no puede contarse», es decir no significa que el número de tontos sea infinito, citado en Eclesiastés ya que sería un oximoron, que echaría por tierra la sabiduría de Qohelet; hasta el predicador mismo sería tonto él mismo, ergo, incapaz de haber hecho una frase sabia.
No basta con comentar lo que no se comprende, eso es repetir, que es totalmente diferente en fondo y forma. Un ejemplo, cuando estudiaba medicina, un profesor mexicano me pidió que identificara un linfocito, lo que no logré al primer golpe de ocular, su respuesta me dejó una doble enseñanza: identificar el linfocito en sí y aprender que la verdad necesita del conocimiento. “Se ve lo que se sabe”, me dijo él en tono paternal y se marchó después de hacérmelo ver.
Es muy frecuente que la interpretación de un hecho científico falte en un informe periodístico, debido a que normalmente los científicos no explican lo que informan al gran público, debido a que ellos dan por descontado que todos lo entendemos. Sucede como cuando uno, como médico, le dice al paciente una frase como “no me agrada esa corteza tan pétrea”, o “se observa una rarefacción generalizada en su esqueleto”, aunque sean palabras comprensibles, la frase dicha desde nuestra mente educada médicamente, lleva otro tipo de mensaje.
Desgraciadamente no nos enseñan en las facultades de medicina a entender eso, o se nos enseña lo que me dijo hace muchos años un antropólogo ya fallecido:”ustedes los médicos, creen que todos los que estamos sentados al otro lado del escritorio, somos tontos”. Esa explicación sobre nuestra pésima cultura universal, me conmovió hasta lo profundo y me inclinó a perseverar más en la cultura general.
La universidad, en un afán de formación científica, muchas veces peca de mezquina en la enseñanza general: el humanismo, que en esta era ha venido a ser sustituido por el cientificismo a ultranza, deja mucho que desear en la mayoría de las profesiones. Ahora trataré de ir al meollo del asunto: los agujeros negros. Se conocen desde hace más de dos siglos, pero básicamente en teoría, de un manejo ya rutinario por la física cuántica, hasta ahora se logra una fotografía de uno de ellos. A una pequeña distancia de 50.000.000 de años luz (!), lo que no es sencillo de imaginar, un año luz es un año terrestre del viaje de la luz cuya velocidad es de 1080.000.000 kilómetros por hora. Escalofriante distancia, más fácil de imaginar desde la mente de un poeta, acostumbrado a hacer posible lo imposible, porque el poeta no miente, solo que utiliza un lenguaje que hace posible la comprensión de todo por todos.
Estamos hablando de que ese agujero ya no existe, en el momento en que se reflejó en la pantalla de las computadoras, se había extinguido, es decir no hay ese agujero negro, aunque haya millones de ellos en el universo.
Los avances de la ciencia, muy buenos en la mayoría de los casos, no nos dan una gran ventaja respecto al hombre del renacimiento, porque tenemos aún enormes lagunas lingüísticas que no pueden traducir muchos hechos, por eso se utiliza tanto el lenguaje matemático, pero la mayoría de los mortales no lo conocemos así de bien, y por otro lado los científicos no tienen apuro en rebanarse los sesos para traducirnos su conocimiento. De esa manera, una noticia que sería equiparable a la hipotética aparecida en un diario del año 1492: “un señor llamado Cristobal Colón, descubre América”, pasa de momento a la velocidad de la luz frente a nosotros y no atinamos a comprender lo incomprensible que sigue siendo el Universo o los Multiversos, ante nuestra inocente mirada. Nos mostramos reacios a aceptar cuán poco sabemos de la atmósfera para arriba, como decía una amada abuela mía: “del sombrero para arriba, nadie sabe nada”, quizá mi abuelita era muy sabia…o muy poética.
(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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1 COMENTARIO

  1. Como usted lo comenta el humanismo dista mucho de ser eso mismo… El exceso del método científico y del mismo materialismo moderno nos ha llevado a crear un lenguaje complicado también para los que no estamos obligados a saberlo todo y al mismo tiempo crear códigos virales que ayudan a desinformar como los memes virales sobre dicha imagen. Lo más sencillo se hace difícil de comunicar primero por el hecho de conseguir ventas o índices de atención y no informar. Al final todos somos culpables

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