sábado 28, enero 2023
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¿Prohibir por negocio o por placer?

Prohibición de trabajar honradamente a miles, es un mal crónico de un país que, aferrado a una libertad política, se rehusa a transitar por las calles del nuevo mundo.

Hoy, los EEUU son un país con trabajo pero sin trabajadores, suena a sarcasmo pero es una triste realidad. No tengo ninguna duda de que aún con la competencia de potencias emergentes como China, India, Rusia (digo Rusia porque antes fue la U.R.S.S.) y otros más, los EEUU son aún una potencia mundial en todo aspecto, difícil de destronar por el momento, pero se está quedando sin mano de obra porque quienes han hecho el trabajo más común y corriente, ya no pueden entrar a ese país.

Nosotros, con nuestros cincuenta mil kilómetros cuadrados, hemos sido sitio de salvación para miles de extranjeros, que como es el caso de los nicaragüenses, tomaron el machete y la pala que dejaran tirados los costarricenses hace tres décadas. Que bueno, por cierto, debido a este hecho se elevó el piso laboral del tico promedio.

Coartar la libertad de trabajo, con excepciones muy claras como son algunas profesiones de cuidado como la medicina, el derecho o la ingeniería, es coartar el derecho de existir.

Cuando los taxis rojos, muchos en manos de políticos y no de sus choferes respectivos, llenaron su cuota, nació el fenómeno del taxi pirata en sus mismas entrañas. Muchos de los primeros piratas de hace treinta años, eran taxistas formales en sus horas libres, que fueron a la salida de los grandes salones de baile como el famoso “Gran Parqueo”, a esperar a los clientes cuando salían y no había taxi convencional.

Luego con el tiempo aparecieron los “porteadores”, una invención cuasi mágica, que por años compitió contra la piratería más informal.

Ahora, en plena era de la Internet, aparece Uber, un servicio que personalmente considero de primer mundo, amenazando los intereses gremiales pues favorece los intereses de las grandes mayorías, (“todo lo que desfavorece los intereses de las grandes mayorías, favorece los intereses de una minoría”, mi axioma.)

Contaré una breve anécdota, en un pequeño pueblo donde ejercía mi profesión de ortopedista, existía (y aún existe) el servicio de taxis colectivos. Su precio era la cuarta parte del taxi solo, pues la Tarifa se divide entre cuatro. Excelente servicio está de más decir, que era utilizado muchas veces por este servidor, rápido, barato y fácil de usar. Un día, me había ya enterado de la casi intensiva persecución que algunos «tráficos» realizaban contra estos hombres trabajadores y honestos, especialmente en las cercanías de las paradas de la monopólica empresa de buses local, en aparente contubernio con su dueño, a la sazón paciente mío, me decidí a hablarle directamente pues siempre vi en él un hombre emprendedor y que había surgido de la pobreza. En un breve diálogo, a solas, le pregunté el porqué de instar a las autoridades a perseguir casi con saña a estos taxistas, su respuesta fue seca: “es mi negocio”, le increpé que había que recordar que él mismo había salido de la pobreza trabajando, que el usuario de bus no utiliza taxi, ni el usuario de taxi utiliza colectivo, ni el usuario de colectivo utiliza pirata. Cada modalidad tiene su clientela. No me dio la razón ni la sinrazón, pero hasta ahí llegó nuestra relación, su distanciamiento ha durado hasta hoy. No me importó puesto que me asistía la verdad de un enorme grupo de trabajadores, que ya sin su presión, ha incrementado su participación en ese mercado. Los inspectores de tránsito amigos, con quienes platiqué el tema, comenzaron a buscar delincuentes y cesaron en su persecución contra los taxistas del servicio colectivo.

Hoy, veo con espanto la ley en ciernes sobre “los peluqueros y estilistas”, me pregunto que mente quiere sacar a esa basta mayoría de trabajadores del mercado formal e introducirlos en la informalidad, por arte de magia, algo insólito. Claro que un negocio pequeño o grande de barbería y salón de belleza, debe operar en óptimas condiciones de higiene, donde uno es quien elige dónde irá a cortarse las canas… mas se ve un proyecto muy claro y definido que privaría del honesto sustento de miles de personas, así de sencillo. ¿Crear un Colegio de estilistas y profesionales afines”? ¿Por qué no crear el Colegio de sastres, costureras y afines? O quizá habría lugar para el Colegio de mandaderos y recaderos y afines…, “El número de tontos es infinito…”Eclesiastés, o para los ateos : “…aunque cincuenta millones digan una estupidez, seguirá siendo una estupidez” Bertrand Russell. Se podría crear el Colegio de Políticos y afines, donde esa brillante mente de Cuesta de Moras puede hacer carrera y evitar que lleguen chapuceros a ejercer. ¿Qué tal el Colegio de Pastores, Ministros, Curas y Afines?

En los años ochenta, me metí de lleno abogando por los homeópatas no médicos, que eran objeto de persecución por parte de dos colegas que ejercían la homeopatía, que no querían aceptar que no se podía prohibir una práctica aceptada por un siglo, sin antes dar un transitorio, al final uno de ellos captó el concepto y el otro se murió, di la lucha de frente por otros, por considerar indignante perseguir por perseguir.

Los tres mejores tijeretazos en mi cabeza, me los llevé en salones caros, nunca me lo hizo un peluquero anónimo, ni mi esposa, ni mi hija, que son mis peluqueras más usuales, entonces ¿qué se pretende con este proyecto? No lo sé, pero espero que no sea el principio del fin del medio de trabajo de enormes mayorías, en beneficio de minorías cuasi calificadas.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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3 COMENTARIOS

  1. Excelente, humano y carismático artículo.
    El problema nuestro es que los políticos digo los pillíticos de turno están Criminalizando toda manera humilde de ganarse el sustento.
    Es la total decadencia del político en CR lo que estamos viendo.

  2. El chiringuito se le acabó a los taxistas convencionales. Tecnologías de la información tales como Uber simplemente están a un nivel que son imposibles de parar, y francamente, poco importa que los taxistas rojos sigan con su persecusión, así como los tráficos. Simplemente ellos no pueden competir contra algo que está en todo lado, y tiene todo el mundo. Este tipo de revoluciones tecnológicas no pueden detenerse, y los chupópteros del gobierno lo saben, lo que pasa es que ellos aplican un método que es tan poco original y sin inteligencia como ellos mismos: declarar trabajos honrados como actos criminales, esto con el fin de ganar ellos dineros. Como en los poderes del gobierno y la asamblea solo maleantes sin inteligencia hay (bueno, son «intelingentes para robar, hay que ver que tiene eso de inteligente) pués ahora les ha dado por declarar maleante a todo mundo para meterles multas y sacar plata. Esto lo vemos hasta con empleados del mismo gobierno. Yo mismo he sido testigo como ahora el gobierno central anda en una cacería de brujas con sus mismos empleados, viendo a ver que nimiedades les encuentran para andar pidiendo justificaciones, viendo como les encuentran la mancha para iniciarles procesos y despedirlos….

  3. En este país poco les falta para prohibir con un proyecto de ley a los emprendedores, no les basta con hacerles imposible el acceso a créditos y ponerles cuanta zancadilla burocrática se les ocurra, solo siendo una multinacional, o parte de «la argolla» se logra establecer un negocio.

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