sábado 26, noviembre 2022
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Los líquenes prosperaron tras la extinción que acabó con los dinosaurios

Madrid, 30 Jun. (EUROPA PRESS).- Cuando un asteroide se estrelló contra la Tierra hace 66 millones de años, desencadenó extinciones. Las víctimas más famosas fueron los dinosaurios, pero muchas otras formas de vida se vieron afectadas.

Sin embargo, un nuevo estudio que publica la revista ‘Scientific Reports’ ha demostrado que, mientras las plantas terrestres luchaban, algunos tipos de líquenes aprovecharon el momento y evolucionaron a nuevas formas para asumir el papel de las plantas en el ecosistema.

«Pensamos que los líquenes se verían afectados de manera negativa, pero en los tres grupos que observamos, aprovecharon la oportunidad y se diversificaron rápidamente –explica Jen-Pang Huang, exinvestigador postdoctoral en el Field Museum y ahora en la Academia Sinica en Taipei (China)–. Algunos líquenes crecieron formando sofisticadas estructuras en tres dimensiones y opcuaron el lugar de plantas que se extinguieron».

Los investigadores se interesaron en estudiar los efectos de la extinción en masa en los líquenes después de leer un artículo sobre cómo la colisión del asteroide provocó que nubes de ceniza bloquearan el sol y se enfriara la temperatura del planeta, devastando la vida de las plantas y también causó la extinción de muchas especies de aves.

«Lo leí en el tren y pensé: ‘Dios mío, los pobres líquenes, ellos también deben de haber sufrido, ¿cómo podemos rastrear lo que les sucedió?'», comenta Thorsten Lumbsch, autor principal del estudio y conservadora de hongos liquenilizados del Field Museum.

Huang recuerda que «.os líquenes están en todas partes. Si sales a pasear por la ciudad, las zonas irregulares o grises que se ven en las rocas o en las paredes o en los árboles, esos son líquenes comunes. En el suelo, a veces parecen chicle masticado y en un bosque los puedes encontrar de color naranja, amarillo o violeta; los líquenes son muy bonitos».

Se trata de lo que los científicos denominan ‘organismos simbióticos’, es decir, que están formados por dos formas de vida diferentes que comparten un cuerpo y trabajan juntos. Son una asociación entre un hongo y un organismo que puede realizar la fotosíntesis, generando energía de la luz solar, ya sea una pequeña planta de algas o un tipo especial de bacteria azul-verde.

Durante la extinción en masa hace 66 millones de años, las plantas sufrieron debido a que las cenizas del asteroide bloquearon la luz solar y bajaron las temperaturas. Pero la extinción en masa parecía ser algo bueno para los hongos, ya que no dependen de la luz solar para alimentarse y solo necesitan un montón de material muerto, y el registro fósil muestra un aumento de las esporas de hongos en este momento. Dado que los líquenes contienen una planta y un hongo, los científicos se preguntaban si se verían afectados negativamente como una planta o positivamente como un hongo.

«Originalmente esperábamos que los líquenes se vieran afectados de manera negativa, ya que contienen cosas verdes que necesitan luz», dice Huang.

Para ver cómo los líquenes se vieron afectados por la extinción masiva, los científicos tuvieron que ser creativos: no hay muchos líquenes fósiles de ese período de tiempo. Pero mientras que los investigadores no tenían fósiles de líquenes, sí tenían mucho ADN de líquenes modernos.

Al observar los hongos que crecen en entornos de laboratorio, los científicos generalmente saben con qué frecuencia aparecen las mutaciones genéticas en el ADN de los hongos, la frecuencia con la que una letra en la secuencia del ADN se cambia accidentalmente durante el proceso de copia del ADN. Eso se llama la tasa de mutación. Y, conociendo la tasa de mutación, si compara las secuencias de ADN de dos especies diferentes, generalmente puede extrapolar cuánto tiempo hace que tuvieron un ancestro común con el mismo ADN.

Los investigadores introdujeron secuencias de ADN de tres familias de líquenes en un programa de software que comparó su ADN y descubrió cómo debe verse su árbol genealógico, incluidas las estimaciones de hace cuánto tiempo se ramificó en los grupos que vemos hoy. Reforzaron esta información con los pocos fósiles de líquenes que tenían, desde hace 100 y 400 millones de años. Y los resultados apuntaron a un auge de los líquenes después de hace 66 millones de años, al menos para algunas de las familias de líquenes más frondosas.

«Algunos grupos no muestran un cambio, por lo que no sufrieron ni se beneficiaron de los cambios en el medio ambiente -explica Lumbsch–. Algunos líquenes se extinguieron y los frondosos macrolíquines llenaron su lugar. Me sentí realmente feliz cuando vi que no todos los líquenes sufrieron».

Los resultados subrayan la profundamente influencia que esta extinción masiva tuvo en el mundo natural que conocemos hoy. «Si pudiera retroceder 40 millones de años, los grupos más prominentes en vegetación, aves, hongos, serían más similares a lo que se ve ahora que a lo que verían hace 70 millones de años –explica Lumbsch–. La mayoría de lo que vemos hoy en día en la naturaleza se originó después de los dinosaurios».

Y como este estudio muestra cómo los líquenes respondieron a la extinción en masa hace 66 millones de años, podría arrojar luz sobre cómo responderán las especies a la extinción en masa que el planeta está experimentando actualmente.

«Antes de perder la biodiversidad del mundo, debemos documentarla, porque no sabemos cuándo la necesitaremos –alerta Huang–. Los líquenes son indicadores ambientales. Al simplemente hacer un estudio de biodiversidad, podemos inferir la calidad del aire y los niveles de contaminación».

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