lunes 6, diciembre 2021
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Argumentos democráticos en favor del matrimonio igualitario

La democracia no es la promesa de un final idílico, o, siquiera, la posibilidad de un idilio permanente frente a lo muchísimo que ella considera. En realidad no hay un final, no hay un idilio, sino solo un devenir. Por ello, la sociedad costarricense se enfrenta al dilema de seguir discriminando o no a un importante segmento de la sociedad que no es heterosexual; se trata de desbancar la discriminación ante la ley por razones de orientación sexual.

La democracia requiere constantemente de actualización y de perfeccionamiento; de otro modo deviene en anacrónica y, por lo mismo, en injusta. Se asume, entonces, la posibilidad real e histórica de su vocación para ensanchar y profundizar legítimos derechos civiles. La democracia es dinámica e incluyente, siempre en busca de nuevos sujetos a los cuales proteger; despliega sus mejores cualidades ciudadanas para hacer posible la igualdad.

La democracia nunca es idéntica a sí misma; nunca está quieta, evoluciona o involuciona. La democracia es un acto intencional, un acto buscado y querido. La democracia no nació para ser contemplada pasivamente sino para ser ejercitada. La democracia no es un puerto a donde se llega; ella promete solo lucha, cobijar a más gente. Hoy el matrimonio igualitario es una demanda que busca una nivelación social dentro de la institución monogámica del matrimonio. Es decirle a otros seres humanos que también lo son de la manera más plena. Desde mi perspectiva cristiana ello es hermoso, como anarquista lo demando por justo.

La democracia institucional nunca es una democracia realizada. Ella nunca se cansa de tocar a la puerta. Siempre se preguntará quién o quiénes han quedado por fuera de la nueva resignificación. Una democracia saludable se cuestiona a sí misma, se mira al espejo y se siente insatisfecha. La democracia es y siempre será una aspiración y nunca un libro acabado. Su pulsión deriva de las necesidades de la libertad, porque acabar con las cadenas y lo injusto es el motivo de la libertad. La democracia brilla ahí cuando desafía sus propios límites e incluye a nuevos sujetos históricos.

A la mesa de la democracia no a todo el mundo se invitó y no siempre para quienes llegaron, la mesa estuvo servida. La democracia no es una dulce historia; es una historia signada por picos de mucho sufrimiento, de graves retrocesos y esperanzas fallidas. Pero también de grandes victorias. Todo lo que han leído hasta aquí es para dar ánimo y para contribuir con unos pocos argumentos al espíritu activista de la parte más democrática de la nación que busca, con pasión y militancia, el cumplimiento de los derechos humanos de todas y de todos. ¡Que sean la justicia y la libertad nuestras banderas!

(*) Allen Pérez es Abogado

 

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3 COMENTARIOS

  1. De ningún modo las mayorías costarricenses y menos nuestra democracia estaría de acuerdo con esas decadencias, que más se considera una aberrante tendencia de unos cuantos por imponer a la fuerza, a la brava, sus distintísimos hábitos. Y a propósito: ¿das o te dan? Que acicate.

  2. Uy, pues ya se les demostró a esas «mayorías» que no son tan mayorías. El derecho de unirse CIVILMENTE gracias a la figura del matrimonio debe ser igual para todos y todas las costarricenses. Tenemos siglos de soportar las decadencia del matrimonio heterosexual: infidelidades, golpes, abusos sexuales, machismo, etc. Así que no vengan con habladas de «decadencias». 20 de mayo del 2021, día en que se les reventará el hígado a más de una/o. 🙂

    • Y a este otro, la misma interpelación: ¿Das o te dan? Arriesga parir por detrás, con semejante dizque demostración y/de progreso. Vaya extirpe que generaras. Fecundar al revés. Provecho.

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