miércoles 26, enero 2022
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Te ofrezco la vida, te ofrezco la muerte, por tanto escoge… (Deut. 30, 29)

“Si yo no lo hago, lo hace otro”, con esta frase lapidaria me calló los cuestionamientos un viejo abortero, a quien increpé hace más de cuatro décadas. Era conocido como el terror de las cigüeñas, se encargaba de poner en su lugar a un feto no deseado.
Eran otras épocas, otros lares, otros mares, otros sueños. En ese entonces se daba por un hecho que una mujer de cuarenta y tres años era una viejita, por lo cual un embarazo a esas edades, traía una serie de problemas al hogar, aunque o era tributario de aborto las más de las veces.
El asunto del aborto siempre ha sido un asunto de grandes contrastes, mientras algunos nos declaramos abiertamente “anti aborto”, otros se consideran “pro aborto”, no obstante la posición clásica de la deontología ha sido siempre a favor de la vida, desde Hipócrates hasta la actualidad, aunque en los últimos cien años, quizá por las guerras, los homicidios, las drogas, y muchos factores más, se ha hecho más difícil encontrar consenso entre los médicos y entre el público.
Ya a mi edad no tiene sentido contradecirme aceptando lo que nunca racionalmente acepté. Desde muy joven entendí que si había elegido salvar vidas, no podía estar a favor de arrebatársela a nadie. En esta posición se unen tanto aspectos éticos como religiosos, que uno mama desde la cuna. Aunque en mi formación médica estuvo siempre presente el hecho de luchar por la vida, no siempre ha sido de esta manera. Ponerse en un caso de “vida o muerte”, donde la madre embarazada con otros dos o tres hijos que la ocupen, corre riesgo si continúa su embarazo, no siempre será sencillo, porque son excepcionales esos casos, muchas veces son especulaciones que al final no son concretas. En la medicina la suma de dos más dos no siempre es cuatro, porque la medicina es una ciencia inexacta, podría llamársele el arte de curar, porque si bien nos valemos de las ciencias, el comportamiento del cuerpo humano muchas veces es impredecible, no creo que un médico de mi edad no se haya encontrado con casos y casos donde sin explicación racional ni razonable, podía explicarse un resultado inesperado. Esos son los casos que si somos receptivos, nos hacen ver lo poco que realmente hacemos en el “acto médico-paciente”, y lo mucho que juega el papel protagónico la naturaleza siempre oculta de los seres vivos.
En estas disquisiciones filosóficas entra en juego hoy por hoy, la orfandad dejada por la caída del comunismo en la URSS y ese desinflarse de las izquierdas reaccionarias: incluida la que llevó a Hitler al poder ante la amenaza de montar “la segunda República soviética en suelo Alemán”, que iba a toda máquina, hasta que crearon el monstruo llamado Adolfo Hitler y el nazismo, que acabó destruyendo tantas vidas, y desde luego erradicando la idea de comunismo en Alemania.
Este vacío ideológico, que ha creado tantas estupideces para sobrevivir siempre unidos contra el stablishment, ha creado cada vez nuevas medusas, que amenazan con tacharte de imbécil si no las aceptas del todo. Llámese “ecologismo”, “feminismo”, “movimiento LGBTI”, etc, el asunto es unirse bajo una misma bandera y luchar contra el capitalismo del stablishment, luchar y odiar al imperialismo, aunque sea mediante la creación de otros imperios peores.
Hoy el Presidente Alvarado, ha firmado una norma que olvidó lo más importante: pasar el colador del Colegio de Médicos y Cirujanos de la República de Costa Rica, con más de siglo y medio de fundado, caso inusual en todo América y la mayor parte del mundo, no es un club social, es un colegio de prestigio que ha dado a los costarricenses desde hace más de siglo y medio la certidumbre de la seriedad de sus colegiado. Se lo pasó a la torera, lo que no deja de crear un grave cuestionamiento entre miles de sus miembros: ¿Por qué actuó así? No lo sé, que lo diga él si le da la gana, porque eso si, en Costa Rica tenemos presidentes especializados en no dar explicaciones: una vez montados en la mula, no les importa la opinión de las grandes mayorías, las tratan como a ignorantes.
Ya el daño está hecho, llevará por siempre él nombre de Carlos Alvarado Quesada, será su marca de fábrica y por esta firma pasará a la historia.
(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es médico

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