jueves 18, agosto 2022
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El criminal pacífico, democrático y republicano

Afortunadamente no soy criminólogo, por lo que no tengo que ceñirme a lo escrito académicamente en términos de criminología y puedo expresar mi libre opinión ciudadana sobre el tema sin temor a violar las reglas de la disciplina.

Crimen, entonces, es, para los efectos de este comentario, cualquier acción que cometa alguien de manera intencional y consciente que me cause daño y dolor materialmente, psicológicamente, emocionalmente en cualquier grado desde ser algo muy insignificante hasta poner en peligro mi vida;  y bueno, hasta matarme.  Y en esto del grado está gran parte del daño moral que se ha causado a la moral de la nación.

De entrada, no acepto el verbo “cachar” inventado aquí, localmente, para suavizar algunos tipos de robo o disimular la condición de algunos tipos de ladrón.  Opino que ya, con sólo eso, se está introduciendo en la constitución moral misma del pueblo, en la sociedad, una permisividad, una relatividad que pasa a formar parte del libre albedrío nacional en cuanto al robo, al delito.  “Cachar” (que por cierto es un anglicismo según mis análisis tal como lo explico en mi libro “Tiquínglich: ni en castellano ni en inglés”;  un calco de “to catch” que significa “coger” en inglés).

Nuestra enfermedad es moral y mortal.  Y peor aún:  es incurable.  No tiene remedio que se sepa porque es crimen organizado pero por el pueblo mismo, liberal y democráticamente, que lo incorpora en su conducta como algo normal de la condición humana.  Es cometido por ciudadanos en cuya constitución moral reside esa inmoralidad.  No hay fuerza ni poder capaz de solucionarlo porque está en cada persona y solo cada persona puede cambiarlo dentro de sí;  de momento no tenemos ni el poder ni el instrumento revolucionario que cambie esto;  ¡menos por la vía de la ley, hecha por ciudadanos que ya padecían de este mal!  Es la voluntad popular y más aún:  cada uno de los actos criminales que nos matan gradualmente cada día es de gravedad variable pero según lo interprete y decida cada miembro del crimen organizado ciudadano.  Ilustro con algunos ejemplos.

Motociclistas, ciclistas y patinadores que invaden el espacio de los peatones poniendo sus vidas en peligro y arruinando las superficies que no son para la circulación de vehículos de ruedas;  al hacer esto son criminales.  Los que pegan el chicle en cualquier objeto igual;  es una indecencia incluso desde el punto de vista de la salud pública.  ¡Ni qué decir de los orinadores en vía pública que hacen que nuestros centros urbanos sean realmente fétidos!  Quienes dejan prensados en las rejas de nuestras casas botellas, bodoques de papel, cualquier cosa de la que quieran deshacerse infectada por ¡a saber qué clases de bacterias!

Y ¿Qué tal con las mallas y bolsas o cestas de frutas y otros productos de la tierra dentro de las cuales siempre vienen unas piezas ya dañadas que tenemos que echar al basurero?  No son excepciones.  Son la regla a juzgar por lo que yo he sufrido de eso toda una vida.  Siempre algo que viene ya dañado o podrido o reseco que está oculto entre lo más visible;  quienes nos venden esas cosas son expertos en cada producto y saben y pueden seleccionar para que solo llegue a nuestras manos el producto que está en perfectas condiciones.  Pero no;  se deshacen de su desperdicio gracias a nuestra ingenuidad y eso es criminal;  no quitan a las lechugas, por ejemplo, las hojas externas dañadas que saben perfectamente nosotros quitaremos y echaremos al basurero;  nos están vendiendo lo desechable de sus productos pero tan condicionada está la sociedad en este sentido que lo acepta y lo justifica.  ¿Y qué tal con que nos venden una determinada cantidad y vienen dos menos cuando uno abre y cuenta en la casa?  ¿Es criminal o no?

Ciudadanos de muy buen ver, con educación superior o media, muy amorosos con sus familias, con la etiqueta de buenos vecinos y buenos ciudadanos van en sus relucientes vehículos y atentan contra la vida de los demás haciendo giros prohibidos, estacionándose junto a un hidrante, frente a un portón, bloqueando la rampa para peatones;  llegan a un semáforo en rojo, se asoman y si no viene nadie en sentido transversal violan el rojo y pasan, con la mayor tranquilidad porque si lo hacen ellos está bien.  Hablan por el celular mientras conducen.  Sin embargo son totalmente intolerantes si lo hacen los demás.  Es esa relatividad individual de calificación de los actos personales criminales de la que hablaba.

¿Y los empleados que llegan al sitio de trabajo cuando ya hay una fila de gente esperándolos y primero desinfectan su espacio de trabajo, luego se ausentan nadie sabe para qué, luego atienden a unos pocos y luego ponen el rótulo de “cerrado” y se van a desayunar?  Estos utilizan el tiempo de trabajo para desayunar cuando esa comida se debe hacer en casa antes de irse al trabajo al menos en la disciplina laboral oficial.  Esos están robando el tiempo de las personas a quienes deben atender, para quienes el tiempo, precisamente, es de crítica y vital importancia.

Los peatones que se le lanzan en violación de la indicación del semáforo y hacen parar a los vehículos hasta que pasen los peatones de cada montón roban también;  roban el tiempo de los ocupantes de los vehículos que pueden ser cientos en cada caso, ponen sus propias vidas en peligro y las de los demás también.  ¿Son criminales o no que desafían a la autoridad y pueden matar?

De ejemplos podemos llenar todo un libro.  Lo que importa es percatarnos de que nuestra conducta cívica está impregnada de inmoralidad y criminalidad individual que nuestros propios ojos no pueden ver e identificar como tales.  Ni las policías, ni las leyes, ni las confesiones religiosas ni yo podemos hacer nada al respecto excepto, en mi caso particular, no ser yo el criminal.  Y de ahí en adelante que cada quien cargue con lo que le toque.

(*) Orlando García Valverde, Traductor-Intérprete Oficial

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3 COMENTARIOS

  1. Y si piensa en el poder judicial, se hace la fila para ingresar y muchos funcionarios entran despues de la hora, si va a una audiencia y llega 5 minutos tarde lo regañan, y los jueces asistentes a veces a una hora para iniciar una diligencia. Pasarelas de modelos masculinos y femeninos. Te atiende una persona pegada a un telefono enviando mensajes y ay cuidado reclamar casi es pena capital

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