martes 27, septiembre 2022
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Entre la epidemiología y investigación clínica

Cuando comenzamos a ver los casos del Covid-19, una enfermedad viral provocada por un coronavirus nuevo entre los humanos: SARS Cov-2, hubo una aprehensión en la población en general, médicos y personal de salud y la población en general. Era algo que creíamos no podría pasar: una pandemia, y que de hecho no debió haber sucedido, fueron pésimos los sistemas de alerta de la OMS, lo cual nos agarró a todos con los pantalones abajo. He podido darme cuenta qué hay demasiados factores, que fueron dejados de lado, por lo que fuera. Hay dos pandemias, la manejada por médicos y enfermeras y la manejada por epidemiólogos y periodistas. Por desgracia, acerca de la primera hay escasez de datos públicos, todo sucede en el silencio de los hospitales y los consultorios. Es entonces dónde brillan los datos estadísticos, que provocan pánico en la población y por desgracia son un terreno fuerte para las mentes insensatas, que crean verdaderas oleadas de mentiras y teorías conspirativas, que es además de sinónimo de cobardía una práctica deleznable.
Este virus, SARS Cov-2 es sumamente contagioso, con menor letalidad que los virus SARS y MERZ, pero mucho mayor que la de la influenza o gripe estacionaria (provocada por un coronavirus que vive entre nosotros). La gripe estacionaria ha disminuido a nivel mundial, posiblemente porque se han adoptado medidas mucho mejores contra el SARS Cov 2, igual ha sucedido en el caso de las diarreas infecciosas. La influenza si mata en muchos casos, demasiados quizá pero poco se sabe porque ni es negocio ni es noticia, por lo tanto se ha echado al olvido.
Ahora vamos a la parte clínica del Covid 19, se sabe mucho más que hace cuatro meses, gracias a la enorme cantidad de autopsias, ya se sabe que el ataque viral al pulmón es por lo general brutal, provocando inflamación aguda del parénquima pulmonar y trombosis de los capilares, con lo que un respirador convencional al tratar de meter aire a fuerza, termina provocando mayor destrucción, en Costa Rica el relativo poco empleo de respiradores quizá aunado a la excelente preparación profesional de nuestro personal de salud, ha salvado muchas vidas. Igual ha sucedido con los ventiladores de flujo que ahora la UCR fabrica. La reacción en algunas personas infectadas por el virus SARS Cov-2, que desarrollan el Covid 19, es una “tormenta de citoquinas (citokinas)”, digámoslo en palabras que todos podamos entender: es un suicidio biológico, una reacción exagerada del organismo (del aparato inmunológico) que en la finalidad de defenderse, acaba matando al paciente. Pienso, esto es personal, que el miedo es un sentimiento muy negativo que a la postre influye en algunas personas, porque debilita y trastorna el aparato inmunológico, los médicos más viejos lo sabemos bien.
No podemos confundirnos, todavía ni hay cura ni hay vacuna, se han producido muchos medicamentos, unos nuevos y otros viejos, que aparentemente bajan la carga viral (cantidad y calidad de los virus en el organismo), con lo cual el paciente puede lidiar mejor. Se está ensayando el uso del “plasma convaleciente” que de paso fue el mayor salvavidas en la Pandemia de 1918, pero se utilizaba la sangre entera. Ahora, gracias a la profesionalidad de la gente del Instituto Clorito Picado, se está avanzado en la producción de anticuerpos anti SARS Cov-2 en caballos, con lo que podremos tener un gran aliado en esta lucha frenética.
Recordemos que el “suero antitetánico” era producido en caballos y luego dejó de utilizarse, cambiándose por la Gammaglobulina humana híper inmune, (Hypertet) que provocaba menos reacciones de sensibilidad (anafilaxia o reacciones alérgicas adversas). Hay alrededor de 110 laboratorios en todo el mundo, trabajando por la creación exitosa de la vacuna, ya hay muchos resultados alentadores, cosa que no se pudo conseguir en el SIDA (no explicaré eso aquí porque es muy largo y no viene al caso).
La esperanza hoy es mucho más grande que hace tres o cuatro meses, aunque un triunfalismo sería letal, hay que seguir con el “protocolo de salud”: quedarse en casa, distanciamiento físico, distanciamiento social, lavado de manos con jabón, uso de gel alcoholado, utilizar mascarilla y saber utilizarla desde que se sale de la casa o del carro si se tiene vehículo. Lavado de ropa al regresar, quitarse los zapatos y desinfectarlos, bañarse.
No buscar información en las redes sociales, hacer consulta directa para cualquier detalle al ministerio de salud o a la CCSS. No creer en lo que “digan”, evitar relajamiento del protocolo de salud. Si hay fiebre, tos, estornudos, dolores musculares, malestar general: no vaya al trabajo ni se acerque a nadie, llame a su médico de confianza.
(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico

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