miércoles 8, febrero 2023
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La salud o la economía

De cal y de arena

El dilema no está entre constreñir la economía para achicar los riesgos de una explosión de la pandemia del covid-19 o abrir las puertas en el interés de reoxigenar el aparato motor de la economía. La disyuntiva está entre acatar las reglas de convivencia social en tiempos de pandemia o desafiarlas con las herramientas del desacato en una escala próxima a la zona de peligro fatal.

¿Será materialmente imposible, conductualmente imposible acatar la prevención del distanciamiento a 2 metros entre personas, tanto como la del lavado frecuente de manos con agua y jabón y la orientación del estornudo o la tos hacia la manga de la camisa? Hemos de convenir en que si observamos esas prevenciones podrá este país evadir el ataque devastador del Covid-19 y sin reducir a la inmovilización la economía. ¿Se nos olvidaron las reglas de la disciplina que pusimos en marcha en los primeros tramos de la aparición del coronavirus, cuando más bien se dejaron oír las demandas de la declaratoria del estado de sitio?.

Entonces el país pudo dominar el comportamiento de la curva que mostraba la incidencia de la enfermedad, con una mortalidad muy baja –entre las más bajas del mundo, igual ahora- y  abriendo los espacios necesarios para ejecutar la logística de aprovisionamiento de los hospitales y servicios de asistencia médica.  Logrado lo cual –como se evidencia hoy- el país puede decir que está capacitado para responder a las consecuencias de una segunda curva de irrupción pandémica.

Pero si terminan imponiéndose las conductas disruptivas que emergen de la vocación por la negligencia y la indisciplina, muy propias de una frágil educación cívica, de seguro nos irá muy mal. La observancia de los protocolos dictados por el Ministerio de Salud de que han hecho gala las mayorías habitantes en el país debe volver a normar las conductas sociales. Bien ha pregonado el ministro Daniel Salas que no se trata de detener el país ni de aflojar las medidas preventivas con la idea de reactivar la economía, omitiendo los peligros que puede haber de  una explosión de casos fatales. “Estamos tratando de habilitar fases para actividades que han estado suspendidas o disminuidas, pero si aquí tenemos transmisión ampliada o decenas de muertes por día, la actividad comercial se va a contraer automáticamente”, advirtió el funcionario.

Las restricciones habidas son secuela de la expansión acelerada de los contagios registrada últimamente. Todo está en que el país entienda la necesidad de observar una conducta social acorde con los protocolos dictados por la autoridad sanitaria.

Fácil y difícil, a la vez. Fácil como lo demuestran los resultados del comportamiento de la pandemia en las primeras semanas de su irrupción. Difícil como está constatándose en estos días con la conducta de quienes no guardan las distancias personales, ni evitan las aglomeraciones, ni se ocupan del aseo de las manos y presionan para que desaparezcan las medidas restrictivas dictadas en el interés de evitar un estado de cosas como el que han vivido otras sociedades, en Ecuador, en Perú, en Chile, en Brasil, en Nueva York…..

Ni qué decir de los conglomerados obreros contratados por empresas agrícolas violentando el dictado de las leyes laborales y sanitarias o de las normativas municipales, creando atmósferas propicias al contagio dadas las condiciones en que laboran, apiñados en reductos donde medio pasan la noche y soportan las lluvias –aún peores que los “barracones” bananeros de triste recuerdo- y atrapados por la inicua modalidad operativa de los subcontratistas de mano de obra. Fincas con un portón trancado por mil candados con el propósito de ocultar a los indocumentados y en previsión de la llegada de los inspectores de trabajo.

He ahí, sencillamente, el ambiente propicio para que el Covid-19 siente sus reales.

Como dije al principio: hay que auspiciar la convivencia de la salud y la economía; no se trata de preservar la salud al precio de constreñir la economía; tampoco reabrir puertas a riesgo de una explosión del coronavirus que no podamos encarar. Cuidado con la presión de los grupos de interés, unos u otros.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

 

 

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2 COMENTARIOS

  1. Parece que me recuerda el sitio de las Abras del autor Fabián Dobles, que describe las condiciones de los trabajadores en esos lugares y también a CALUFA , y que una señora del PLN dijo que nunca existio eso

  2. Calufa, Mamita Yunai, los escritos de Carmen Lyra y de muchos otros son testimonios de nuestro pasado que denuncian una y otra vez a una mafia de empresarios costarricenses capaces de lo peor para acumular riqueza sin nada a cambio. Al precio que sea.

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