domingo 26, junio 2022
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La solución a la violencia contra las mujeres no es legal

Columna Poliédrica

La columna de esta semana iba a ser de otro tema. No obstante, a raíz de lo que ha acontecido en la zona del valle de Orosí con una muchacha y que ello ha generado, nuevamente, todo un movimiento de grupos que abogan por una igualdad entre hombres y mujeres, me he inclinado por hacer las del salmón: ir contra la corriente.

Dadas las circunstancias, es necesario hacer algunas precisiones con la esperanza de dejar, lo más clara posible, la posición de quien escribe. Creo que nadie con un mínimo de educación, no necesariamente formal, puede estar de acuerdo en que haya un trato diferenciado entre hombre y mujer; por ejemplo, si una mujer hace el mismo trabajo que un hombre, ella debe recibir el mismo salario que él, en eso no debería haber discusión.

Lo anterior implica que en relación con esos objetivos generales no es difícil ponerse de acuerdo. Una mayoría de personas aprobamos la idea de equiparar, siglos de siglos, en que las mujeres han estado en desventaja en relación con los hombres. Lo dejo claro para que no quede ninguna duda en relación con mi posición en esa lucha.

Como no puede ser de otra manera, las diferencias comienzan cuando se plantea la forma de cómo lograr esos objetivos generales. Es en este punto en que tengo diferencias importantes con los procedimientos que han impulsado y utilizado grupos que abogan por estas ideas; especialmente, con aquellas medidas que han provocado un desequilibrio a favor de la mujer y en contra de los hombres. Esa situación algunos grupos de mujeres la justifican con base en el desarrollo histórico asimétrico que se ha dado entre ambos géneros.

No puedo estar de acuerdo, por ejemplo, con la penalización desmesurada que se ha venido dando en relación con los hombres. Por supuesto nadie puede avalar, que un hombre diga vulgaridades o se crea con la potestad de tocar o golpear a una mujer; empero, lo que no está bien es que la persecución de esos tipos penales se hagan con base en la presunción de culpabilidad del hombre.

Hay muchos hombres que han sufrido esta inversión del principio de inocencia. Conozco personas que han sido desalojadas de inmuebles que heredaron, es decir, que no entran en la categoría de bienes gananciales, solo por el hecho que su pareja afirmó que era objeto de violencia, situación que después fue desestimada porque no era cierta. Se trata de denuncias irresponsables que tienen consecuencias reales para los hombres y ello no se está considerando por los legisladores que, en su mayoría, tienen miedo de ser considerados como machistas o que no apoyan la causa de las mujeres.

Esta situación también ocurre si una mujer afirma haber sido objeto de una expresión que ella considera ofensiva o vulgar. Con solo su dicho, la fuerza pública debe intervenir contra el supuesto infractor; en otras palabras, el hombre queda sometido a una presunción de culpabilidad con base en el mero dicho de cualquier mujer que se considere ofendida.

Esta forma de proceder, lo digo claramente, constituye un retroceso y nos acerca más a un procedimiento inquisitorio que, se supone, ya estaba superado por el procedimiento acusatorio moderno.

Lo peor es que este aumento en las penas no ha disminuido los casos que se pretenden prevenir. Ello no es un fenómeno nuevo, es una situación que también ha ocurrido con otros tipos penales, es decir, el frío no está en las cobijas; la solución deberíamos buscarla en otras propuestas que no son, necesariamente, legales y punitivas.

Decidí escribir sobre este tema, porque la mayoría de personas no se atreven a señalar estos aspectos y menos en este momento. Medios de comunicación, “expertos”, políticos de todo tipo, operadores jurídicos y hasta la academia, han optado por subirse en la ola promovida por grupos que promueven aumentar las penas y crear más tipos penales contra un idea genérica y abstracta de un hombre machista, violento, irresponsable y que hace todo lo posible por mantener lo que han denominado el régimen patriarcal.

En lugar de estigmatizar a ese hombre abstracto y genérico, se debe trabajar en otros frentes que pueden ser más efectivos que los ensayados hasta este momento. Me atrevo a indicar que la forma más eficiente y eficaz para lograr los objetivos que permitan una mayor equidad entre hombre y mujer está en la reeducación de la propia mujer. En la sociedad patriarcal y machista, durante siglos, la formación y socialización de los hombres ha sido realizada por las mujeres; son ellas quienes tienen la llave para promover la formación de varones, que aboguen por una sociedad en que no haya discriminaciones entre hombre y mujer.

Hay mucha tela que cortar en relación con este tema. Evidentemente estas líneas no agotan la discusión, pero lo que no puede ser es que no se analice y discuta las medidas que se vienen adoptando. Hay gente que no lo hace porque, como dicen, en este momento es políticamente incorrecto; no obstante, si seguimos así, con esos temores, finalmente podemos ser presa de esa actitud timorata y carente de reflexión.

Esperemos que estos temas se puedan discutir con argumentos. El problema no son los objetivos de equidad que se enarbolan, ni el que se evite la violencia contra las mujeres, el problema son los cómos, las formas para lograr esos objetivos. Se requiere serenidad y no posturas fanáticas en que se acusa, por ejemplo, en forma genérica a cualquier hombre que esté leyendo estas líneas que: el violador eres tú.

(*) Andi Mirom es Filósofo

andimirom@gmail.com

columnapoliedrica.blogspot.com

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5 COMENTARIOS

  1. De base no está mal, debemos apostar, como siempre se ha intentado, pero debemos volver a intentar reeducar a todos, especialmente a los ñinos y niñas que aún pueden estructurar una nueva convivencia, masculinidad y femeneidad positivas todas. Pero al corto plazo no queda más que las leyes respondan. No solo teniendo leyes más fuertes, sino que las actuales se apliquen sin dilación y que se cumplan las penas. Este tipo de barbaries deben ser enfrentadas con fuerza por nuestra sociedad y el aparato judicial, quienes deben considerarlo justamente: que se cumpla la pena íntegramente sin condicionales al menos por 2 terceras partes de la condena y que se realice un archivo de seguimiento de los delincuentes sexuales.

  2. Como siempre el señor Mirom poniendo el dedo en la llaga. No solo las leyes no resuelven absolutamente nada, sino que esta ideología de género se va al otro extremo y nos somete a los hombres a procedimientos inquisitoriales. El punto es ese, con el cuento de la equidad, a los hombres nos están sometiendo a situaciones que no tienen nada que ver con la dichosa igualdad que promueven. Una buena cantidad de mujeres educan a sus hijos en el esquema machista, al punto que si no se comporta como «un hombre» lo cuestionan y hasta lo tratan de homosexual. Hay mujeres que son más machistas que los propios hombres y es allí donde está el punto de quiebre en que se debería trabajar.

  3. Gracias por su análisis en el que estoy totalmente de acuerdo. Agrego por mi parte la peligrosa directriz de que en un ente dado POR OBLIGACION debe haber una igual cantidad de hombres que de mujeres. Si bien es cierto que al no existir esa directriz PODRIA dar un resultado injusto en la conformación de un determinado grupo (diputados, por ejemplo) también es cierto que la imposición a la fuerza de esta igualdad podría traer resultados también injustos y tal vez hasta funestos. Tiene razón don Andy en que todo el mundo «se raja las vestiduras» para no ser tildado de machistas por una feroz mayoría.

  4. No deben pagar justos por pecadores, la maldad puede estar tanto en el hombre y la mujer, pero no de debe generalizar, hay muy buenos hombres que no son capaces de hacer daño a una mujer, al contrario nos cuidan, de ejemplo está mi esposo y mis bellos hijos varones , por ellos, soy una mujer feliz.

  5. Es curioso que esta columna en que el señor Mirom dice, de manera respetuosa y acertada, lo que muchos pensamos, hombres y mujeres, no haya tenido muchas reacciones. Debe ser que no solo por la forma sino por el fondo, las feministas radicales saben que, efectivamente, se ha incurrido en excesos que muchas dicen: es el costo que tienen que pagar los hombres por todos los años en que hemos estado sometidas a ellos. Ojalá hubiese otros columnistas como el señor Mirom que se atreven a decir las cosas y por dicha lo hace en este medio porque en los del gran capital, jamás de los jamases, le publicarían ni una línea.

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