domingo 25, septiembre 2022
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El Covid Fiscal-Setiembre 2020

Padrino: FMI

Un paquete fiscal más. Recuerden el del ’18. Ahora es “para superar el impacto fiscal de la Pandemia”. La versión oficial está en el “comunicado 17 setiembre 2020” de la Presidencia. La prensa parece tener mayor información. Hay negociaciones. Se están envolviendo los tamales. Como ya se hizo norma, cuando nos demos cuenta ya saltó la liebre. Ni siquiera un proyecto formal de ley será noticia cierta, porque en la Asamblea Legislativa entra cualquier cosa y sale cualquier otra y al final “ni’un se sabe” por qué.

Los Diputados están nerviosos. Como conejos sin madre. Ya las próximas elecciones están más acá que allá. Podría darse el contexto de que ya no quede por quién votar, para variar.

¿No era que todo menos más impuestos? El valor de la palabra de un político es una de esas cosas invaluables.

Los salarios se congelarán por años, de acuerdo a la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, mientras la deuda pública no baje del 60% del PIB. Pero esto no bastará.

La “movilidad laboral” (rescisión de mutuo acuerdo con pago de prestaciones y bonificación adicional) es cara y en esta época más parecería cosa de matriculados en una academia de suicidas. Muchos, de los que están sin hacer mayor cosa, preferirán seguir haciendo eso y esperar.

Algunas ideas, aunque viejas, son buenas, como la de reducción del financiamiento a partidos políticos. De todos modos el verdadero costo de las compañías nadie nunca lo sabrá y ese financiamiento se sigue (y seguirá) prestando para toda clase de embutidos.

Lo de disminución de costos de electricidad tampoco es algo nuevo. Lo que ahora se está demostrando es que no había control eficaz.

Lo de devolución a la gente más pobre del IVA, como infinidad de estas ideas, se oyen bien pero se prestará para toda clase de chorizos.

El tributo a las transacciones electrónicas bancarias originará un serio retroceso. Habrá que volverse a acostumbrar a manejar efectivo y a hacer colas en los bancos, con más riesgo de contraer la pichulosis de moda. Justificar ello con que es para compensar a la Caja de la rebaja en las cuotas sociales patronales que se propone no huele bien. Ya sería una buena noticia que no se van a aumentar las cuotas patronales, pero rebajarlas es exagerar subsidios. La Caja, en la post-Pandemia, será la más aporreada. No hay razón válida para arriesgarla más, aparte de que las cuotas a pagar a la Caja no deberían ser carta de juego para el Gobierno.

El “Comunicado” del Gobierno habla de afectar “salarios (y pensiones)”. A los salarios se les montará un impuesto sobre la renta más escalonadamente. Respecto de las pensiones no dice nada. Recuerden que en el 18 se les aumentó la Renta, en el 2020 se les aumentó la contribución especial y ahora, entonces, viene otro aumento sobre la Renta. Recuerden que el tope legal de afectaciones es el 55%, ya salvaje. Y recuerden que ese 55% sería, aunque confiscatorio, un tope, no una meta. Por supuesto que ese 55% es solo para jubilados, mismos que no tendrán puesto en las UCIS, mismos que no serán vacunados siquiera.

El IBI (impuesto territorial) se toca. Es y no municipal. Se triplica (no lo dice el “comunicado”), sino la prensa, que sabe más de lo que le enseñaron. El aumento (¡brujos!) iría para el Estado (tampoco lo dice el “comunicado” que aparece en Internet). Sea, corrongos, las Munis del aumento no verán ni un peso (sí lo verán pasar, porque son recaudadoras).

No sería el primer paquete fiscal que se descarrila. De todos modos, ya los que saben anuncian que ni el FMI lo aceptará. Sobre todo porque  no hay nada relevante en reducción del gasto público.

Mientras, seguiremos pandemiados, a la espera (los que van a ser vacunados) de que aparezca la vacuna salvadora, sea rusa, china, gringa o cubana,  o quizá algún fármaco milagroso, aunque sea a base de pichichío o de mariconchi. En cuanto a restricciones, no exageren, porque ahogan la economía. Ya está demostrado que hay que convivir con la pichulosis pero hay que poder seguir trabajando. Nada ganamos con terminar vivos si acabamos totalmente desnutridos, arruinados, locos, desilusionados de la vida, divorciados, sin plata ni para el bus o para comerse una empanada. No fueron estos tiempos buenos. Algo estamos pagando. Ni pierdo el tiempo diciéndoles que se arrepientan. Ya es tarde.

(*) Muro Murillo A. es Abogado

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