miércoles 7, diciembre 2022
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Puerto de Arenas. Adriano de San Martín

Lo primero que deseo hacer  es agradecer al poeta Adriano de San Martín el honor que me hizo al invitarme como presentadora de su poema Puerto de Arenas (BBB Producciones, San José, 2020). Esa oportunidad generosa me devolvió la ilusión y el empuje para pensar en cosas bellas, y olvidar al odioso Coronavirus y sus protocolos.

Por otra parte, también agradezco que Adriano me ofreciera presentar uno de sus poemas eróticos, porque es un tema que me ha interesado desde hace años; lo he trabajado en algunos ensayos,  y me sigue pareciendo uno de los asuntos más hermosos y misteriosos a  considerar. Entre otras razones, porque estoy de acuerdo con George Bataille cuando dice en su libro: El erotismo (Tusquets Editores, Barcelona, 2005):

“En tanto que es un animal erótico, el hombre es para sí mismo un problema. El erotismo es nuestra parte problemática… Entre todos los problemas, el erotismo es el más misterioso, el más general, el más aislado. Para aquel que no puede eludirlo, para aquél cuya vida se abre a la exuberancia, el erotismo es el problema personal por excelencia. Es, al mismo tiempo, el problema universal por excelencia. El trance erótico es también el más intenso (exceptuando, si se quiere, la experiencia de los místicos). De modo que está situado en la cima del espíritu humano.”

Y esa maravillosa característica del ser humano visto como “animal erótico” nos diferencia del resto de los animales, en la medida en que nos brinda una opción diferente a la simple finalidad reproductiva, como tan claro lo expresa el poeta Octavio Paz cuando nos recuerda que “…el acto sexual dice siempre lo mismo: reproducción. El erotismo es sexo en acción pero, ya sea porque la desvía o la niega, suspende la finalidad de la función sexual. En la sexualidad el placer sirve a la procreación; en los rituales eróticos el placer es un fin en sí mismo o tiene fines distintos a la reproducción.” (La llama doble: amor y erotismo; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1997).

Esa explicita frase sobre una de las principales diferencias entre sexualidad y erotismo me lleva de inmediato a pensar en la primera parte del poema Puerto de Arenas, donde encontramos y nos deleitamos con una relación erótico-amorosa en su apogeo, cuya descripción comienza con el maravilloso viaje al Puerto: los paisajes, los lugares visitados, los juegos eróticos vividos con plena intensidad por una pareja de amantes a quienes en todo momento imaginé libres, porque – evidentemente, al menos para mí–, estamos ante un hombre y una mujer que sólo desean gozarse mientras gozan de la  exuberante naturaleza que los circunda; viviendo libres aquel presente de éxtasis, lejos de la cotidianidad utilitaria de la vida familiar y pedestre.

En fin, en esta primera parte asistimos como espectadores a los lugares y a las situaciones eróticas que describe el poema y nos contagiamos de las vivencias, del “hambre de piel” mutuo, fogoso y apasionado de la pareja de protagonistas; pero también de ese ambiente cálido que nos invita a soñar.

De hecho, el poema inicia con dos bellísimas y muy bien escogidas citas: la primera de Octavio Paz, la segunda de Anna Ajmátova; ambas referidas a un tema común que retomo después. De momento quiero señalar lo que Octavio Paz nos dice de la relación que existe entre la poesía y el lenguaje. Relación que, parafraseando al poeta mexicano, semeja la que se da entre el erotismo y la sexualidad; porque, si la finalidad del lenguaje es la comunicación, en el poema esa finalidad se desvía:

“En el poema, la linealidad se tuerce, vuelve sobre sus pasos, serpea: la línea recta cesa de ser el arquetipo a favor del círculo y la espiral […] Las palabras no dicen las mismas cosas que en la prosa; el poema no aspira ya a decir sino a ser. La poesía pone entre paréntesis la comunicación como el erotismo a la reproducción”

 Y esa puesta entre paréntesis es algo que sentí muy presente en el poema Puerto de Arenas: sus venturosos personajes no dudan en gozar del apasionado encuentro, del paseo callejero, restaurantes, playas, entrevero de turistas y locales. No vacilaron en poner entre paréntesis la cotidianidad de sus vidas, sus prosaicas circunstancias de siempre; y, es por eso mismo que, ya desde el principio, se anuncia el final, a veces entre sueños, acaso con pre-sentimientos que más parecen revelaciones fugaces pero convincentes de que habrá un final.

Dice el poema:

“Después del amor uno queda en el limbo. Y teme que esto se acabe. Que sea un sueño. Una ensoñación al final del camino. Teme que la extrañeza sea mutua.”

Sin embargo, independientemente de que se acabe lo vivido de manera tan intensa; en medio de ese paisaje tan poéticamente dibujado; aun queda un refugio, un refugio personal y muy íntimo para quien decida recrear lo sucedido; pero, esta vez, gracias a la imaginación. Recreación que, por cierto, sorprende incluso al protagonista, cuando nos habla del regreso a los mismos lugares para encontrarlos tan cambiados; para darse cuenta de que, lo que sea que se vivió tan intensamente, puede volverse a vivir una y mil veces más. Pero ahora a través del propio erotismo y de la libertad absoluta que le regala su imaginación:

“Repaso las fotos del otro verano.

Nuestras instantáneas de arena en el recuerdo.

Imágenes rehabilitándose en el fuego del regreso”.

[…] Lo fantástico, sin duda, es lograr platicar aun conmigo. Y luego escribirlo

Aquí retorno yo, en mi calidad de lectora-observadora que se deleita, para señalar ese re-vivir, ese sentir la presencia de quien ya no está y ese poder plasmarlo en frases como esta otra:

“Hay un bombeo de sangre extraordinario cuando la veo dormir en mi soñar despierto”

Lo cual  me conduce a un nuevo aspecto del erotismo que quiero rescatar: el talento de sentir nuevas vivencias íntimas y personalísimas a través de nuestras fantasías. Porque esa capacidad de fantasear sobre cualquier tema, pero especialmente en el terreno erótico, es otra característica “humana demasiado humana”. Gracias a las fantasías podemos sentir y generar nuevos éxtasis. Y es que en el poema Puerto de Arenas, esa imaginación permite al protagonista vivir momentos casi místicos; ahora coloreados por una nostalgia que eleva los recuerdos a otra dimensión y  le permite re-vivir lo perdido, una y otra vez.

En esa segunda parte nos  volvemos cómplices del protagonista y, gracias a la destreza del poeta, lo acompañamos en este nuevo viaje en solitario. Los lugares visitados en pareja son los mismos, pero ya no son iguales. La melancolía, la nostalgia y la mirada del poeta embellecen los mismos sitios, en la medida en que son recreados al lado de una compañera que ya sólo vive en su imaginación, en sus fantasías eróticas.

Parafraseando el epígrafe de Anna Ajmátova, todo lo sucedido en aquellos lugares, y luego re-vivido por la fantasía del poeta, se convierte en un paraíso incomparable. Aquí cabe preguntarse, al igual que nos interroga el poema: ese paraíso “¿…podría convertirse en terrible afección?”. La pregunta queda y nos invita a reflexionar.

Luego de la lectura que tanto disfruté, surgen nuevas preguntas: el poema ¿es una metáfora del amor y de la vida misma? ¿no estamos siempre viviendo relaciones y situaciones cambiantes que inician y terminan, como la vida de cualquier mortal? Porque, al final de cuentas, los seres humanos somos, metafóricamente hablando, no  otra cosa que: “…unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena…” como dice Octavio Paz en el epígrafe de Puerto de Arenas.

Creo que sí, que Puerto de Arenas logra trascender su sentido mismo, nos regala una hermosa metáfora de la vida y de nuestras relaciones de pareja. Como también creo en el poder de las fantasías para ayudarnos a re-memorar y reconstruir lo más hermoso de nuestra historia personal y de esas mismas relaciones. Incluso, para vivir otras vidas y sentir nuevos estremecimientos al imaginarnos protagonistas de grandes amores, de aventuras apasionadas y de viajes inolvidables; como lo hacemos gracias a la Literatura en general y, a la Poesía en particular.

Y es que, a través del erotismo –experimentado de esta manera tan íntima, pero a la vez tan libre y desprejuiciada como lo dibuja Adriano de San Martín en su poema–, entramos en una especie de juego, en un derroche de nuestros sentidos, los cuales se ponen al servicio de nuestra imaginación; y, por ende, al servicio del cuerpo y del placer. Como expresa Ester Perel, en su libro Inteligencia Erótica (Temas de Hoy, Madrid, 2007):

 “…las fantasías sexuales incluyen cualquier clase de actividad mental que genere deseo e intensifique el entusiasmo. No es necesario que estos pensamientos sean gráficos ni que estén bien definidos. A menudo carecen de cohesión: son más sensaciones que imágenes, más sensuales que sexuales. Prácticamente cualquier cosa puede infiltrarse en nuestra imaginación erótica: recuerdos, olores, sonidos, palabras, momentos específicos del día, texturas… todo puede ser considerado una fantasía siempre y cuando ponga en movimiento la rueda del deseo.”

Lo maravilloso, lo extraordinario, lo que nos regala Puerto de Arenas, para nuestro gran deleite, está muy bien resumido en la frase, antes citada:

“Lo fantástico, sin duda, es lograr platicar aun conmigo. Y luego escribirlo”

Porque,  aunque todos los seres humanos somos “animales eróticos” y gozamos de la infinita capacidad que nos permite crear fantasías; pocos intentamos cultivar el arte de convertir en poesía nuestras vivencias y esas mismas fantasías. Pero, además, pocos, muy pocos, nos hemos tomado el trabajo y la disciplina que permite convertir en poema o en otras formas de arte los sentimientos, las experiencias, lo imaginado  y la vida misma.

 Así quiero cerrar mi comentario: con el reconocimiento y la admiración que me inspiran las personas que han dedicado su vida al Arte en sus distintas manifestaciones. Personas como Adriano de San Martín– quien nos cuenta en el Liminar de su libro: Rueda de la vida. Antología Personal (BBB Producciones, San José, 2015):

 “…Quiero decir que, en las dos últimas décadas del siglo veinte y en lo que va del XXI, he venido batallando con las palabras y la incomprensión de muchas gentes, y a pesar de ello, o contra ello, dando a conocer los resultados  de una lucha sin fin y sin pena ni gloria. Mejor dicho, con más pena que gloria. Y no me corro…”

¿Cuántas personas podríamos dar muestra da tanta constancia y dedicación al servicio del Arte? Desgraciadamente no muchas. Así que, una vez más, gracias Adriano de San Martín por tu amor a la Poesía y por no dar tregua a tu empeño creador. Mis mejores deseos para vos y para tu obra admirable.

(*) Nuria Rodríguez Gonzalo es abogada.

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