viernes 28, enero 2022
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Las vulgaridades al descubierto.. y la democracia en peligro

Osvaldo Burgos Pérez expresaba el día de hoy en una nota titulada  Debate Trump vs. Biden: espectáculo vergonzoso, lo siguiente: Anoche el mundo tuvo la oportunidad de presenciar un enfrentamiento entre candidatos a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica que, más que un intercambio de ideas para atender los asuntos urgentes de dicho país, se convirtió en un evento circense de mal gusto.

Por un lado, tuvimos a un presidente Donald Trump que hizo gala de su estilo fanfarrón e irrespetuoso y, por el otro, al candidato Joe Biden que parecía desenfocarse con las constantes interrupciones y comentarios de su contrincante, aunque tuvo momentos de gran impacto cuando miraba fijamente a la cámara y se dirigía directamente al pueblo norteamericano. En términos generales se puede afirmar que Biden lució más como una figura de Estado frente a un presidente Trump que hizo gala de sus auto adulaciones que, aunque sumamente desagradables, parecen gustar a un amplio sector del pueblo estadounidense.

En los años que llevo observando eventos como éste, nunca había presenciado tal nivel de vulgaridad, tal ausencia de mensajes serios, la ausencia de referencias hacia un programa de gobierno (Trump ni siquiera presentó uno a su propio partido al momento de aceptar su candidatura), y la demostración más evidente de la forma soez con que se dirige el candidato republicano a su contrincante, obligando a este último a responderle diciendo algunas verdades.

Pero, qué se puede esperar  cuando la ultraderecha evangélica, misógina, homofóbica, y otras características tan vergonzosas como las señaladas, tiene a su más depurado ejemplar de la ausencia de pensamiento, sino más bien de la mediocridad y falta de clase, como su candidato.

Quiero presentar el siguiente catálogo de trucos sucios a los que Trump parece estar recurriendo, según lo expresa Mark Leonard en El País:

El primero es la demonización de la historia. Los líderes populistas promueven sus plataformas políticas mediante la polarización y la división social. No les importa alejar e insultar a algunos votantes si con ello energizan a su propia base. Al mostrarse como los campeones de la grandeza nacional, quieren determinar quién cuenta como ciudadano auténtico y quién no. Esta práctica inevitablemente trae la historia al primer plano.

Otro enfoque relacionado se podría llamar la política de la posverdad. Estos líderes prefieren comunicarse directamente con los votantes mediante vídeos de propaganda y las redes sociales, ya que así pueden evitar hechos inconvenientes que los expertos puedan plantear. En este ecosistema mediático, la comprobación de hechos no tiene mucha demanda, ya que la gente que tiene que conocerla no está dispuesta a escuchar, o se niega a creer cualquier cosa que digan los medios “liberales”. En muchas democracias, las noticias falsas son hoy más comunes en el nivel local, donde los operadores políticos han llenado el vacío dejado por el declive de las administraciones tradicionales de las ciudades y regiones.

Una tercera táctica es enfrentarse a su propio Gobierno. Se dice que el término “estado profundo” se originó en Turquía en los años noventa, pero hoy figura de manera prominente en los discursos de Trump, Orbán, Erdogan, Johnson y el gobernante polaco de facto Jaroslav Kaczynski. Al culpar a personajes sin rostro y sospechosas camarillas que operan en las sombras, todos estos líderes tienen una excusa lista para cualquiera de sus fallos.

Un cuarto elemento es la supresión de votos. Como los constantes intentos de Erdogan de desempoderar a los votantes kurdos, Trump y el Partido Republicano están desesperados por privar del derecho a voto a los afroamericanos. Para un potencial hombre fuerte que ya está en el poder, la necesidad de inclinar las bazas electorales abre la puerta a todo tipo de ataques a los procesos democráticos.

Otra táctica autoritaria común es jugar la carta de “la ley y el orden”. Al calificar las protestas del movimiento Black Lives Matter como una erupción de violentos saqueos “urbanos”, Trump repite la estrategia racial empleada por todos los expresidentes republicanos desde Richard Nixon, y utilizada más recientemente por Erdogan durante las protestas en 2013.

El problema para los demócratas estadounidenses, y los del resto del mundo, es que todas estas técnicas tienden a funcionar mejor cuanto más se las utilice. La comprobación de los hechos para las noticias falsas puede, sin advertirlo, propagar más aún la desinformación. Las advertencias sobre supresión del voto pueden convertirse en profecías autocumplidas si suficientes personas llegan a la conclusión de que no merece la pena participar. Denunciar las violaciones por vía judicial crea la impresión de un golpe mortal a la democracia. Para evitar estos efectos, el proyecto de corromper la democracia se debe identificar, denominar y analizar a través un nuevo ángulo.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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3 COMENTARIOS

  1. Y no ha sentido lo mismo por los vergonzosos debates de nuestros políticos corruptos. Muy fácil ver la viga en el ojo ajeno. Que el señor Trump sea reelegido. Eso es lo correcto para el mundo, en este momento histórico que vivimos.

  2. El » estado profundo » es lo que tenemos aqui en Costa Rica.El gran problema de nuestro pais,y lo que nos tiene quebrados, es el gran estado y su empleomania,ineficiente y cara.
    Curiosamente los hispanos, en la cadena Telemundo, de la NBC,MSNBC, enemigos acerrimos de Trump, sus televedientes votaron 66% a 33% que Trump habia ganado el debate.
    Si bien es cierto Trump es sumaente agresivo, el otro señor Biden,parece que ya lo que le falta es que le pongan los algodones en la nariz.
    Law and Order, eso le dara el triunfo a Trump, pues los norteamericanos vieron durante la pendemia sus ciudades siendo quemadas y saqueadas por los radicales de izquierda.
    Hay que recordar que en EEUU ser socialista es como en Costa Rica ser capitalista. Mal visto.

  3. El presidente de la otrora gran potencia, ahora solo les queda el pellejo, amenazar con destruir, invadir ( Confiscar o robar???) y los seguidores de un evasor de impuestos, que su gran negocio es sacar provecho de las quiebras Durante la crisis inmobiliaria. JP Morgan recibio beneficios estatales. Y los CEO les llenaron sus bolsas con millones de los contribuyentes A esto apuestan nuestras seudo fascistas

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