miércoles 8, diciembre 2021
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La formulación del pensamiento. Parte I

Para poder pensar, es necesario tener un mínimo de léxico integrado a nuestro intelecto. El empleo perenne de muletillas lingüísticas, hace sin duda que nuestro pensamiento sea breve, no sea lo suficientemente amplio para poder elaborar tesis o premisas que nos hagan superar esa tendencia crónica hacia la mediocridad aceptada como normal. Si de por si la misma lengua se presta a la dispersión mental, cuanta más razón habrá teniendo escaso vocabulario. Muchas veces la persona que lee, se cansa pronto, pero además de la costumbre está algo mucho más importante: el esfuerzo vano por entender las ideas, entonces para evadir el trabajo de aprender, mejor no se lee. Si no se lee, usualmente se sabe poco, si se sabe poco seremos fácil presa de quienes si tienen pensamientos bien estructurados. Esto no tiene nada que ver con la sabiduría popular, la nata del campesino, es un tipo de sabiduría adaptada a los impulsos y las pulsiones.
He pensado desde joven, quizá debido al hecho de convertirme en bilingüe de manera autodidacta, logrando en primer año de medicina estudiar la mayoría de mis materias en inglés, primero porque los libros costaban en inglés una tercera parte que en español, segundo porque lo comprendía muy bien. Al pasar los años me ayudaría muchísimo durante la especialización y después en la práctica para leer revistas y ahora en esta era de la internet, asistir a seminarios virtuales. Logré pensar en inglés sin esfuerzo, no recuerdo haber soñado en inglés pero es que los sueños no tienen idioma, no hasta donde yo lo sé.
Mi único pero del inglés, estaba en el hecho de que en la literatura no disfrutaba igual que lo hacía en español. Desde luego me refiero a novelas y cuentos, de una buena traducción: v.g. Edgar A.Poe traducido por Julio Cortázar. En las novelas y en los cuentos me siento mejor con el español, salvo en la poesía donde me encuentro muy a gusto con los poemas de Yeats, Baudelaire, Malarmé, Wilde, en sus respectivas lenguas. Trataba siempre de buscar la razón, de que así como disfrutaba mucho más una novela en español igual disfrutaba más leyendo sobre tumores óseos en inglés. Tenía una vaga idea, el inglés siendo una lengua más concreta, lleva rápidamente a la interpretación correcta de el tema, en español ese mismo tema es mucho más diluido, más disperso. Lo había notado cuando en la Universidad Autónoma de Guadalajara, me ganaba algunos pesos haciendo traducciones para la Escuela de Medicina, donde muchas veces daba rodeos para explicar algo que con dos o tres palabras estaban claras en ingles. Eso si, me generaba mayor ingreso, porque al final eran mucho más páginas en español que en inglés, habíamos varios amigos que comentábamos eso.
Ya con el paso de los años, seguí sintiendo esa misma sensación de exactitud en inglés, que no lograba en español, aunque el español me daba mucha más serenidad durante la lectura de una obra vasta, como La Rebelión de Atlas, de Ayn Rand, con sus mil doscientas páginas tan bien encadenadas unas a otras, sin que la autora se extraviara ni el lector se confunda.
Me llamaron hoy para entregarme la última publicación de Mario Vargas Llosa: “Medio siglo con Borges”, no pude resistir empezar a leerlo, ahí me encontré una excelente explicación. Un personaje borgiano, <Marta Pizarro, en el cuento “El duelo”, leyendo a Lugones y a Ortega y Gasset, confirma su sospecha de que la lengua a la que estaba predestinada, es menos apta para la expresión del pensamiento o de las pasiones, que para la vanidad palabrera>. Mario Vargas explica: “el español, como el italiano y el portugués, son idiomas palabreros, abundante, pirotécnico, de una formidable expresividad emocional”. Logré constatar que lo que hace muchos años pienso, otros lo piensan y lo expresan. Me he preguntado muchas veces, quizá esta noche será una larga lucha entre mis pensamientos, que se verán constreñidos a ampliar esos conceptos a la triste existencia de los pueblos que hablamos lenguas romances*.
*Actualmente, el número de lenguas romances son más de veinte, aunque lo cierto es que muchas de las variedades regionales están amenazadas y sólo media docena de ellas tienen un uso general y varios millones de hablantes por todo el mundo.
Entre los idiomas que agrupan las lenguas romances podemos encontrar las siguientes: en el grupo galorrománico están el francés y el arpitán, en el grupo italo-rumano están el rumano, italiano y el siciliano, en el grupo occitano-románico están el occitano el friulano y el catalán, en el grupo iberrománico están el navarroaragonés, el español, el asturleonés, el gallego y el portugués.
(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico.

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