miércoles 26, enero 2022
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Autoritarismo y violencia neoliberal

A diferencia de Chile donde el neoliberalismo se impuso como política económica después de un golpe de Estado y una cruel y brutal represión por parte del ejército, encabezado por el general Augusto Pinochet, en Costa Rica se impuso después de una negociación con el Fondo Monetario Internacional, con impactos menos privatizadores pero siempre devastadores en lo social.

El filósofo Constantino Láscaris logró percibir que la oligarquía costarricense, sin seguir el patrón dominante en América Latina, había logrado someter a su pueblo sin necesidad de ejército.  Efectivamente, en el país se desactivó el dispositivo militar  pero se activó el ideológico y cultural, para contener los impulsos transformadores de gran calado. Se instauró, así, un sistema que privilegia la dominación cultural e ideológica. La violencia asume una dimensión predominantemente simbólica y política, propia de una “cultura autoritaria”.

Así lo constata el sociólogo Manuel Solís: “Ni la insignificancia del ejército ni su abolición pueden identificarse con la desaparición de la violencia política […] El fondo del asunto lo pusieron en palabras los jueces insubordinados del año 2.000, cuando hablaban de una institucionalidad marcada por una cultura autoritaria […] La arbitrariedad, la corrupción y las distintas formas de violencia civiles pueden convivir, e incluso escalar, con un discurso de paz cuando este apuntala una cultura autoritaria” (Solís A. Manuel (2006) La institucionalidad ajena. San José, Editorial UCR, p.529).

Efectivamente, en las últimas cuatro décadas, nuestra oligarquía ha sabido imponernos el derrotero del autoritarismo neoliberal con un discurso de paz. En su primera administración (1986-2000) el expresidente Oscar Arias mientras propiciaba la paz en la región impulsaba la privatización de las telecomunicaciones en el país y un proyecto que pretendía privatizar al ICE, al mismo estilo que hoy proponen algunos economistas, es decir, vendiendo acciones de instituciones públicas al sector privado. En su segundo mandato (2006-2010), enarboló el lema de “paz con la naturaleza”, mientras decretaba la explotación minera a cielo abierto de interés público e impulsaba la firma del TLC con Estados Unidos, para, al fin, lograr privatizar las telecomunicaciones y profundizar el pacto neoliberal.

Hoy la oligarquía y sus voceros persisten en un discurso que  “llama a la guerra” contra la institucionalidad social y el empleado público. Nuevamente, apela a La violencia simbólica del discurso del miedo, ahora aprovechando el contexto de pandemia, para crear un enemigo del pueblo: el sector público, y legitimar, así, el rumbo privatizante para dar la última estocada al Estado Social de Derecho.

Se comporta con una alta dosis de desesperación porque se resiste a reconocer el fracaso rotundo de  su apuesta neoliberal, que solo ha producido desempleo, empobrecimiento y una escandalosa desigualdad social.  Una realidad que la pandemia se ha encargado de mostrarnos en toda su crudeza, y que debería conducirnos más bien a conjuntar voluntades políticas y sociales intersectoriales, para impulsar medidas y acciones alternativas dirigidas a fomentar la equidad para garantizar bienestar humano, social y cultural.

“En tiempos de epidemias es más fácil entender que un mundo construido sobre la indiferencia, la injusticia social y las profundas desigualdades es un mundo sin futuro» (Albert Camus, citado por Nuccio Ordine). Tal parece, que en este país no está resultando fácil hacer entender que llegó la hora decisiva de apostar por la  solidaridad, la justicia social y la equidad, es decir, por la Costa Rica post-neoliberal.

(*) Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.

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8 COMENTARIOS

  1. Una Costa Rica post-neoliberal ? De donde inventan tantas tonteras.Señor sociologo : el pais recibe $9 mil millones de dolares anuales por concepto de impuestos y cargas.Gasta o invierte en manejar el estado con 20 % de pobreza y creciendo,con $20 mil millones de dolares. Pedimos prestados $10 a $11 mil millones al año para poder cumplir con obligaciones.
    Dese una vuelta por el pais y vea,palpe, en las situacion que se encuentran los ciudadanos,especialmente fuera de la GAM.No es asunto de ideologias ,oligarquias o neoliberalismo es simplemente que gastamos mas de lo que ingresa.Si el pais desea mejorar su situacion tiene que abrirse y ser lo mas liberal posible para atraer inversionistas extranjeros.
    Que tico con su mente sana ,va a invertir sus ahorros o dinero en un emprendimiento sabiendo que el estado hara todo lo posible por ponerle trabas y si es exitoso ,llevarse la mejor tajada.No puede ser que sociologos o opinologos, que no tienen la menor idea de lo que es producir riqueza,y son puro verbo, jamas ayudaran a nuestro pais, sino hundirlo en sus teoriss de aula.

  2. Don Álvaro, la izquierda y el sector público de este país, deberían estar felices que el estado está haciendo esta negociación con el FMI y evitando a toda costa hacer más recortes al presupuesto (cosa que en mi opinión es la solución definitiva al déficit, y no otro préstamo más, que sólo patea la bola a un gobierno venidero). Con este préstamo se garantiza las universidades que no les toquen su sagrado FEES, y seguir manteniendo esa planilla gigantesca.
    Relájese don Álvaro, el FMI es su amigo.

  3. Doña Flora, solo eso trajo ?
    Siempre diciendo lo mismo , de seguro no tiene otra cosa que hacer, sus comentarios hasta ahí llegan, a ninguna parte, me imagino que está muy feliz, ahora tiene dos nombres, un verdadero vendedor de humo.
    Hágase un periodiquito y así verá siempre su “nombre “
    publicado .

  4. Como de costumbre, algunos trolles y gentes oficiosas eluden la argumentación esencial del texto de un artículo con señamientos tan precisos y delicados como este de Álvaro Vega Sánchez, si a todo lo anterior se añaden mentiras, distorsiones y verdades a medias, además de afirmaciones aventuradas y tendenciosas sobre los temas tributarios y relativos al gasto público, no queda más que admitir que en Costa Rica estamos en el reino de la mentira más descarada. Esa inmensa falsedad que se repite todos los días para proteger a los grandes evasores fiscales y a los que lucran con las tasas de interés de los bonos de la deuda interna, unas gentes ahora se preparan para terminar de saquear este país, liquidando incluso algunas importantes instituciones y terminando de hundir la economía nacional al seguir reduciendo la demanda interna de bienes y servicios.

  5. Es triste que por el fanatismo político esté divido muestro pueblo, y no estén unidos para salvar nuestro país de títeres vendidos a mafias extranjeras.

  6. Ahora resulta que la apertura nos trae el paraíso. Por favor, el tipo de apertura que se ha venido impulsando es precisamente la que nos ha conducido a una sociedad cada vez mas medieval de ricos y pordioseros. Hay aperturas inteligentes y convenientes y las hay perversas y desatrosas. Y por supuesto, que no estoy de acuerdo con el préstamo al FMI aunque pueda significar esos aparentes beneficios. Claro que podemos romper el circulo vicioso del endeudamiento y el deficit fiscal si ponemos a tributar a quienes hoy hacen clavos de oro a costa de la clase media y de los pobres que sí tributamos, y producimos riqueza porque somos solidarios. Pienso que la señora Montoya subestima el aporte del educador costarticense y de la cultura a la riqueza material, humana y espiritual de nuestro pueblo.

    • Alvaro : Para pagar impuestos es indispensable tener un salario superior a 840,000 colones.
      Cuantos costarricenses , usted como sociologo, estima que en nuesto pais,tienen esos ingresos ?
      Tiene razon dña Flora,tenemos un clavo economico enorme,y es el aparato estatal.Mientras a ello no se le entre de lleno,Costa Rica va de pique y asi sus ingresos.

  7. Sí, pero no, como decia don Fabian Dobles. Hay que entrarle a ambos sectores: público y privado. El reino paradisíaco no ha llegado todavia de manos del mercado ni del Estado, por eso hay que regular a ambos. El problema es que aquí «colan el mosquito y se tragan al camello», como le decía Jesus a los fariseos fundamentalistas de su tiempo.

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