domingo 4, diciembre 2022
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La crisis del relato liberal

A los que, como es mi caso, sobrepasamos los setenta años, recordamos que se nos decía hace un tiempo que la información era poder. O concede poder… que es lo que realmente significaba.

Hoy. cuando estamos inundados de información irrelevante, tergiversada, e incluso engañosa, deberíamos decir que la claridad es poder. Pero no es fácil. porque vivimos demasiado ocupados por cosas más acuciantes que hacer: trabajar, atender a la familia, y varias cosas más, mientras la vida transcurre cuando estamos entretenidos con lo cotidiano, y al final nos damos cuenta que las cosas han cambiado mientras estábamos distraídos. Es decir, no logramos la claridad indispensable para no dejarnos llevar por los relatos que nos tratan de vender los grupos de poder e influencia planetaria.

Y mientras tanto, la existencia actual de sistemas de comunicación electrónicos que nos conectan en tiempo real los unos a los otros, lo cual es un innegable adelanto tecnológico, se han convertido en los canales a través de los cuales circula más basura que información veraz. Y es a través de ellos por los que tratan de vendernos las visiones (relatos) interesadas de quienes pretenden hacernos creer que tienen la comprensión de la realidad presente y futura.

Yuval N. Harari nos menciona que los humanos pensamos más en relatos que en hechos, números o ecuaciones, y cuanto más sencillo es el relato, mejor. Cada persona, grupo o nación tiene sus propias fábulas y mitos. Pero durante el Siglo XX las élites globales de Nueva York, Londres, Berlín y Moscú formularon tres grandes relatos que pretendían explicar todo el pasado y predecir el futuro del mundo: el relato fascista, el relato comunista y el relato liberal.

Se incrementa, entonces, la sensación de desorientación que transcurre sobre la disrupción tecnológica. Nos parece algo del pasado la interpretación fascista o comunista, y estamos cada vez más decepcionados de la visión liberar, mientras no encontramos alguna orientación que nos permita entender el presente y avizorar algo del futuro.

Y no es la primera vez que el relato liberal se ha enfrentado a una crisis de confianza. Incluso desde el momento en que dicho relato consiguió influir en la esfera global, en la segunda mitad del Siglo XX, ha experimentado crisis periódicas. Sobre todo porque su orientación está dirigida por lo general hacia las clases medias y altas, y se olvida de las necesidades y los apuros de las clases de menores ingresos y oportunidades.

Recordemos cómo, en la década del 90 tanto intelectuales como políticos saludaron lo que se llamó el fin de la historia y afirmaron confiados que todas las cuestiones políticas y económicas ya habían sido zanjadas, y que el paquete liberal renovado de democracia, derechos humanos, mercados libres y prestaciones de bienestar gubernamentales seguía siendo la única alternativa. Y con ello, al extenderse por todo el planeta, vencería todos los obstáculos, borraría las fronteras nacionales y transformaría a la humanidad en una comunidad global libre.  Y cómo, treinta años después, todo sigue igual o peor, las pugnas son mayores, se han creado bloques que pugnan entre sí por el control de ciertas actividades humanas, y el modelo oligárquico se mantiene incólume.

Es cierto, no podemos negarlo, que la lógica del capitalismo y el mercado libre estimulan a la gente para que albergue grandes expectativas, y de hecho las últimas generaciones han disfrutado de una educación relativamente mejor, una mejor atención sanitaria y unos mejores ingresos que las que las precedieron. Pero frente a nosotros se presentan dos fantasmas que atentan contra ello: la disrupción tecnológica y el colapso ecológico.

En nuestro pequeño país hemos visto grandes transformaciones en muchos campos, y nos vanagloriamos de ello, pero pecamos de ingenuos si creemos que estamos avanzando al mismo ritmo de las transformaciones planetarias que se están dando en lo político, lo económico, lo tecnológico, y muchas cosas más. Y de hecho hemos visto de qué manera hemos retrocedido en campos como la educación.

Nuestro políticos abrazaron el pensamiento liberal renovado con un entusiasmo digno de mejores causas y abandonaron la orientación social y democrática del pasado, que tantos avances logró, y hoy nos encontramos sin un relato propio. Sin una orientación clara.

En este año se iniciarán las contiendas políticas que nos llevarán hacia unas nuevas elecciones presidenciales, la ignorancia es cada vez mayor, la desorientación campea en todos los campos y niveles, la manipulación de la información, las medias verdades, incluso la mentira más descarada, campean a su antojo sobre las redes sociales y los medios de comunicación electrónicos y tradicionales.

No vemos un relato dominante, excepto el fundamentalismo religioso, hermano gemelo de la ignorancia; es decir; no vemos que los partidos políticos y otras agrupaciones sociales tengan una filosofía, un esquema de pensamiento que guíe su accionar y mucho menos su oferta hacia los votantes. Por ello nunca antes ha sido más importante estar avisados de lo que puede sucedernos en el futuro inmediato.

Nos vemos actualmente acosados por una crisis económica, una crisis de las finanzas públicas y las terribles consecuencias  de la pandemia que desde hace meses azota al mundo entero. Pero que ello no se convierta en un impedimento para contemplar la enorme diversidad de temas que deberán abordarse en las próximas campañas, cuando el relato liberal está demostrando sus debilidades más evidentes.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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1 COMENTARIO

  1. La situacion economica que se nos viene es critica.Por ende tendremos a su vez serios problemas de indole social.Como resolver,bajo que bandera ideologica sale un pais de semejante embrollo ? Un pais que desea vivir del ambiente y el turismo norteamericano y europeo.Es eso ? Si no complacemos a los clientes que exigen el liberalismo,nuestros atractivos como pais destino dejaran de ser y entonces que hacemos con nuestra nacion y sus deseos de desarrollo ?

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