miércoles 29, junio 2022
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Conflictos y protestas sociales más allá del 2020 en Europa

La Habana (Prensa Latina) Conflictos territoriales y marítimos, posturas divergentes dentro de la Unión Europea (UE) y fuertes cuestionamientos a países del bloque por políticas internas, matizaron el 2020 en el viejo continente.
Grecia y Turquía protagonizaron la extensión de un diferendo de larga data por el control de los recursos en el mar Mediterráneo, donde confluyen las costas de otras 19 naciones.

El diferendo llegó al paroxismo cuando en agosto el gobierno del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció el envío del buque Oruc Reis a esas aguas para comenzar acciones de prospección petrolera, que provocó enfrentamientos entre ambos países.

Tanto la UE, en la que Grecia milita, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a la que ambos pertenecen, mediaron en el conflicto para intentar calmar los ánimos y evitar un enfrentamiento a gran escala, inconveniente sobre todo para la alianza militar.

En agosto el vicepresidente turco, Fuat Oktay advirtió sobre la determinación de Atenas de aumentar las fronteras marítimas de las islas griegas de seis a doce millas náuticas, algo que consideró como una provocación.

Un mes más tarde el presidente del Consejo Europeo (CE), Charles Michel, ratificó su apoyo a Grecia, lo cual quedó validado en diciembre tras la aprobación de otro paquete de sanciones contra el país euroasiático.

El presidente Erdogan, quien en este conflicto cuenta con el apoyo de sectores de la oposición interna, afirmó que las acciones de protección de los recursos naturales que Ankara considera suyos en la zona puede incluir el uso de la fuerza.

Otra arista del diferendo bilateral tiene como centro a los migrantes luego de que en febrero el mandatario turco abriera las fronteras terrestres de su país para permitir el libre flujo de indocumentados hacia Grecia, en momentos en que la Covid-19 comenzaba a afectar al continente.

La situación provocó fuertes tensiones en la zona limítrofe, abusos contra los migrantes de uno y otro lado de la frontera y nuevamente la intervención de la UE.

Acuerdo migratorio europeo

Entre los hechos más trascendentes en Europa este año estuvo, precisamente, el nuevo acuerdo migratorio rubricado en septiembre.

Esta herramienta distribuye responsabilidades, refuerza los controles fronterizos y fortalece los mecanismos de reenvío de migrantes irregulares a sus países de origen, según la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen. De esta forma, el bloque regional intentó sortear la persistente negativa de República Checa, Eslovaquia, Polonia, Hungría y otros estados opuestos a acoger a los migrantes, y que resultó en el incumplimiento de las cuotas de reubicación decididas después de 2015.

Estos últimos países constituyen noticia en los días finales de este año por su negativa a rubricar el plan de recuperación económica para el 2021 bajo el argumento de que condicionaba el otorgamiento de fondos al respeto al Estado de derecho.

Estado de Derecho, protestas y dimisiones

Europa vivió también en 2020 violaciones del Estado de derecho, protestas y pedidos de dimisión, reflejado en varios países del bloque comunitario.

En Polonia el gobierno del presidente Andrzej Duda, reelecto este año, recibió duras críticas de la comunidad internacional y de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) por lo que consideran como violaciones de las libertades individuales y otros temas de política interna.

Los cuestionamientos responden a posturas lesivas al Estado de derecho que politizan el poder legal y destruyen la independencia de los tribunales en el país, según directivos regionales y fuentes de las ONG.

También condenan la falta de libertad de los medios de comunicación, la eliminación de los jueces del debate público, la introducción de sanciones disciplinarias para los magistrados y la legalidad de los nombramientos judiciales.

A esos reclamos se suma el rechazo popular a la nueva ley de aborto aprobada en octubre con 455 votos a favor, 145 en contra y 71 abstenciones.

El Parlamento Europeo condenó mediante una resolución la violencia policial contra los manifestantes opuestos a la normativa y denunció el uso de la fuerza por oficiales y grupos de extrema derecha que atacaron a los presentes en las protestas realizadas cada semana.

La directiva fue impulsada por el ultraconservador partido Ley y Justicia en el poder y reduce a dos los escenarios en los que se permite la interrupción del embarazo: peligro de muerte para la mujer y gestación resultante de una violación o incesto.

Por otra parte, tanto Polonia como Hungría comparten posturas en torno al tratamiento a personas pertenecientes a la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros e intersexuales), las cuales son segregadas por ambos gobiernos ultranacionalistas.

La Asamblea Nacional húngara aprobó una enmienda constitucional que excluye a parejas del mismo sexo de la posibilidad de adoptar, mientras en Polonia decenas de ciudades se declararon libres de esa orientación sexual.

Otro gobierno muy cuestionado este año fue el de Bulgaria, nación más pobre de la UE, donde las protestas sociales exigieron la dimisión del primer ministro, Boiko Borisov, y provocaron tensiones en el Ejecutivo.

Los manifestantes contaron con el apoyo del presidente Ruman Radev, quien en alocución ante la Asamblea Nacional calificó de inevitable la salida de Borisov, acusado por sus detractores de corrupción y de vínculos con el crimen organizado.

En ese escenario el primer ministro conservador intentó por todos los medios mantenerse al frente del Gobierno, pese a la continuidad de las manifestaciones apoyadas por la oposición socialista y por Radev.

Mientras en Alemania, que culmina el 2020 al frente de la Unión Europea, el partido Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller federal Angela Markel, sufrió reveses importantes en los comicios de Baviera y Hesse.

La actual jefa de gobierno anunció que no volvería a presentarse a la reelección como presidenta de la CDU, tras 18 años al mando de la formación y su sucesor será nombrado tras un congreso virtual a mediados de enero.

Así despide Europa el 2020, que dejó un lastre de desesperanza entre los migrantes, incertidumbre por la evolución de la Covid-19 y un plan de recuperación económica que parece insuficiente ante la debacle financiera actual, en tanto el 2021 será un año para intentar resolver los conflictos heredados.

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