miércoles 1, diciembre 2021
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Reino Unido se libera de la UE y se arriesga a la quiebra constitucional

Londres, 31 dic (Sputnik).- El Reino Unido abre el 1 de enero un capítulo independiente de la Unión Europea (UE) por primera vez en 47 años, pero los acuerdos del Brexit alcanzados por el primer ministro, Boris Johnson, dejan un reguero de perdedores, riesgos y condicionantes.

«Hemos recuperado el control de nuestro destino», clamó Johnson tras sellar el pacto del pos-Brexit, que permitirá al Reino Unido «obtener la libertad» a las 23 horas GMT del 31 de diciembre. La soberanía nacional, según proclamó el mandatario conservador, está protegida en el Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la UE y el Reino Unido, alcanzado en la Nochebuena.

Más papeleo burocrático

El pacto posibilita el comercio de bienes sin cuotas ni aranceles, pero introduce controles e inspecciones aduaneras que se habían eliminado décadas atrás. La actividad comercial entre la UE y el Reino Unido se estima en 660.000 millones de libras anuales (unos 700.000 millones de euros) y el conjunto de exportadores, importadores y transportistas tendrá que rellenar decenas de millones de formularios para cerrar operaciones que antes ejecutaban sin trámites burocráticos. La experiencia va a ser «accidentada», aventuró el ministro del Gabinete, Michael Gove.

Johnson apostó por un Brexit duro, fuera del mercado único y la unión aduanera, en su negociación con Bruselas. El acuerdo, dijo, implica «independencia política y económica» y la oportunidad de entablar una relación nueva con la UE. Por lo pronto, el Reino Unido desciende a la categoría de «tercer país» en cooperación policial y de seguridad, entre otras materias. Renuncia, además, a seguir participando en el sistema de extradiciones, que facilita la entrega de sospechosos y presuntos criminales entre los Estados miembros. Defensa ni se abordó en los diez meses de negociación.

Control soberano

El equipo británico priorizó la «recuperación de la soberanía» sobre intereses económicos o estratégicos. Johnson admitió que no fue «tan lejos como deseaba» en servicios financieros en el tira y afloja con la Comisión Europea. El sector se menciona de pasada en los documentos acordados pese a que representa el 80 por ciento de la economía nacional. En cambio, la pesca aporta el 0,04 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) británico y fue objeto de especial atención de ambas partes.

«Nuestros caladeros (…) simbólicamente son muy importantes», reconoció el primer ministro en una entrevista con The Telegraph. Sin embargo, la Federación Nacional de Organizaciones de Pescaderos (NFFO) denunció el «mezquino» pacto de Nochebuena como una «derrota» para la industria y la «rendición del Reino Unido». El gremio acusa a Johnson de «traición» y falsas promesas, particularmente, en la protección de las aguas costeras, la barrera de las 12 millas náuticas, que seguirá abierta a pesqueros franceses, españoles, irlandeses u holandeses.

Libertad condicional

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, cuestionó la interpretación de Johnson de soberanía. Richard Norton-Taylor, dramaturgo y corresponsal de Defensa en The Guardian, resaltó que, en armamento nuclear, «el Reino Unido siempre ha tenido que depender de otros, en este caso, de Estados Unidos». Otros apuntaron al «carácter práctico» y condicional del concepto en términos contemporáneos.

«El Gobierno tiene ahora la habilidad de divergir de las reglas de la UE en el futuro, pero si lo hace puede perder beneficios del tratado comercial. No es una libertad libre de cargos», explicó Sam Lowe, investigador del Centro de Reforma Europea (CER, en sus siglas en inglés) en el dominical The Observer.

Para Johnson, más importante fue la respuesta de la facción parlamentaria ultraeuroescéptica, que respaldó el acuerdo de Nochebuena. «Preserva la soberanía del Reino Unido», sentenció el panel de abogados del Grupo de Investigación Europea (ERG), que torpedeó previos entendimientos con la UE y hundió a sucesivos primeros ministros conservadores.

El Gobierno recabará el visto bueno del Parlamento de Westminster en sesiones extraordinarias previstas en ambas cámaras para este miércoles 30. Mientras, los presidentes del Consejo y la Comisión de la UE firmaron el documento original antes de su inminente traslado a Londres para que Johnson rubrique su nombre.

Ambas partes pretenden aplicar el acuerdo condicionalmente al día siguiente a fin de evitar un vacío legal entre la conclusión del periodo transitorio del Brexit y la refrenda de la Eurocámara, que no se espera hasta febrero o incluso marzo.

Fin del libre tránsito

Al finalizar el año concluye la libertad de movimiento entre el Reino Unido y la UE y, con ello, el plazo oficial para que un ciudadano comunitario se asiente en las islas británicas protegido por el derecho a trabajar o estudiar que estaba garantizado hasta entonces. Restricciones similares se aplicarán en el sentido contrario, es decir, a británicos que quieran mudarse a la UE.

Más de cuatro millones de europeos han solicitado el «estatuto de asentamiento», el permiso de residencia imprescindible para vivir legalmente en el país en el pos-Brexit. La pandemia del covid-19 ha complicado las campañas de alerta ciudadana y los grupos más vulnerables corren riesgo de caer en el limbo legal, según temen organizaciones cívicas como The3Millions.

Con el Brexit se acabarán otros beneficios de la UE, como el ‘roaming’ gratuito dentro del bloque de los Veintisiete, la homologación de títulos académicos y profesionales o las estancias prolongadas sin visado ni permiso de trabajo.

Ruptura constitucional

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, repudió el acuerdo y reivindicó el derecho a la autodeterminación en un plebiscito separatista.

«Es un Brexit mucho más duro de lo que pudimos imaginarnos (…) va a dañar y trastornar a la sociedad y la economía de la nación en el peor momento posible», criticó en alusión a la crisis sanitaria y la recesión causada por la pandemia.

Escocia votó en contra del Brexit en el referéndum de 2016, y los nacionalistas promocionan la independencia como una vía para retornar al bloque de Bruselas.

«Escocia tiene derecho a decidir su futuro como un país independiente y recuperar los beneficios de pertenecer a la UE», reclamó Sturgeon.

El hispanista británico Michael Eaude anticipa un choque entre los Gobiernos británico y escocés que «podría recrudecer el conflicto y conducir a una situación no muy distante a la de Cataluña».

«El Brexit va a conducir a un segundo referendo en Escocia y la independencia ganará, con casi total certeza, si Johnson sigue al frente como primer ministro», afirmó a Sputnik el autor de ‘Sails & Winds: A Cultural History of Valencia’, entre sus últimos ensayos.

Eaude, que prepara un libro sobre el independentismo catalán, considera que el Brexit está «acentuando la profunda crisis» que azota al Reino Unido a distintos niveles, desde el constitucional al socioeconómico y geopolítico.

«La unificación de Irlanda es una perspectiva más atractiva, incluso entre los lealistas británicos, que hace cinco años», señala.

Johnson acordó un divorcio de la UE por el que Irlanda del Norte permanece dentro del mercado único y, por primera vez, se instaurarán trámites aduaneros entre esa región británica y el resto del Reino Unido. (Sputnik)

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