jueves 19, mayo 2022
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Estaremos mejor… quién quita si no mejor jodidos

Cuando se apruebe el convenio con el Fondo Monetario Internacional “estaremos mejor”, ha dicho en días pasados el presidente de la República.

Don Carlos no se ha ocupado –empero- de explicarle a sus gobernados de qué manera hay que inocularse la dosis –buena dosis, ciertamente- de optimismo para entender por qué van a estar mejor una vez aprobado el convenio y la serie de leyes complementarias que le acompañan.

Porque no será fácil emprender la enmienda del desbarajuste financiero, social y político que sofoca esta sociedad. No por acciones u omisiones particularmente imputables a la administración Alvarado. La verdad es que desde hace varios períodos de gobierno la economía costarricense empezó a cojear y que sus males solo han empeorado ahora, en un escenario de errores y vacíos del gobierno atizados por la irrupción de una pandemia que llegó con capacidad depredadora sobre la salud de las personas y la economía en particular, también inequívocamente sobre las finanzas públicas sobre todo la de los entes comprometidos con las prestaciones médicas.

Admitiendo la pertinencia del convenio con el FMI como el menor de los males y bajo el criterio de que es inevitable punto de partida de la cirugía reconstructiva que demandan los presupuestos nacionales y la deuda pública (que parece arrastrada por una inercia imparable), queda por ver si será eficiente y eficaz expediente para llevar al país a buen puerto.

Hay economistas de sólida y respetada formación  profesional (y no precisamente izquierdistas) que, si bien se adhieren a la decisión gubernamental que aúpa esta negociación, han dejado ver dudas sobre su idoneidad para hacer que la relación deuda pública-PIB se rebaje al 50% para el año 2035 y para soportar la inevitable resistencia social que va a desatar un compromiso de ajustes tan fuertes como el que será preciso para llevar el déficit primario del 3.9% en 2020 a un pequeño superávit primario en 2023. Se advierte desde esas tribunas que para reducir el endeudamiento del 76% del PIB en que estaría en 2023,a un 50% para fines de 2035 es preciso incrementar en un 2,2% del PIB ese superávit primario, lo que implica un ajuste superior al 7% en una economía en que la recaudación tributaria suele andar por el 14%.

El economista Thelmo Vargas llama la atención sobre el supuesto de crecimiento del PIB del 3.3% anual que sirve de plataforma al acuerdo con el FMI, a su juicio optimista dado que los nuevos impuestos en trámite tienden a desalentar la producción y el emprendimiento y visto que los gastos de capital (inversiones en obra) previstos por el Ejecutivo están por debajo del 2% del PIB, con la particularidad de que el programa negociado no contiene medidas estructurales de gran calado apropiadas para acelerar la economía. “En estas circunstancias –escribió don Thelmo- va a ser difícil reducir el desempleo y la pobreza”. Ergo, muy difícil asentar el funcionamiento de nuestra economía si no se cautelan temas tan importantes como el desempleo y la pobreza.

El Dr. Eduardo Lizano, economista de prestigio y experiencia, promueve la adhesión a los acuerdos con el Fondo que en sus contenidos implican un significativo apoyo a los indispensables programas que debe acometer el país para reactivar la economía y proveer estabilidad en puntos tan importantes  como la inflación, tasas de interés y tipo de cambio, así como accesar al manejo de la deuda pública con mejores condiciones en plazos y tasas. Es claro (y por él dicho es cosa de tomar con interés) en recalcar que si bien el paciente “está grave, el tratamiento no puede ser de ‘shock’. Se requiere más bien un período de tres a cuatro años” …para evitar la crisis y sanear las finanzas públicas.

Cuando se apruebe el convenio con el FMI “estaremos mejor”, opina el presidente Alvarado. Para un mundo de gobernados que mayoritariamente se distancia de don Carlos, que lo critica, que duda de su habilidad política para gobernar, que censura las contradicciones en la conducción de su despacho y de su gabinete,  que se exaspera con las incoherencias de sus diputados ante los actos de gobierno, es difícil adherirse a su pronóstico. Aunque hayan sido tramitados en tiempo y forma la adhesión al convenio con el Fondo y los proyectos de ley complementarios, todo hace creer que vendrá un período de fuertes constricciones  en medio de la tensión de una campaña electoral y de las angustias que provoca el desempleo y el hambre, antes de que se pueda cantar victoria. El anhelo de “estar mejor” posiblemente va a materializarse para beneficio de esta sociedad, pero antes habrá que soportar y saber afrontar bien fuertes vientos de fronda.

¿Cuándo “estaremos mejor”? Primero hay que ver cómo, cuándo y de qué manera encaran su tarea la Asamblea Legislativa y la Sala Constitucional. Y luego, cómo será la socada de faja en el primer año de ese ajuste. Ojalá lleguemos a estar mejor; pero no mejor jodidos.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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