sábado 22, enero 2022
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Ars longa, vita brevis*

La pandemia a mi me ha dado muchas extras, cosas que no soñaba antes, ahora reparo en ellas. Aprendí a pintar, di un viraje de ciento ochenta grados, siempre hice dibujo a lápiz, improvisado, desde joven, pero por ser considerado en artes plásticas pésimo para el dibujo, me lo creí. Después pasaron muchos años, muchos, hasta que mi esposa me regaló un set de pintura al óleo. Fue fatal, ahí me demostré a mi mismo que eso no era lo mío, el olor de las pinturas, el embarrijo y lavar los pinceles, todo un calvario, pasé al acrílico y tuve mis alegrones de burro (imagino que como Ottón cuando Alvarado le dijo: “te vas a Paris, compa”, qui non facit).

 

Un día pensé que si yo dibujaba tonterías con lápiz, podría probar con la difícil acuarela. Lo hice y quedé cautivado con ella, ya los años de escribir poemas, novelitas y cuentos se veían terminar, entonces sucedió lo inesperado. Pude continuar con la literatura tal cual yo la vivo, pero encontré en la acuarela la parte mía adormilada. 

 

¿Por qué escribo esto? Por una razón sencilla, porque cualquiera puede hacerlo y tendrá una vida más tranquila y además podría ser un excelente pintor, yo soy un aprendiz, a los 70 años he empezado, pero me da alegría ver que unas de cada grupo de acuarelas hechas por mi valen la pena. Ars longa vita brevis, esa realidad tenemos que tenerla en cuenta, porque es verdad.

 

Este tiempo de Pandemia ha sido un verdadero caos, sea verdad o sea mentira, es algo increíble, como sacado de una película de ciencia ficción, yo como médico demoré más de tres meses para comprender la realidad después de leer artículos de gente seria, evitar leer estupideces en internet, especialmente en redes sociales, donde eliminé a todos los conspirativos, estábamos inmersos en una Pandemia (Le recomiendo a quien tenga interés de leer “La Peste” de Albert Camus, es un verdadero vademécum de enfermedades infecto contagiosas), una Pandemia que nos arrebató seres queridos y amigos queridos, gente de carne y hueso, se los llevó. La economía ha sido tremenda y creo que quitando a los “cochinillos”, nadie salió indemne, no obstante lo único importante de esta pandemia es salir con vida de ella.

 

Mi aprendizaje médico y literario se vio fortalecido con muchas cosas, tuve muchísimo tiempo extra y me apliqué a todo lo que fuera capaz de aprender. Tuve tanto tiempo para pensar que mi lista de cuentos se duplicó en poco más de un año, mi poesía mejoró y se incrementó, pude escribir artículos, leer mucho y estudiar muchos tópicos, especialmente de “enfermedades de la rodilla” que dan un nuevo punto de vista a mi experiencia clínica, yo me alegro cuando aprendo cosas nuevas y valiosas en medicina, porque puedo ayudar a alguien. 

 

La vida es breve, no hay duda, pero con todos sus desengaños es bella, vivir es un lujo que no todo ser humano puede darse, la cantidad de años es relativamente importante, es mucho más importante la calidad de años, cuán bien los vivamos, no hablo de lujos o de tonteras baladíes, hablo simplemente de vivir esos años con la mejor disposición de ánimo posible. (Ánimo, me encanta hablar del ánima, en lugar del alma, él ánima es un concepto griego, de antes del cristianismo, me gusta por su etimología: ánima viene de animar, dar vida, infundir ánimo, fuerza o energía a alguien para hacer, resolver o emprender algo).

 

Esa etimología es práctica y real, no sabemos dónde está el alma, si sabemos dónde está el ánima, está en todo el organismo.

 

¿Dónde está la mente? Un libro** muy interesante, donde se plantea reiteradamente dónde está la mente, desde el punto de vista científico, al menos lo poco que la ciencia enseña o desconoce, (de la novelista Siri Hustvedt).

 

Dónde, no lo sabemos, el cerebro no es la mente, el cerebro es un órgano gigantesco donde se producen millones de funciones, pero no sabemos si la mente está ahí o no. 

 

Ahora hay nuevos retos, que pueden explicarnos del porqué existe el inconsciente colectivo de Carl Gustav Jung, tan menospreciado por la ciencia, el mismo profesor Charcot (mentor y modelo de Freud) al final de su vida, aceptó que no sabemos dónde está la mente.

 

Indistintamente de dónde esté la mente, tenemos que buscar todo aquello que nos haga felices, la ciencia incluida, porque la vida puede tener momentos tristes, pero debe ser feliz, solo así se podría justificar.

*El arte es largo pero la vida es corta.

** Los espejismos de la certeza. 

 

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es médico

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3 COMENTARIOS

  1. Los años no pasan en balde ! Debe sentirse orgulloso Doctor de tener una vida plena con sus facultades y encontrando nuevos quehaceres e intereses.
    Para mi el placer es a veces no tener nada que hacer !

  2. Disfruto mucho de su exquisita prosa doctor Arce: Me emociono cuando habla de eso de aprender algo nuevo cada día como con la pintura, con lo del set de pinturas que le dio su esposa y cualidades suyas en ese campo que por fin descubrió, o lo de seguir investigando en su campo profesional, dejando por fuera a los alarmistas y bateadores en el tema de la pandemia, algo esencial para un especialista médico. De verdad que la vida es breve y es única, yo también amo el arte. Que lástima no haber tenido dedos para el piano y un mejor oído musical.

  3. Hace poco vi un señor de 80 años, jocosamente riendo, contó cómo aprendió a tocar acordeón con videos tutoriales de YouTube, hace ocho meses, y lo hace muy bien: ¡regrese al piano! La idea no es ser un virtuoso, no, eso es secundario, lo virtuoso del arte es cuánto nos hace disfrutar. Suerte don Rogelio.

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