viernes 3, diciembre 2021
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Inmoralismo

He asistido a la tarea de penetrar bastantes años del tercer milenio, dichosamente tengo que decir, que mi asistencia no ha sido gratuita, he pagado con mis dolores y mis angustias existenciales un precio, todos pagamos el precio de existir, todos sin excepción, unos más otros menos, pero nadie pasa por este estrecho pasillo sin cancelar su peaje.

Si hace cincuenta años veíamos lejos la exploración espacial inútil y lejana, los vuelos en avión nos parecían muy cansados, la ciencia médica acababa de abandonar las pijamas de la alquimia, luchábamos contra enfermedades totalmente desconocidas, la mortalidad era alta y la esperanza de vida al nacer, apenas pasaba timoratamente los cincuenta años, yo aprendí a poner en las notas clínicas “paciente senil de sesenta años”, hoy eso sonaría horrible. Teníamos una mortalidad infantil elevadísima, llegar a los veintiún años era una verdadera batalla. Abundaban amiguitos nuestros con cierto grado de desnutrición*, que algunos médicos políticos en ese momento negaban (qui non facit), eran los machos de aguadulce, pelo color amarillento ambarino, por la elevada ingesta de carbohidratos: arroz frijoles y aguadulce, tres veces al día y eventualmente guineos de la sombra de los cafetales, que muchos cafetaleros eliminaron con razones pseudo científicas, para quitarles a esos desamparados los guineos y cuadrados gratis. 

Yo llegué ciento treinta años después de la independencia, cuando todavía teníamos una democracia incipiente, porque nuestros años de los cuarenta para atrás, estuvieron llenos de golpes incruentos y algunos cruentos. Yo vine cuando ya parecía que entrábamos en la era de la justicia, democracia y libertad**, pero no fue así, el país cayó en una serie de inmoralidades políticas que hoy vemos magnificadas y nos hacemos de la vista gorda por comodidad, no por pacifismo. Los costarricenses tuvimos la suerte de que Pedrarias Dávila no gobernara esta provincia, como lo hizo con Panama y Nicaragua, no dudo que fue una bendición y formó nuestro modo de ser tan particular y tan poco común hoy en día: labriego y sencillo. Los habitantes de todo el Valle intermontano central, se fueron mezclando plácidamente durante trescientos años, aún el rico tenía carestías, tenía que trabajar, tenía que ingeniárselas.  Hoy, metidos de lleno en el tercer milenio, nos hemos encontrado con el inmoralismo como modus vivendi, factor que prohíja el narcotráfico y blanqueo de capitales, el asalto inmoral al erario público, los salarios inmorales de muchos empleados públicos, es decir todo se puede hacer, hasta saltarse la ley en el nombre de la ley. Ver veinte candidatos a la presidencia es horroroso y habla muy mal de nuestro concepto de democracia. O no hay líderes o hay demasiados. No puede haber otra explicación para ese adefesio electoral. Los escándalos se suceden uno detrás del otro desde hace treinta y cinco años, ni uno solo de esos cuarenta o más ha sido resuelto, o no hubo escándalos o se nos olvidó. 

Nada, absolutamente nada me ha enseñado más sobre la vida y la muerte, que este año y medio de Pandemia, que se ha llevado a muchos amigos y conocidos míos, que ha cambiado hasta la manera de velar, enterrar y sufrir, ni los años como médico me enseñaron tanto a comprender el dolor de la muerte por un lado y la fragilidad de la vida por el otro.

Estamos en un momento crítico y doloroso, con hospitales llenos, con enfermos esperando aire, con personal sanitario exhausto y harto de ver tanta liviandad en la sociedad, con sus festines y vacilones, con sus teorías anti vacunas y con muchas cosas más. 

Hoy vi claramente que el inmoralismo nos invadió: es el Bicentenario de la independencia, y resulta que ¡adelantan la fecha en dos días! ¿Adónde hemos ido a parar? No se trata de un turno, ni de un akelarre***, es el Bicentenario de la Independencia de Costa Rica.

La fugacidad de la existencia debería movernos a pensar en los demás, en los seres humanos que nos rodean, familiares o no, en qué les estamos heredando a nuestros nietos y bisnietos.

*la desnutrición no se vio desaparecer en Costa Rica nunca, aunque si bajó la incidencia.

**Alusión a un Folleto de Pepe Figueres en 1943, dedicado a don Ricardo Jiménez Oreamuno.

*** Akelarre es una certera sátira contra la monarquía clerical y sobre los fantasmas del hombre representados en un juez que dictaba las sentencias de antemano.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico.

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3 COMENTARIOS

      • Se lucha en las calles no llorando en artículos , lo invito a usted y el señor Rogelio Arce Barrantes a la manifestación del 15 de setiembre en Ochomogo por recope,organizada por gente del pueblo, gente que si tenemos moral.

        El que no se mueve , no escucha el ruido de sus cadenas.

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