lunes 5, diciembre 2022
spot_img

Hacer el bien

Ya no no soy un hombre de “pura razón” ni mi alma pertenece a las matemáticas exactas. Y si uso el arte del razonamiento, el lente de la ciencia y la precisión de los números, es para corresponder a mis curiosidades y desvelos y, sin embargo, ahora es diferente, pues a estos instrumentos del conocimiento los hago acompañar del sentimiento, del mío personal, entregado a subjetividades íntimas, a tersas melancolías y arrebatos nostálgicos; de ahí parto para saber que todo lo moral se escribe en tiempo presente, que mi libertad trata de “un aquí y un ahora”, que el futuro es tan solo una proyección mental e incierta de mis deseos de paz y concordia.

Pero el tiempo transcurrido será siempre mi esqueleto, esos huesos que constantemente renacen para cubrirse de nueva piel que hace al presente y al sueño venidero. El tiempo es mío, yo lo fabrico y eso es mi libertad.

Dios me ha entendido, y el ruedo donde conversamos es de coyuntura indeterminada, sin sabernos presos de textos ni de las manecillas de reloj o de calendario alguno.

Yo converso con Dios a mi manera (parafraseando la canción “My Way”), porque este invisible espectro de deidad me ha pedido expresar el primer gesto, dar el primer paso, para bailar las danzas de los misterios que van con la vida y con la muerte.

Todo esto que puede sonar en extremo confuso y muy especulativo (cómo no si es una experiencia personalísima “sin límite de suma”), no obnubila mis sentidos para entender con la mayor lucidez el mundo de las objetividades materiales -hasta el de las groseramente materiales-, que se obtienen de la física, la química, la biología y de un largo etcétera.

Cavila uno también de otros asuntos: los trolls en las redes sociales, la vulgaridad del partidismo político,  los correos electrónicos innecesariamente groseros, las estúpidas teorías de conspiración,  el vecino que no cuida la propiedad común, el sobrepeso propio, las arrugas, el qué dirán, la separación consumada y el divorcio por venir, la hipoteca, las guerras extranjeras y así por el estilo.

La vida es un océano de inconvenientes y con frecuencia uno se pregunta qué está bien y dónde está el bien, porque por regla los humanos siempre andamos en búsqueda de la esperanza. ¿Existirá alguna arcadia conceptual que nos señale la morada del bien, algo que nos dé los planos de su arquitectura?  Yo creo que no.

El emperador Marco Aurelio pensaba que las buenas noticias son algo que haces y se hacen con buen carácter, buenas intenciones y buenas acciones. No es hacerse el desentendido frente al bien que hacen otras personas; el argumento es otro, uno que nos invita a ser fuentes creadoras del bien, urgencia que cae bajo nuestra responsabilidad.  No debemos sentarnos a esperar pasivamente a que el bien suceda.

No es necesario creer en Dios o en dioses para ser portadores del bien porque ello es una posibilidad que tenemos todos los humanos. Hacer el bien no tiene necesariamente que ser una aritmética complicada pues, por lo general, es una flor sencilla de discreto aroma.

Comunícate con el amigo o la hermana enferma y pregúntales en qué puedes servir.

(*) Allen Pérez es Abogado

Más noticias

1 COMENTARIO

  1. Eso de hacer el bien no le deja ganancias a los cultores de la religión secular del mercado, para ellos no pasa de ser una enunciación evasiva de su verdadera intencionalidad : mera propaganda para incautos, no importa si acuden a iglesias o a los centros comerciales, esos templos de su materialista y burda fe, la epifanía se pone de manifiesto en las vitrinas y en los escaparates, cuánta pobreza se anida en sus escuálidas mentes y en su mediocridad moral. Hermoso texto el tuyo, lo valoro en su más hondo significado, ese que no pueden comprender esas gentes

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias