martes 17, mayo 2022
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Un tren que incomoda

Escuché la incomodidad suya señor Presidente Alvarado en un discurso, porque algunos diputados creían que usted y o su esposa tenían intereses espurios. Muy disgustado, quizá consiga convencernos a los de a pie, si renuncia a esa vehemencia por el trenecito eléctrico: yo también quería uno cuando niño, no obstante fui prudente, no se podía, años después regalé a mi hija mayor uno, en el fondo era para mi: ¿ve don Carlos que tarde o temprano?

Hay, hoy por hoy demasiadas interrogantes en ese proyecto. A excepción de la necesidad de cambiar el sistema de transporte público en la gran área metropolitana, no hay a la fecha un proyecto racional e inobjetable. Necesitamos demasiadas cosas,  no sólo su trenecito don Carlos (o doña Claudia), muchas cosas mal hechas fueron quedando en el tintero: son una inmensa deuda del PAC y su Combo, solo por nombrar una: Pensiones de Lujo. Entonces uno, desde la acera se pregunta ¿cómo no sentir aprehensión con el trenecito?

 

Veamos, ¿cómo somos los ticos? Muy arrogantes y el carro es a veces lo que marca la diferencia, entonces ¿quienes usarán el trenecito?  Tenemos que financiar “Megapensiones” con más deuda, le vamos a sumar un trenecito caprichoso, que abiertamente necesitará además del costo de su obra, 150 millones de dólares por año de subvención. 

 

No don Carlos, las cosas no son como las cuenta usted, aunque usted así lo vea,  es que un proyecto tan caro e incierto, despierta las dudas hasta en un beato. Usted ha gobernado de manera desordenada este país por cuatro años, ¿por qué íbamos a creerle una sola palabra más? Nosotros, los que pagamos la fiesta, tenemos el derecho de cuestionar todo, absolutamente todo, mire usted cómo con un claro ejemplo de desgobierno usted indirectamente ha logrado una papeleta de una veintena de candidatos: si, porque cuando un gobernante no es un líder, se convierte en motivo de dudas para todos, todos se siente mejor que él.

 

Le han preguntado de dónde sacará los 150 millones de dólares anuales para subvencionar ese trencito y usted no logró convencer a nadie, porque todos sabemos que la era de las nefastas subvenciones nos tiene hundidos como Nación, hemos subvencionado de todo tipo de tonteras, hemos, dándole gusto a los poderosos de este país, aceptado “socializar pérdidas y privatizar ganancias” y usted aunque como presidente queda en deuda ad aeternum con todos, sabe que con fuego no se cura una calentura.

 

Don Carlos, no está bien que digan que usted o doña Claudia o ambos, tengan intereses personales en este apurado proyecto, que más que un “proyecto país” se ha convertido en lo que pareciera “proyecto personal”, reto, fin, meta, deseo, ¿capricho? 

 

Aunque no me agrada que se sienta juzgado, recuerde que usted recibe una suma mensual para ser el centro de las miradas, no está de gratis, está bien pagado y lo harán retirarse el resto de su vida a no trabajar más ganando mensualmente una suma adecuada para irse a Miami como su frater, o España que es un imán para los políticos ticos sin antecedentes de riqueza previa, usted eligió ser parte de la aristocracia burocrático política; pudo haber elegido un más digno destino, pero se adormeció en los brazos del placer erotizante del poder político. Eso lo convierte en el centro de todas las miradas, todo tipo de suspicacias y le diré algo más usted está exagerando el capricho del trencito, deje el proyecto, las futuras generaciones le agradecerán esa entereza que se necesita para aceptar que somos humanos y nada más.

 

Podría decir que como proyecto es muy bueno, pero no “contra el cacho”, como dicen algunos, todo en su momento, no obstante las generaciones venideras sabrán de dónde nació el proyecto, por si eso lo desvela ese asunto, váyase tranquilo a disfrutar del Edén perdido con doña Claudia, de seguro le digo que usted políticamente ya terminó.

 

“En el tren de la ausencia me voy

mi boleto no tiene regreso

lo que tengas de mi te lo doy

pero no te devuelvo tus besos”

 

De seguro cuando usted caiga en la razón de dejar las cosas caminar hacia un nuevo derrotero con el tiempo y el financiamiento adecuado, ya los diputados por usted cuestionados, no murmurarán más.

 

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes

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