domingo 28, noviembre 2021
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La democracia que nunca tuvimos

Columna libertarios y liberticidas (10)

Tercera época.

En Costa Rica la fragmentación política ha llegado a tal punto que resulta inútil intentar siquiera alguna explicación racional de un fenómeno tan avasallador: el pueblo tendrá frente a sus ojos un carnaval electoral con más de 25 carrozas, las que por sortilegio se convertirán en una sola al terminarse la fiesta, como en aquel cuento de la carroza y la calabaza, llegado ese momento de la verdad todos los feriantes supuestamente plurales recitarán en coro los salmos del credo falsamente liberal del neoliberalismo mercantilista, el de los monopolios y oligopolios privados, será un universo donde la regla fiscal y su rígida observancia representarán la mayor virtud teológica que se pudiera haber imaginado alguna vez, al igual que las muchas veces millonarias evasión y elusión fiscales.

La descomposición de las viejas maquinarias políticas, la podredumbre imperante en sus escuálidos aparatos electorales es de tal magnitud que ya nadie confía en nadie. Es por eso que al lado de aquellas han surgido una gran cantidad de meras franquicias electorales, de etiquetas y de figurones inimaginables que se mueven entre el falso liberalismo, los falsos cristianos y una serie de gentes que aseguran ser “de izquierda”, en un país donde la izquierda hace varias décadas que renunció a pensar siquiera, son gentes que se aferran al activismo electoral, y a la búsqueda de espacios en el parlamento (un sitio donde ya no se habla, se emiten gruñidos e interjecciones sí acaso) sin plantearse siquiera que sentido podría tener su presencia en ese ámbito tan degradado.

El tema de la democracia pasa necesariamente por la posibilidad individual de disentir, de no tener que pensar y actuar dentro de los cánones o las maneras propias de aquellas gentes, esas que se ven a sí mismas como el non plus ultra de la moralidad pública y de todas las virtudes, a semejanza de lo que ocurría en la Roma de la antigüedad, tanto en su fase republicana aristocrática como en la posterior imperial, que fue la prevaleciente durante la mayor parte de ese prolongado período histórico del mundo antiguo. Las élites del poder, pero sobre todo aquellas conformadas por los que, en nuestro tiempo, llamamos con sobradas razones y evidencias sustanciales, integrantes de “los poderes fácticos”, esos que no siempre están a la vista del ciudadano de a pie, la verdadera víctima propiciatoria que paradojalmente sufre, con más intensidad e indefensión, las consecuencias de sus despiadados actos.

Esos poderes son en realidad la expresión de la voluntad manifiesta de quienes mandan y deciden, en lo esencial, los destinos de la cosa pública, con el agravante de que no son precisamente un dechado de virtudes morales y republicanas: esas  gentes, de quienes se dice que son los dueños de nuestros países, pocas veces aparecen en los eventos más teatrales de las llamadas democracias formales, como son los procesos electorales.

Esas puestas en escena de una gran cantidad de comediantes, más o menos buenos o malos, pero cuyos actos aún en el caso de lograr sus metas explícitas, como la de ser elegidos como presidentes o representantes parlamentarios, no cambiarán en lo esencial las decisiones políticas de verdad, esas que fueron tomadas en otra parte o en otros escenarios…mientras el pueblo es el gran ausente, excepto en los momentos circenses de la comedia electoral. Al pueblo Pan y Circo decían los patricios romanos de aquellos tiempos de antaño, el lema y las acciones se mantienen vigentes para la manipulación efectiva de las gentes.

Durante los meses venideros, en un lapso breve pero intenso, que habrá de transcurrir entre los primeros días del mes de noviembre del año que corre hasta febrero o abril del entrante, tres naciones centroamericanas estarán enfrascadas en esos eventos así llamados “democráticos”: Nicaragua, Honduras y Costa Rica en ese orden…Mientras el tema de Nicaragua ocupa las primeras planas de los diarios, los momentos de más rating en los noticieros de las televisoras más poderosas y en las radioemisoras con más sintonía, el caso de Honduras es silenciado deliberadamente, tal y como ha venido sucediendo durante estos cuatro años transcurridos desde que, en  la tercera semana de noviembre de 2017, un nuevo fraude electoral impuso al dictador neoliberal Juan Orlando Hernández, contra el que fuimos a protestar unos pocos frente a la Casa Amarilla o sede de la Cancillería en San José de Costa Rica.

El galimatías político electoral de Nicaragua, uno de los tres países de la región donde el gobierno de los Estados Unidos quiere cambiar al gobierno por uno más manejable, acorde con sus intereses geopolíticos, algo que resulta de suyo evidente, no hay quien lo entienda a estas alturas en todos sus alcances, es decir lo que está detrás del juego político electoral: al parecer habrán elecciones generales, según lo planeado y dispuesto por las leyes electorales, el primer domingo del mes de noviembre entrante, en  medio de acusaciones hacia quienes eran los potenciales candidatos de una oposición que no logra definirse todavía, al parecer enmarcada entre una disidencia sandinista que buscaría enmendar el rumbo y volver al proyecto original, según algunos actores de la “izquierda” regional (al menos eso vienen diciendo desde los disturbios de 2018) y las posiciones de una derecha no tan variopinta que rechazan abiertamente todo lo que representó la llamada revolución sandinista durante la década de los ochenta.

El candidato oficialista (para no entrar en satanizaciones oficiosas y deliberadas, por parte de uno y otro bando) tendría o tiene todas las de ganar en ese escenario, pero la exclusión del juego electoral de la casi totalidad de sus opositores, acusándolos al parecer con fundamento, de estar financiados por la CIA, la USAID y otras agencias del gobierno de los Estados Unidos, ha tornado inmanejable la situación y ha permitido tejer un manto de sospechas sobre la legitimidad de esos comicios ¿será que la inteligencia militar del régimen nicaragüense develó algún asunto muy grave a punto de materializarse, tal cómo fueron los cruentos disturbios ocurridos entre abril y junio de 2018? Es ahí donde este galimatías resulta muy difícil de desentrañar, en todo caso, se trata de un conflicto entre las élites, donde las mayorías populares no deciden ningún asunto esencial que no sea el resultado electoral, todo eso en medio de un juego retórico muy manipulado por ambas partes.

En Honduras, por otra parte, cabe preguntarse si ¿se estará preparando un nuevo fraude electoral como los que vienen ocurriendo desde el año 2009 cuando los militares y la derecha troglodita derrocaron al entonces presidente Manuel Zelaya Rosales? ¿Volverán los del partido nacional o cachureco a comprar votos con la famosa tarjeta del mismo nombre? ¿La OEA y los voceros de la Casa Blanca tornarán los ojos hacia otro lado? Todo parece indicarnos que el mismo escenario se repetirá, salvo imprevistos.

Retornaremos sobre el tema político-electoral en Costa Rica, eso sin descuidar el de los dos países vecinos de un poco más al norte de nuestras fronteras.

(*) Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y escritor costarricense.

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10 COMENTARIOS

  1. De Rodrigo Arias López: Desvío de fondos y reservas de IVM, Memoria de la CCSS año 1973.? ¿Quién dice que es falso? Y vean al pulguiento IVM desde 1973 el perro amarrado, las pulgas ya las tenía y pasándole fondos al hermano grande. Cuadro 2. ¿Pocos nacimientos? ¿Envejecimiento? ¿Informalidad? Rocío Montoya, Junta Directiva de la CCSS, Macaya, ETC. nos quieren agarrar de chancho como dice el dicho.Lo que viene desde atrás, desde hace mucho rato, nos dice el matemático y actuario don Rodrigo Arias López. ENTONCES, NI DEMOCRACIA NI JUSTICIA SOCIAL…saqueo de la CCSS eso sí y en abundancia.

  2. Felicito al catedrático de la UNA, el Dr. Rogelio Cedeño Castro, al haber escrito este artículo que tanto aporta de cara a una serie de procesos electorales a celebrarse en Centroamérica. De entrada, he vestido mis palabras de una cierta formalidad celebratoria pues el tema tratado, sea desde ópticas teóricas o prácticas, me es de suma importancia.

    Me saldré de la canasta habitual con este comentario mío, y como respuesta a las inquietudes que me produce esta lectura tan estimulante y tan bien escrita.

    De entrada, pregunto: ¿qué es la democracia?, ¿será buena siempre, aconsejable siempre?, ¿tiene la democracia más de un significado? Al evocarse la palabra “democracia” se la convoca como fetiche; verbigracia, es objeto de adoración, de culto, de fe, como magia secular propuesta históricamente por revoluciones anticlericales y/o anticoloniales como en Francia y los Estados Unidos. En teoría es una fuerza ideológica unificadora para decidir en paz, preferiblemente, quién gobierna y cómo se gobierna, utilizando la consulta ciudadana, libre y secreta, como método de elección.

    En teoría política -según sus proponentes- la democracia decide la “cuestión del poder público”, y bajo el presupuesto de una supuesta igualdad ciudadana. Primero, quepa distinguir entre poder y democracia porque no son lo mismo, ni siempre armonizan; el poder real o fáctico más fuerte, hegemónico, es el de los ricos y sus aliados (simplificando) como suele suceder, preeminencia que puede ser contrariada electoralmente y con frecuencia expresado en coyunturas críticas.

    En la realidad las masas, los de abajo, se ven atrapadas entre la inocente convicción de que la democracia en sí misma produce bienestar social y la terca realidad de que, por lo general, no lo hace. La gente vota, elige, para luego saberse defraudada.

    Así es porque lo que cuenta para ponerle firma a una democracia es la hegemonía del grupo social más fuerte (desde un punto material e ideológico) que, consistentemente accede al poder del Estado.

    Pero puede suceder que las masas se rebelen, y voten contra el poder fáctico y tensen la pregunta del poder frente, por ejemplo, a los plutócratas y militares.

    En la realidad hay muchas clases de democracia, unas que pueden servirle al pueblo y otras que no. Haití, en mi opinión, no está urgida de una democracia como la que nominalmente tiene en su obsceno formalismo, sino de libertad y de un urgente aguacero de programas sociales.

    Pasa parecido en Honduras donde la Constitución Política es papel mojado, la injusticia social lacerante, y donde lo electoral transita de fraude en fraude. En Nicaragua ocurre parecido. Ahí son perversos los mecanismos para impedir la participación electoral, con niveles de represión policial indignantes.

    Costa Rica se encuentra en uno de sus peores momentos históricos y con una democracia aceleradamente devaluada. En cualquier caso, la pregunta de fondo será siempre la misma: ¿cuál la dinámica real de los poderes reales, de sus facciones y grupos hegemónicos frente a la agitación de un pueblo confundido?

    Hoy tenemos 26 candidatos presidenciales porque el desconcierto y la locura se han apoderado de nuestro tejido social y político, porque la II República ha sido herida de muerte y agoniza.

  3. Excelente comentario; triste y oscuro panorama el que espera a Costa Rica, conquistas sociales que se lograron en el pasado, poco a poco se van desvaneciendo bajo las presiones de interese mezquinos de ciertos grupos de poder. «Democracia» significa en la actualidad sometimiento total al gran imperio del norte, a los rebeldes se les tilda de anti-democráticos. Las siguientes metas de los (enfermos de avaricia), es la destrucción de la CCSS y la muy querida institución de el ICE.

  4. La “democracia” es solo una imagen ideal de algo que nunca existió y que nunca va a existir porque, entre otras consideraciones, es un constructo de perfección, de arcadia, una fórmula de organización política teñida de fuertes abstracciones que los enciclopedistas le dejaron al Tercer Estado y su Revolución. La “democracia” ha existido pero bajo formas y colores diversos y lejos de toda plenitud. Donde mejor ha florecido es en la experiencia de las naciones nórdicas, también en Holanda y Suiza, donde las musas de la libertad, el gasto social, la educación, y los mecanismos electorales, todas produjeron una sinergia suficiente como para concretar sociedades buenas sin ser perfectas. Limitar la definición de democracia a “elecciones libres, competitivas, justas y transparentes” es una completa barrabasada pues detrás de tanto lirismo se escondería, como lo es con frecuencia, el ánimo dictatorial de unas clases sobre otras en sociedades llamadas “abiertas” que hoy son norma en nuestro medio. “La democracia que nunca tuvimos” es un título que puede interpretarse de varias maneras, porque Costa Rica sí tuvo una democracia relativamente decente en términos de las posibilidades latinoamericanas, pero que ahora luce desperdiciada y casi olvidada. Al renunciar Costa Rica a los ideales de la democracia utópica, se renuncia también a lo que nunca hemos alcanzado o tenido y, lo peor, al empeño por hacerla realidad. Tal es nuestra tragedia.

  5. Me dejaste pensando con eso de que Costa Rica tuvo una democracia relativamente decente en términos de las posibilidades latinoamericanas, aunque ya no vamos por ese rumbo. En eso me acordé de un texto que escribí hace tres años a propósito de la huelga de 2018: «LA DICTADURA EN DEMOCRACIA AL DESNUDO.
    Rogelio Cedeño Castro.
    Al cabo de casi quince días del estallido de un conflicto social de grandes proporciones, donde la derecha más rancia y totalitaria de este país se ha encontrado con el eco entusiasta de una legión de progres, los que a la larga resultaron no no serlo tanto deviniendo, por el contrario, en unos verdaderos conversos a la fe en los preceptos de la religión secular del mercado y del pensamiento único neoliberal, hemos llegado al punto en que la deriva de Costa Rica hacia el neofascismo se ha hecho más evidente, dentro de la modalidad de la dictadura en democracia: Las elites del poder y una legión de liberticidas, encarnizados enemigos de la libertad que piden más y más represión hacia quienes protestan contra un sistema tributario regresivo y plagado de abusos, han podido, por fin de manera abierta, no sólo mirarse en el espejo de su imaginario social, sino exteriorizarlo sin pudibundeces demoliberales, mostrándonos que con una sociedad de amos y esclavos les bastaría, un país de peones y hacendados, sin la molesta clase media ilustrada, aquella que ha venido luchando desde los tiempos de Carmen Lyra y Joaquín García Monge, siempre en la forja de una unidad entre trabajadores manuales e intelectuales.»

  6. De acuerdo Allen la II República existió. Valga este texto de hace un año:Rogelio Cedeño Castro: En Costa Rica lo que tenemos es una dictadura en democracia como decía Óscar Arias Sánchez, su ideólogo más importante en este país, es una dictadura tan sutil que como decía el escritor ingles Aldous Huxley, en su obra EL MUNDO FÉLIZ, es tan perfecta que la gente piensa que vive en una democracia. El problema es que en nuestro país el régimen se blindó para impedir que las mayorías populares de las zonas rurales mas apartadas, hoy afectadas por la crisis y las políticas recesivas del actual gobierno, agravadas por el Covid 19, quieran tomar parte en las decisiones sobre asuntos estratégicos de la economía y la política, como aquellas en materia tributaria y de inversión, en las que un puñado de empresarios se están apropiando de la mayor parte de la riqueza del país, no sin dejar un inmenso hueco en las finanzas públicas, a partir de la inmensa evasión y elusión fiscales, como también en el negocio de los altos intereses de los títulos de la deuda interna que los propios evasores han comprado, a partir de un inmenso agujero que ellos mismos han generado, por lo que se trata de una deuda impagable.
    El totalitarismo neoliberal contemporáneo es más perfecto que el de los regímenes de Hitler o Stalin, dado que aquellos tenían que emplear masivamente el terror y la violencia homicida contra la población, de una manera abierta. Es mucho más económico pastorear a la gente y hacerle creer una ficción, aunque si la cosa se les pone difícil y como última ratio entra a jugar también la violencia física de los antimotines en este país, muy bien entrenados por los carabineros de Chile y la policía nacional de Colombia para que cumplan su papel represivo, ahora con un mandato explícito de la Sala Constitucional de la Corte para poner fin a los bloqueos de puentes y carreteras…todo en nombre de una democracia, que es sólo de nombre, una que es todo lo que no es o no debe ser una democracia de verdad.

  7. Mi recordado amigo Mario Devandas Brenes(de grata memoria) nos advertía, hace tres años lo siguiente: «Estamos viviendo una revolución de derecha.
    Las cosas están confusas, así sucede durante todos los procesos revolucionarios. Estamos viviendo una revolución de derecha. El capital globalizado destruye imparable todo estado nación que se le oponga. Trabaja con una clara y definida estrategia.
    La historia de la democracia es el relato de la búsqueda del equilibrio de los derechos económicos de una minoría y los derechos civiles y sociales de la mayoría. Hoy se imponen de manera cada vez más violenta los derechos económicos de grupos cada vez más pequeños. La desigualdad se acelera, los derechos sociales se debilitan o aniquilan y las posiciones autoritarias se imponen. Duele que gente que siempre defendió el ser sobre el tener hoy, sin darse cuenta, rinda homenaje al becerro de oro.
    Esto es lo que está en discusión respecto al plan fiscal, aunque no nos percatemos de ello. En el debate es muy difícil no referirse a personas dado que las políticas económicas al final se encarnan en determinados actores. A eso nos llevan las pasiones que de manera normal se desatan en momentos como los que vivimos.
    Estamos al frente de la esperanza o del precipicio. La cuestión es ¿debemos ser actores o espectadores?

  8. Pues debemos ser actores, cada uno aportando con fe lo mucho o poquito que las circunstancias personales lo permitan. Pero lo anterior conviene hacerlo desde la humildad, abjurando de todo sectarismo, pues nadie posee un plano, la fórmula mágica, de cómo hacer posible el advenimiento de la democracia plena. Buscar la unidad popular y democrática dentro de una pluralidad y diversidad inevitable es un espíritu, una sana actitud, que debe animar las voluntades progresistas.

  9. Amén de la falacia de que tenemos libertad de expresión… Podemos pensar y decir lo que deseamos pero se hace lo que nos obligan, nos llenan de impuestos UE terminan en actos de corrupción y luego nos ofrecen soluciones para ganar votos a sabiendas de que cuando alcancen el poder serán doblegados por los «dueños» del país, sí aquellos que no vemos figurar en el plano político.

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