domingo 28, noviembre 2021
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El laberinto de la noche

Hola, yo soy Wolff, el copiloto de una nave espacial a punto de estrellarse en Marte; le resumo lo que sucede:
– La astronave Calíope cuenta con sólo 71 mililitros de combustible, la altimetría señala 51 metros, el nivel de inclinación de proa 63 grados hacia abajo y desciende casi sin control a 5 metros por segundo, pero creo que sobreviremos.
La colisión es inminente, haremos un aterrizaje forzado en uno de los cañones arenosos del Laberinto de la noche”, al extremo oeste del Valle del Mariner, en el planeta Marte.

– La fecha, 8 de setiembre de 2063. Por una coincidencia del calendario y la ventana espacial apropiada para dirigirse al cuarto planeta del Sistema Solar, en una trayectoria rápida y de menor gasto de energía, llegamos en la fecha de un aniversario de nacimiento de la comandante Mlah.

El Laberinto de la Noche.

– La Calíope es una astronave de último diseño, con -despegue y aterrizaje vertical-pero solo en la Tierra. Un híbrido entre el viejo Saturn V de la NASA y la Dragón de SpaceX, pero con más espacio de carga y habitacional, para que los seis humanos que hacen el viaje a Marte, durante poco más de seis meses, tengan un mayor espacio de convivencia y movilidad, pero siempre muy limitado.

Es piloteada por una comandante y un primer oficial, transporta equipo de supervivencia, fuentes de energía (baterías), computadoras para telecomunicaciones y cuatro astronautas-colonos, para la estación espacial que se está construyendo en la altiplanicie volcánica de Tharsis, justo en el ecuador del planeta rojo.

Estos últimos cuatro colonos se dirigían a la colonia Mars 1, establecida por la primera tripulación, en las faldas del Volcán Pavonis, también en el ecuador de Marte, durante las muy favorables ventanas de acercamiento entre planetas, del 8 de abril de 2043, que se repitió en el 2058. Allí hay actualmente 8 astronautas terrestres en los 10 módulos de descenso entregados en sobrevuelos semejantes al nuestro; modificando su arquitectura  para funcionar como “invernaderos humanos”.

Están construyendo una base estable y funcional para crear una colonia permanente, a solo siete grados al sur del ecuador de Marte.


Marte es similar, pero también diferente a la Tierra.

  • Su volumen es sólo 0,15 veces el de la Tierra, esto porque su diámetro es 0,53 que el de nuestro planeta (recuerde; volumen es proporcional a diiámetro al cubo).
  • La masa es solamente 0,107 veces que la terrestre.
  • Estos dos factores se combinan para que la gravedad marciana (gM = GM/RR) sea 3,72 m/s2, solo 0,38 veces la que experimentamos usted y yo todos los días, en la Tierra.
  • Sin embargo, la inclinación de su eje de rotación (oblicuidad) con respecto al eje revolución en su órbita es casi el mismo que en la Tierra: 25°19’.
  • Por este motivo en Marte hay también cuatro estaciones.
    Pero, como está más alejado del Sol (1,53 ua), su período de revolución es casi el doble que el terrestre (1,88 años), en plena concordancia con la Tercera Ley de Kepler.
    Consecuentemente las estaciones marcianas tienen también casi el doble de duración de las que ocurren en la Tierra.
  • La mayor distancia también repercute en la insolación y, desde luego, en la menor temperatura en este planeta (en promedio -63°C).
  • El bajo campo gravitatorio debe haber sido uno de los factores principales para que la atmósfera primigenia escapase de Marte, hace unos 4000 millones de años.
    Ahora la presión es solo 0,00063 atmósferas estándard. Los componentes son mayoritariamente dióxido de carbono, argón, nitrógeno y solo 0,15% de oxígeno.
  • Su período de rotación es 24 horas 37 minutos 23 segundos, así de parecido al de la Tierra, por lo que un día en cada planeta es casi igual. A propósito, el tiempo entre un mediodía solar local en Marte y el siguiente, se denomina “sol”.
  • La baja presión atmosférica y la baja temperatura hace que los únicos lugares donde haya agua en Marte, es en los dos casquetes polares, en forma de hielo. Es posible que también haya hielo atrapado bajo la superficie del planeta (permafrost), como en Canadá y Siberia.

– Nuestro viaje de la Tierra al cuarto planeta del Sistema Solar se planeó y ejecutó casi hasta último detalle, para tardar 5 meses y -regresar inmediatamente (sin aterrizaje)-.

Uno de los motivos es que aún no se cuenta con un sistema eficiente para aterrizar en Marte y, desde luego, para realizar un despegue desde su superficie.
Los poderosos retrocohetes para lograr un aterrizaje vertical, seguro para la nave y los tripulantes, continúan en su fase de diseño y construcción.

El otro motivo tiene que ver con el combustible químico de cohetes que aún se sigue usando, lo cual limita la carga útil de la nave y el número de astronautas transportados.

Cuando la Caliope llegó a Marte la colocamos en una órbita elíptica de perihelio muy bajo, controlada por la computadora. Luego pasamos a una órbita rasante para  sobrevolar el Valle del Mariner y a una altitud apropiada desacoplamos un módulo con los cuatro colonos y otro con la carga, que descendieron sin problemas ayudados por paracaídas casi en el punto exacto de la superficie marciana, a solo 175 m de la base Mars 1.

– A continuación, la Calíope cambió a una órbita circular más elevada, para realizar dos sobrevuelos de 85 minutos cada uno, para fotos y toma da datos.

Luego seguiría una órbita elíptica de gran excentricidad que nos enrumbaría de regreso a la Tierra, pero justamente aquí fue donde iniciaron los problemas.

Algo pasó que no hemos tenido tiempo para evaluar, quizás una falla en el piloto automático que la computadora no pudo manejar y nos puso en  la emergencia que estamos viviendo.

– Minutos antes del aterrizaje forzoso, Mlah y yo rediseñamos el vuelo para un descenso suave, haciendo planear la Calíope y evitar una caída en picada, para minimizar daños. A pesar de nuestro esfuerzo y experiencia, la nave derrapó sobre la arena, en medio de tres rebotes contra una superficie similar a las dunas del Sahara, fueron etapas de ruido ensordecedor dentro de la cabina, e infinidad de luminosas chispas, polvo y arena en el exterior.

Veinte segundos después sobrevino una parada casi en seco, ya a una baja velocidad, contra lo más denso de la duna. Las luces de Calíope parpadearon, luego se apagaron por dos minutos que parecieron horas, todo es silencio y oscuridad.

Finalmente, las luces de emergencia se encienden y nosotros, aún sujetos a nuestros asientos y con el traje de astronauta puesto, dirigimos la mirada a los  paneles de control de vuelo, afortunadamente los instrumentos indican que el sello está intacto y el nivel de oxígeno apropiado.

Aún aturdidos por el fuerte impacto, tratamos de quitarnos de encima algunos cables e instrumentos de navegación que cayeron sobre nosotros desde los paneles superiores de la cabina de mando de Calíope y revisamos cuidadosamente el estado de los trajes, especialmente la cantidad de oxígeno y los intercomunicadores.

Somos los dos sobrevivientes del primer accidente astronáutico en Marte. En medio del caos pienso que el accidente fue causado por el imprevisto bombardeo de la recién establecida lluvia de meteoros Leónidas II, que ocurrió hace 2 soles, que dañó los sistemas de navegación y la computadora no pudo advertirnos a tiempo.

Sin embargo, como logramos desacoplar los dos módulos con colonos y carga, hace más de tres horas, esperamos que los cuatro nuevos marcianos hayan podido sobrevivir y ya estén dentro de la seguridad ambiental que ofrece la Base Mars 1. Esta base se fue construyendo por ocho colones que llegaron al planeta rojo de la misma manera, al igual que la carga, durante los últimos dos años.

– Nos toca ahora, a Mlah y a mi tratar de sobrevivir de alguna manera y alcanzar un sitio seguro.
– Conozco la “geología” marciana, pero solo en teoría, nunca ha pisado el suelo de este planeta, es mi primer viaje espacial, y en realidad soy tan novato como cualquiera.
– La comandante Mlah ha realizado tres viajes a Marte, todos con éxito total, jamás ha estado perdida, pero es solamente una piloto, “una astronauta de cabina”, solo ha realizado caminatas en el simulador del centro de entrenamiento, nunca en el espacio, ni mucho menos en el arenoso  e inhóspito suelo marciano.

– Ahora reviso que la señal de emergencia esté activada con la esperanza de comunicarme con la base Mars 1 para esperar un rescate; de lo contrario estaremos forzados a caminar unos ocho kilómetros, atravesando dunas de arena, terreno rocoso y escalar acantilados menores. Pasa una hora y no hay ninguna señal de radio

– Nos salvaremos gracias a nuestro propio esfuerzo, le dice Mlah a Wolff.

Mientras recogen sus escasos tesoros de sobrevivencia, los dos oficiales miran a través de una ventanilla de la Calíope. Se ve el Sol ocultándose tras una delgada capa de atmósfera de un curioso tinte rosado, casi inmediatamente el cielo se oscurece y se puede ver las estrellas; Júpiter y Saturno lucen brillantes y bellos.

El sistema de navegación, funcionando de manera precaria indica que han caído en el extremo occidental del Laberinto de la noche, 4 grados Sur, 253 grados Este. Están a solo 8 kilómetros noroeste de la Mars 1.

Esta es una región que contiene un sistema de laberintos con valles profundos, de paredes empinadas. Los valles y cañones se formaron por fallas producidas por actividad volcánica antigua. En algunos lugares el suelo del valle es más áspero, perturbado por deslizamientos de arena y piedras, y hay sitios donde parece haberse hundido formando profundos agujeros, quizás como  pequeños cenotes  parecidos a los de Yucatán, pero formados mediante un proceso totalmente diferente. Hace millones de años que no hay agua fluyendo en este planeta.
Le digo a Mlah que Marte está en un punto de su órbita que llamamos equinoccio de primavera para el hemisferio norte, por lo que la temperatura  en esta región cercana al ecuador no es muy baja. Nos espera, sin embargo, una fría noche marciana a unos 30 grados bajo cero, por eso nos quedaremos dentro de la maltrecha pero aún sellada cabina, para protegernos del frío, comer algo, dormir un poco, recuperar energía, restablecer el estado de ánimo y esperar el amanecer para cumplir con la etapa más importante de nuestro viaje, la de vida o muerte, que tendrá que ser en una sola jornada, durante el día.

Está clareando, los dos astronautas salen de la cabina de la Calíope con sólo dos pequeños tanques adicionales de oxígeno comprimido y uno con agua, incorporados a sus trajes presurizados. La presión atmosférica en Marte es una centésima del valor en la superficie terrestre, sin sus trajes todos los fluidos corporales entrarían en ebullición y morirían en menos de un minuto.

En sus manos llevan un radiolocalizador digital de onda corta que despliega un mapa de la superficie marciana, incluyendo su posición actualizada y su destino, la base Mars 1.

A unos metros de la chatarra de Calíope recogen un  trozo medio chamuscado de seda del paracaídas de un tercer módulo de descenso suplementario, el cual se salió del compartimiento trasero de carga, que fue la parte más afectada durante el accidente.

– Llevamos dos horas de caminata, dice Mlah a Wolff y parece que regresamos al mismo punto. – El mapa del radiolocalizador no es muy específico en cuanto a los finos detalles del terreno.

– Vas a tener que utilizar todos tus conocimientos de geología para poder llegar a tiempo a la base, antes de que llegue la noche. Vamos tú puedes.

Los cañones y encrucijadas del Laberinto de la Noche son a nivel planetario, cientos de veces más complejos y extensos  que los del laberinto construido por Dédalo en Creta, para encerrar al Minotauro.

Sus pasadizos son más bien como un conjunto de cintas de Moebius interconectadas, de las que no se puede escapar, porque nunca se acaban.

Sus cañones son tortuosos y traicioneros, algunos imposibles de escalar. Hay altas paredes de roca lisa que los mejores alpinistas de la Tierra jamás imaginarían y también suaves planos inclinados que son una tentación por su  poquísima altura, y desde su base parecería que se puede alcanzar el borde con facilidad, pero están hechos de finísima arena en polvo, donde dos pasos hacia arriba van complementados involuntariamente por un paso hacia abajo.

– Reiniciemos por este cañón que parece distinto y prometedor, dice Wolff.

Pero luego de unos pasos observan que comienzan a salir formas fantasmagóricas de una semitransparente bruma, sublimada de la escarcha del suelo, por los primeros rayos del naciente Sol.

– La única manera de permanecer juntos es amarrándonos con este girón de la tela del paracaídas, dice Mlah.

Así lo hacen; a veces Wolff va adelante y otras veces lidera el viaje su compañera.

El resto de la tela se utilizan para protegerse del viento y la arena durante los pocos y breves momentos de descanso.

El blindado Volcán Pavonis de 14 km de altura, con su cumbre parcialmente cubierta de hielo, sobresale majestuoso por encima del laberinto, a ratos la bruma se arrala y lo ven tan cerca, pero como una meta lejana, casi imposible, no obstante, Mlah y Wolff están decididos a llegar a sus faldas. Viajan en la dirección correcta, así lo confirma el mapa digital del radiolocalizador, podrían estar  a solo 4 horas de su destino final, pero deben escalar la pared del cañón por el que viajan, evitar las hendiduras  de algunas fallas, los traicioneros terrenos donde ocurren avalanchas de pequeñas rocas y sobre todo no caer en los profundos agujeros que han causado los tres volcanes de la Meseta de Tarsis. Si logran la escalada y salir del cañón, estarán en terreno relativamente plano y con la base Mars 1 a vista de pájaro.

Dos horas más tarde están a punto de alcanzar la cima de uno de los traicioneros cañones del Laberinto de la Noche que decidieron escalar. Están cansados, hambrientos y con mucha sed, pero lo que más les preocupa es el estado de sus trajes, rasgados por el roce con el terreno rocoso del cañón, también por el bajo nivel de la reserva de oxígeno.

Mlah alcanza el borde de la planicie con su mano izquierda, se impulsa un poco con sus piernas y sube su cuerpo con un último brinco, se incorpora, mira al frente y ve las pálidas luces de la Mars 1, envueltas en la polvareda de una típica tormenta de la primavera marciana. Se inclina y extiende su mano derecha a Wolff, que parece estar más agotado, pero sonríe satisfecho por haber concluido la escalada.

Ahora todo parece ser terreno plano y a nivel.

– Si aligeramos el paso – dice Wolff– calculo que estaremos dentro de la seguridad de la estación en menos de 15 minutos.

La tormenta oscurece el paisaje, no tienen una linterna de mano y el radiolocalizador funciona a intervalos, la antena solo recibe señales, no pueden enviar ningún mensaje avisando sobre su posición.

Sin embargo, por la radio escuchan la actividad y preparativos en la base, para salir al rescate dentro de cinco horas, cuando haya pasado la tormenta. Posiblemente la telemetría de la Caliope siguió transmitiendo y los 12 colonos de la base tuvieron conocimiento del accidente. Saben exactamente donde cayó la nave y según el protocolo, tres de ellos van a salir a explorar y rescatarnos.

Pero nosotros no podemos decirles que no nos quedamos allí, que estamos a solo 800 metros.

– No queda otra, – dice Mlah– hay que llegar por nuestro propio esfuerzo y pronto, de lo contrario, cuando se termine el oxígeno, los trajes ya no resistan, o la baja temperatura nos congele, pasaremos a ser dos cadáveres en la desértica llanura volcánica del Pavonis, envueltos en un sofisticado ataúd de última tecnología.

Caminan tan rápido como se puede, pero sin correr, con la vista fija en dirección donde – a veces- se desvanece como un fantasma la Mars 1.

Wolff que va dos pasos atrás, está muy cansado, casi no ve nada, en realidad está siendo halado por Mlah,  tropieza contra su propio pie y en la caída arrastra a su compañera, que instintivamente se había vuelto hacia atrás.

Los dos abrazados ruedan por una suave pendiente, que parece llevarlos de vuelta a uno de los cañones superficiales del Laberinto de la Noche, luego sigue un ensortijado tobogán de varias vueltas. Es un conducto cilíndrico de lisas paredes de roca, quizás un antiguo tubo de lava ahora seco y vacío.
¿Habrá sido pulido, habilitado y usado como un viaducto, hace muchos años por algún tipo seres inteligentes, tecnológicamente avanzados?

¿Para traer agua de los casquetes polares al ecuador, como pensaba Percival Lowell?

Parece que recorren veinte, setenta, cien metros, deslizándose por esa montaña rusa.

El traje de Wolff comienza a ceder por varios puntos incluyendo el casco. Si se pudiera, se escucharían un sonido como aleteo de zancudo cerca de su oreja, son finos chorritos de oxígeno escapándose de la vestimenta. La muerte parece estar segura.

Cuando termina el tobogán, sienten que son lanzados a un verdadero vacío. Dos segundos en caída libre, describiendo una parábola, como la que simulaba su profesor de Física impulsando una canica para que cayera por el borde la mesa.

Luego un golpe seco, pero no mortal, contra una especie de escotilla. Es una trampa mecánica que automáticamente se abrió para permitir la entrada, e inmediatamente se y cerró. Una nueva etapa de caída libre durante un segundo y al puro final, algo parecido a caer desde un tercer piso, sobre un depósito de suave algodón recién pizcado.

Mlah y Wolff piensan que están muertos, o en una especie de limbo consciente y extraño. Mlah intenta levantarse, pero no puede, tiene algunos huesos y músculos muy lastimados, se da cuenta que su casco está quebrado.

¡Pero puede respirar!

Mira y escucha a Wolff tratando de decirle algo.
Está de pie junto a ella, se ha quitado lo que queda de su casco y la saluda con una sonrisa y una mirada que lo dice todo.

No saben dónde están, ni realmente qué ha sucedido, pero deducen que cayeron en un recinto artificial sellado, una combinación de magia y realidad, con aire, presión, temperatura y condiciones de luz, similares a las de algunas cavernas poco profundas en la Tierra.

Creen que de momento se han salvado, quizás gracias a una construcción subterránea hecha por antiguos arquitectos-exploradores marcianos, y que aún sigue en buen estado.

¡O quizás sí dejaron de existir físicamente, y sólo sean sus espíritus quienes viven la experiencia!
No lo sabremos.
¿Usted amigo lector qué cree que ha sucedido?
En realidad, a ellos no les importa, porque no pueden distinguir una situación de la otra.

Y es que nada escapa al Laberinto de la Noche.

 Original publicado en:

La tinaja de Guaitil y otros cuentos”.

(*) M.L. Alvarado y J.A. Villalobos

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