martes 18, enero 2022
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¿Qué es abrir mortual? Algo mortal, mortuorio

¿Por qué mortal y mortuorio?  Porque es una cosa más que agrega a la injusticia social, a la angustia de miles de personas, al mayor enriquecimiento fácil e instantáneo de un extraño que nada tiene que ver con la familia doliente.

Y ¿qué es? En mi opinión un trámite de machote que nos exige nuestra legislación en muchísimos aspectos socialmente criminal y hasta de corte oligárquico.  Nos obligan a hacerlo cuando alguien de nuestra familia muere, lo cual ya es muy doloroso y costoso monetariamente, para que los deudos o herederos naturales simplemente queden registrados como los nuevos propietarios de los bienes del difunto en las proporciones en que decidan hacerlo o en que lo establezca la ley y para que puedan entonces utilizarlo y disponer de él como sería lo correcto. 

Existe un Registro que toma nota de lo ocurrido y de cómo queda ahora la situación.  Pero no puede ser así de fácil para los dolientes de la tragedia.  No.  Y en algunos casos hasta han quedado figurativamente en la calle por el precio adicional que nos obliga nuestra cruel legislación a pagar porque alguien se nos ha muerto.

Esa normativa nos obliga a contratar a un notario e ir a contarle la historia, para que ese notario ponga esa historia en un papel al que llaman acta o escritura o cualquier otro nombre y que entonces envíe ese papel -actualmente ya sin tener que moverse del escritorio- al Registro para que el Registro tome nota de la historia. 

Primero ¿por qué contarle la historia a ese extraño en su oficina privada en vez de contársela directamente nosotros los deudos al Registro?  Porque -es mi opinión- en algún pasado aciago de nuestra historia normativa se creó ese negocio para los notarios y para que pudieran hacerse acaudalados llenando, entre otros, ese tipo de machote.  ¿Y cómo así?  ¡Porque los honorarios establecidos por el Colegio respectivo de ese notario que no sufre nada ni nos alivia en nada por “abrir mortual” son porcentajes sobre el valor registrado de los bienes de la persona difunta según lo establece una tabla de honorarios impuesta por el Colegio respectivo!  No son un pago razonable por los minutos o las horas que dedicó el notario a nuestro caso, no;  es un porcentaje, comisión, sobre lo que naturalmente es nuestro.  

Pero eso es parte del punto:  que nos cobren comisión sobre el valor de nuestra propiedad por llenar un machote.  La otra parte es ¿por qué el Estado le cree a un notario y no a la familia doliente?  Porque no cree en la palabra de los habitantes de la nación y más bien nos supone tramposos y mentirosos.  En cambio, con el hecho de dotar a los notarios con fe pública hace que su palabra, que su dicho, sean santa palabra.  ¿Es que tampoco confía en el mismo funcionario del Estado que va a escuchar y registrar la historia y en cambio sí le cree a un extraño, a un notario, que está trabajando en práctica privada y para su propio enriquecimiento personal?   Entonces ¿todos los notarios son rectos, probos e incorruptibles porque tienen fe pública y la única verdad acreditable es la suya?  ¿Sabe usted por qué en países más ricos y avanzados del mundo no existe ese trámite y la familia puede ir al registro local y actualizar los datos gratis ante el funcionario del Estado?  Porque ese trámite de meter a ese personaje en la historia es innecesario.  Sería considerado una intermediación impropia, superflua y antisocial;  se percibiría como lucrar estilo comercial con el dolor de los que sufren y más en este llamado Tercer Mundo, que es un mundo de endeudamiento, vida muy cara y cada vez más cara, perversidad en la distribución de la riqueza y otras bellezas legislativas y sociales.

¿Eso es democracia? ¿Eso es igualdad real, justicia social, bandera azul y todas esas demagógicas y falaces pretensiones con las que turísticamente se anuncia nuestro país donde se roba y asalta a muchos de sus visitantes?

Y ¿ha pensado usted en que esas historias de las familias dolientes que van a parar al Registro quedan en unos libros del notario llamados “el protocolo” que van quedando almacenadas ocupando más y más espacio y que son una duplicación de lo que está en el Registro?  Entonces ¿para qué Registro? O ¿para qué protocolo?  Sí, sobra uno de los dos.  Y lo peor:  somos nosotros quienes estamos pagando por esa duplicación. 

Hay miles de casos de familias que no han podido abrir mortual porque no tienen los millones que deben pagar al notario -la comisión sobre el valor de los bienes del difunto- y que entonces deben permanecer décadas y hasta generaciones en esa condición de poseedores sin título de posesión.  Es inconveniente que los bienes sigan por siempre jamás apareciendo registrados en el Registro como de miles de muertos porque los reales propietarios no tienen cómo pagar al notario lo que cuesta simplemente actualizar una información en el Registro y sin que estos reales propietarios puedan disponer del bien como se debe.  Y no solo eso:  angustia esto;  maltrata a los habitantes, agrega a su sufrimiento y por consiguiente a su mortalidad;  es una necrofilia estatal;  por eso es mortal y mortuorio.

(*) Orlando García Valverde, Traductor-Intérprete Oficial

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2 COMENTARIOS

  1. Acertados comentarios, aquí lo que falta es un proyecto de ley que prohíba todos los cobros de honorarios sobre el valor de los bienes ajenos. Es una sinvergüenzada legal.

  2. En Costa Rica no existe la propiedad privada, tal vez lo sea la ropa interior que llevamos puesta, o los trastos sucios de la cocina, o alguna otra cosa sin valor que no le llama la atención al Estado ni a algún gremio de sinvergüenzas. Digo que no existe la propiedad privada porque si no le pagamos a alguien periódicamente por esos bienes, no puedes disponer de ellos, o el Estado te los puede quitar, ya sea por impuestos o «comisiones» como en el caso que presenta éste artículo.

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