martes 28, junio 2022
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Murgas de Buenos Aires, prestas a recuperar las calles desde su reclusión en las plazas

Buenos Aires, 23 feb (Sputnik).- Las fiestas del carnaval se aproximan, pero el espíritu festivo que en febrero engalanaba la ciudad de Buenos Aires se ha visto opacado.

Es difícil encontrar a las murgas en la capital argentina. Llega el fin de semana y no se oye el alborozo infantil con los aerosoles de espuma, no se percibe el trasiego de los bailarines con sus disfraces, ni palpitan las calles con el redoble de tambores y platillos. No hay movimiento que entone el pavimento gris de una urbe cuyos habitantes dejan atrás las vacaciones.

La ciudad aparece más tristona sin las fantasías que abren el paso de las comparsas. El Gobierno de la capital argentina decidió que las murgas quedarían este año confinadas en un puñado de plazas.

La programación de cada fin de semana se da a conocer con apenas antelación. Pasa desapercibida, no se anuncia ni se pregona. Ni siquiera está confirmado el desfile de corsos durante los festivos por el carnaval, este lunes 28 y martes 1 de marzo.

La fiesta popular y callejera más emblemática de Buenos Aires, patrimonio cultural desde 1997, ha sido retirada de su lugar natural: las calles. Como si fuera motivo de vergüenza, y no de orgullo, la gestión actual que dirige Horacio Rodríguez Larreta a punto estuvo de cancelar los festejos. 

Cierto es que la pandemia no acompañaba. Era diciembre en Argentina. El 70 por ciento de la población estaba inmunizada contra el covid-19, y más del 80 por ciento se había vacunado, pero la tercera ola arreciaba con una máxima de casos no vista hasta entonces, por más que estuvieran contenidas muertes e internaciones.

«Hubo una puja política entre las murgas y el Gobierno de la ciudad», cuenta en una entrevista con la Agencia Sputnik uno de los integrantes de la murga Atrevidos por Costumbre, Matías Iudica. Las murgas se vieron entre la espada y la pared. No quisieron arriesgar otro carnaval virtual, como el que hubo en 2021 de manera simbólica. «En la negociación, accedimos a algún tipo de carnaval, pero perdimos las calles».

Con la excusa de la pandemia, las murgas quedaron recluida en seis plazas, dentro una ciudad que tiene 261. Fue una decisión sin sentido, pues hay una mayor concentración de asistentes en un espacio acotado, y más en Buenos Aires, donde un tercio de estos lugares están enrejados.

«Es una disposición del Gobierno de la ciudad la de tratar que año tras año haya menos corsos, que año tras año haya menos cortes de calles y más corsos en plazas», constata Iudica. «Te dan mejor escenario y sonido pero te quitan buenos corsos. En este ‘te doy te quito’, el Gobierno de la ciudad intenta sacarnos de las calles».

RESPALDO POPULAR

Más de 60.000 personas colmaron el centro de la ciudad en 2019, cuando la Avenida de Mayo acogió la gran fiesta que daba por concluidos los festejos porteños del carnaval. Más concurrida fue la de 2020. El público que se movilizó hasta la histórica arteria de Buenos Aires casi duplicó la asistencia del año anterior.

Este año no solo se desestimó un cierre del carnaval, sino que se desalentó la participación de las murgas. De las 110 qua propiosa propiose integran el circuito oficial, una minoría se quedará sin desfilar. El resto tiene solo dos o tres salidas oficiales, cuando era costumbre que tuvieran de diez a quince.

«Nos tocaron dos funciones, imagina lo que significa para una murga de 56 personas salir dos noches», interviene Zule Barrios, miembro de la murga La Redoblona de Almagro. «Nadie puede creer que en un partido de fútbol la gente no se vaya a contagiar pero sí en la calle por asistir a un corso».

Para los gobernantes actuales, la murga debe de ser sinónimo de corte de calles y ruido, presupone la mujer. «Ruido hacen los autos, las murgas hacen música callejera», reivindica. «La murga viene de abajo, es un lugar adonde se iguala la gente. La inclusión de las mujeres es gigantesca. Salen niños y abuelos. Hay una trama etaria desde que nace la vida hasta que no querés salir más».

Estas celebraciones paganas fueron introducidas en Buenos Aires por los españoles en los tiempos de la colonia. Pero fueron las murgas de Roma las que cautivaron al presidente Domingo Faustino Sarmiento (1868-1974), que fue quien promovió en 1869 el primer corso oficial de la ciudad de Buenos Aires.

Siglo y medio después, las murgas de la capital argentina se han visto obligadas a buscar en la provincia de Buenos Aires (este) el espacio que la ciudad les ha arrebatado.

Barrios sostiene a que un Gobierno como el de Rodríguez Larreta, de tendencia liberal, no le interesan las fiestas populares porque no tienen rédito económico. «Al carnaval de Buenos Aires ni difusión le hacen», reprocha. «Cualquier festival de tango que atrae mucho turismo se lo publicita a mares».

Su compañero Iudica añade que «el electorado del actual Gobierno no es compatible con las murgas, o no les gusta lo que las murgas dicen», vista esa picaresca que reviste sus críticas sociales y esa identidad política y social que exhiben con tanto desenfado.

En algo coinciden ambos. «Para 2023, tenemos que retomar los 35 corsos oficiales que tenía la ciudad con sus respectivos cortes de avenidas», aseguran.

De las calles salieron, y a ellas volverán. (Sputnik)

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