domingo 29, enero 2023
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República Dominicana no es (solo) la vitrina de Punta Cana

San Salvador, 16 mar (Sputnik).- Al otro lado de la vitrina turística que es Punta Cana (este) existe otra República Dominicana, marcada por el racismo como política de Estado y la discriminación de emigrantes haitianos, enfatizó en declaraciones a la Agencia Sputnik la activista y escritora Maribel Núñez.

«Buena parte de los extranjeros que vienen a Punta Cana (emporio turístico por excelencia del país antillano el Caribe en general) creen que esa es la República Dominicana, una ciudad que cuenta con servicios independientes de agua, energía eléctrica y seguridad, y, en consecuencia, un nivel de vida sumamente alto», puntualizó Núñez.

Ese panorama idílico, agregó, coexiste con el racismo transversal que marca la actuación del Estado dominicano.

Situación expresada además en el escenario geográfico, donde las empobrecidas provincias occidentales, habitadas por la mayoría afrodescendiente, se contraponen con las zonas orientales de alta exclusividad, hábitat de los ricos.

Pobreza escandalizante y racismo

Para la activista del movimiento social Acción Afrodominicana (AAD), la pobreza de ese segmento poblacional es algo que escandaliza.

«La población dominicana en su mayoría es pobre y con muchísimas dificultades para comer cada día, y también a la hora de acceder a los servicios médicos», apuntó.

Núñez apela a las cifras oficiales para apuntalar su criterio. La inversión social en salud representa el 1,9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y la de educación alcanza los cuatro puntos porcentuales.

Un funcionariado blanco en su gran mayoría es el soporte de una elite que domina la vida económica, política y social del antiguo Santo Domingo, considera la escritora.

«La calidad de vida en Dominicana es para una elite. La gran mayoría afro vive en condiciones infrahumanas», reiteró.

El racismo se ceba sobre todo en la población de origen haitiano, que incluye tanto a los emigrantes de la parte occidental de la isla de La Española como a los llamados dominico-haitianos.

Para Núñez, el suyo es un país racista, racializado, donde impera un capitalismo voraz marcado por una división del trabajo, que deja para los haitianos las labores de las plantaciones de caña de azúcar y la construcción.

Con la condición de que por lo general devengan la mitad del salario que le correspondería a un obrero nacional.

«Te hablo de Haití, ese estado que se liberó (en 1804, el primero de América Latina y el Caribe) y es castigado hasta el día de hoy por la osadía de liberarse y cuya población emigra al mercado laboral más cercano, porque no tiene que cruzar un mar, República Dominicana».

La mayor parte de la producción agrícola en Quisqueya está a cargo de campesinos haitianos.

Y la industria turística reclama la mano de obra del otro lado de la frontera, entre otras características por la facilidad para dominar idiomas. Por supuesto, también con salarios inferiores a sus colegas dominicanos.

Parturientas haitianas

Núñez lo tiene muy claro. Esa masa de trabajadores haitianos tiene esposas, esas mujeres en su mayoría en edad fértil, paren, y por tanto necesitan acceder a los servicios públicos de salud.

El caso de la discriminación del gobierno dominicano contra las parturientas haitianas en los últimos meses provocó hasta un pronunciamiento de un comité especializado de la Organización de Naciones Unidas.

«Son muchas. Y son las esposas de los trabajadores que venden su fuerza de trabajo en este país», enfatizó la activista.

Todos los problemas que tiene la República Dominicana, como la deficiencia del sector salud se la quieren achacar a las esposas de los obreros haitianos, denunció.

Los protocolos internacionales dicen que ninguna embarazada puede ser deportada. El problema se agudiza más cuando se trata de una mujer que nunca ha pisado el suelo de Haití.

Y todo lo anterior se agrava cuando una mujer es enviada por la fuerza a la parte occidental de la isla y sus hijos quedan sin amparo en la porción que habla en español.

Administración Abinader

Núñez asegura que la bandera de la limpieza étnica vuelve a flotar al viento de la política dominicana bajo la administración del presidente Luis Abinader, a quien califica como «cachanchán» (amigo íntimo) del exmandatario estadunidense Donald Trump (2017-2021).

«El Gobierno ha subido los precios de todo (bienes y servicios), está gobernando a favor de la burguesía, de la oligarquía. Abinader cuenta con un bajo índice de aceptación según encuestas, entonces le carga todos los problemas (del país) a la presencia de los haitianos acá», reseñó la actual situación.

En el plano de las relaciones internacionales el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM, centro), a juicio de Núñez, destaca por su alineación con el neoliberalismo.

Y refuerza su tesis con la integración de Dominicana con Costa Rica y Panamá en el marco de la llamada Alianza para el Desarrollo en Democracia, de marcado sello neoliberal.

Gaza en el Caribe

El 20 de febrero, Abinader dio el simbólico primer picazo en la construcción del muro fronterizo, que según el gobierno tiene la intención de ordenar la migración.

Núñez asegura que la valla fue financiada por Israel. «Un apartheid como en Gaza, aquí en el Caribe».

La escritora ve en esa infraestructura una expresión del odio anti haitiano y antinegro sembrado durante décadas por la oligarquía blanca.

Salvando las distancias, le recuerda que la historia de Dominicana está marcada con sangre por la Masacre del Perejil, ordenada en 1937 por el dictador Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) y que diversos investigadores calculan dejó un saldo entre 12.000 y 17.000 haitianos muertos.

«Solo que ahora lo hacen mediante la deportación de mujeres embarazadas», concluyó su extensa charla con la Agencia Sputnik. (Sputnik)

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