domingo 4, diciembre 2022
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Argentina prepara un futuro con pan, pero malas migas

Buenos Aires, 13 may (Sputnik).- El presidente argentino, Alberto Fernández, ha afirmado en los últimos días que ningún conflicto entre países, como el que atraviesan Rusia y Ucrania, puede ser una oportunidad comercial para nadie, dado que lo que está en juego son vidas humanas.

La frase sirve como respuesta para aquellos que creen que el alza en los precios de los commodities puede acercar a este país sudamericano a aquel viejo sueño de convertirse en «el granero del mundo».

No es para menos: el 46 por ciento de las exportaciones de Argentina la generan la producción de granos y su posterior industrialización en harinas, aceites, biodiesel y otros subproductos.

Sin embargo, hay un tren al que el Gobierno argentino sí quiere subirse, aun sin importar las propias vidas humanas que pueden estar en juego en un futuro cercano.

El Boletín Oficial del jueves publicó una resolución que concede al Instituto de Agrobiotecnología de Rosario SA (Indear, provincia de Santa Fe, este) a «comercializar la semilla, y los productos y subproductos derivados» del cultivo de trigo HB4, conocido como el primer trigo transgénico del mundo.

Se trata de un cereal que puede contaminar al trigo convencional y cuyo cultivo además requiere el uso del herbicida glufosinato de amonio, prohibido para uso agrícola por la Unión Europea y otras regiones, pero aprobado por mercados en los que Argentina tiene puesto el ojo, como Brasil, China, Australia y Nueva Zelanda, tal como indica la misma resolución.

Aunque, en términos más estrictos, es menester aclarar que Brasil autorizó la harina de dicho trigo, no la siembra en su territorio, y China la soja HB4, lo cual, y teniendo en cuenta que el gigante asiático es el principal comprador de esa oleaginosa argentina, su desarrollo en estas tierras -aprobado en 2015- no debería demorarse demasiado.

Múltiples rechazos

Indear SA es la empresa de investigación y desarrollo del grupo Bioceres, propiedad de los empresarios Gustavo Grobocopatel y Hugo Sigman, con buena llegada al jefe del Ejecutivo argentino. Ellos, junto con la científica Raquel Chan, del Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, son quienes desarrollaron este trigo transgénico que, hasta el momento, sólo ha cosechado críticas y cuestionamientos de productores, científicos y empresarios del sector.

«Esta norma provoca un enorme riesgo comercial, dado que los países que nos compran no aceptan HB4», sostuvo el Centro de Exportadores de Cereales de Argentina en un comunicado difundido apenas se conoció la aprobación. «Las consecuencias económicas de eventuales pérdidas de mercado recaerán sobre el ministerio (de Agricultura) y la empresa desarrolladora», agregaron.

Guillermo Folguera es uno más del millar de científicos que advirtieron que el HB4 es riesgoso para la salud y el ambiente.

«Concentra un montón de problemas y, en función de las experiencias de estos años en torno al tema de los transgénicos (…), es una noticia muy preocupante en un contexto en el que estas discusiones se dan de manera tan parcial y tan limitada a los ingresos de divisas de algunos sectores que impresiona», dice a la Agencia Sputnik el investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La resolución impulsada por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca no cumplió con la orden del juez federal Santiago Carrillo de implementar un proceso de participación ciudadana antes de aprobarlo.

Y eran varias las cuestiones a objetar, según Folguera. «Por un lado, es la apropiación de una semilla con todas las implicaciones que eso puede tener; segundo, que se trata de un convenio con una empresa que tiene actores muy fuertes detrás, en convenio con instituciones pretendidamente públicas; en tercer lugar, porque está asociado a un herbicida que es el glusfosinato de amonio y tiene fuertes efectos ambientales tóxicos».

«En cuarto lugar porque está asociado con la tecnología HB4 de resistencia a la sequía, que es una buena noticia para los productores pero no para el ambiente porque implica el corrimiento de la frontera agrícola y la aceleración de procesos de destrucción ambiental», continúa. «En quinto lugar, porque va a llegar a los platos de comida. Argentina es un gran consumidor de trigo y eso va a implicar un deterioro directo en la calidad de la comida que llega a nuestros platos».

Pero también los productores están molestos por esta decisión, dado que el trigo, si bien se autofecunda, «tiene un porcentaje no menor de reproducción cruzada y (ellos) trabajan con mercados que no aceptan el trigo transgénico», explica Folguera.

El invierno se avecina en Argentina y muchos de sus ya intoxicados territorios esperan en su ambiente una fuerte presencia de glufosinato de amonio, un químico más para pulmones, pieles y estómagos al que muchos sectores ya le declararon la guerra. (Sputnik)

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