martes 27, septiembre 2022
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Rumiantes y el clima, ¿qué conocemos sobre el metano? (II y final)

Ciudad de Panamá (Prensa Latina) Las partes del Acuerdo de París “reconocen la prioridad fundamental de salvaguardar la seguridad alimentaria y acabar con el hambre, y las vulnerabilidades particulares de los sistemas de producción de alimentos a los impactos adversos del cambio climático”.

Por lo tanto, cualquier estrategia integral de mitigación debe garantizar que exista suficiente producción para alimentar a la población.

Conocer las implicaciones que tiene el origen del cual proviene el metano constituye un elemento importante para avanzar hacia una discusión integral sobre el papel de los rumiantes en el cambio climático.

El metano se clasifica en dos grupos de acuerdo a su origen: biogénico y fósil.

Así, el metano biogénico se produce a partir de plantas y animales, mientras el fósil, que ha estado encerrado bajo tierra durante millones de años, se encuentra asociado con la extracción y quema de combustibles fósiles (gas natural, petróleo y carbón), quema de biomasa, el tratamiento de desechos y fuentes geológicas.

Como parte del ciclo biogénico, las plantas absorben CO2 del aire mediante el proceso de fotosíntesis. Luego, los rumiantes descomponen las fibras vegetales en el rumen, emitiendo una porción como metano.

Después de aproximadamente 12 años, el metano se convierte en dióxido de carbono. Ese carbono es el mismo que se eliminó mediante la fotosíntesis. Por lo tanto, es carbono reciclado y no hay cambios netos en el CO2 atmosférico.

En el caso del carbono proveniente de combustibles fósiles, el CO2 producido es carbono nuevo que ha sido liberado de depósitos permanentes y, por lo tanto, aporta CO2 adicional a la atmósfera.

Debido a la diferencia significativa entre el metano biogénico y el CO2 derivado de combustibles fósiles, es que los científicos proponen establecer metas específicas para el metano biogénico como parte de los objetivos climáticos.

Este tema es parte del actual debate, incluidos algunos grupos internacionales dedicados a la investigación de CH4 como el Grupo Asesor Técnico sobre Metano que forma parte de la Alianza sobre la Evaluación Ambiental y el Desempeño Ecológico de la Ganadería-FAO, y el Grupo de Investigación Ganadera de la Global Research Alliance for Agricultural Greenhouse Gases.

De todas maneras, está latente la necesidad de reducir las emisiones de metano y reconocer que, si bien la ganadería aporta significativamente a estas emisiones, también ofrece oportunidades para abordar el problema climático.

OPORTUNIDADES Y SOLUCIONES

Si bien la naturaleza tiene mecanismos propios para eliminar el metano de la atmósfera, los avances en la ciencia y la tecnología pueden ayudar en la búsqueda de soluciones a este problema.

Reducir las emisiones de metano en el petróleo y el gas es, al menos por ahora, más sencillo. La industria tiene una gama de nuevas tecnologías para reemplazar la infraestructura antigua, reducir las fugas y recuperar el metano. Sin embargo, aún se necesitan datos para identificar dónde actuar.

Asimismo, encontrar diferentes formas de cultivar arroz, como el cultivo de secano, o desarrollar variedades o prácticas de manejo que mejoren la productividad como riego intermitente, podría ser un método más eficaz para reducir los niveles de metano.

Además, las emisiones de metano procedentes del sector de los desechos podrían disminuir mejorando la eliminación de residuos sólidos y aguas residuales.

En el caso de la ganadería, el panorama es más complejo. El metano de la fermentación entérica es un proceso difícil de manejar y las tecnologías de reducción de emisiones son menos confiables. Para empezar, las diferencias entre animales resultan importantes.

El microbioma en el rumen de cada animal es único y se ve afectado por varios factores como raza, dieta, genética, edad, género y geografía. Los investigadores están probando varios enfoques que podrían ayudar a reducir estas emisiones, sin embargo, es aún temprano para indicar el impacto que pueden tener.

Las actuales estrategias de mitigación apuntan a cambiar la dieta de los rumiantes y mejorar la forma en que se gestionan los desechos animales.

Algunos investigadores estiman que es posible reducir las emisiones globales de metano de las vacas en un 15 por ciento al modificar su dieta.

Existen varias opciones disponibles, desde estrategias nutricionales hasta el uso de aditivos alimentarios (ionóforos, ácidos orgánicos, grasas y aceites, extractos de plantas), como lo han probado Brasil y Chile, estudios que demostraron reducir el metano en un 30 por ciento.

Finalmente, existe otro enfoque para reducir las emisiones de metano: disminuir el número de cabezas de ganado. Si el número de animales sigue aumentando, hay poco espacio para reducir las emisiones totales.

Pero reducir el número de animales puede ser insuficiente, ya que un aumento en la productividad por animal (y, por lo tanto, de las emisiones de CH4 por cabeza) puede anular los beneficios de disminuir el tamaño del hato.

También debemos considerar que valorar a los rumiantes únicamente por sus emisiones de metano, deja fuera el rol socioeconómico de la ganadería, su relación con el ecosistema y su potencial para contribuir a la reducción del calentamiento global.

Acciones de FAO

El problema de las emisiones de metano del ganado no es nuevo. Si bien no existe una fórmula mágica para reducir el metano de los rumiantes, contamos con opciones que además de aportar cobeneficios permiten que el sector reduzca las emisiones a corto plazo.

Varios investigadores y empresas privadas están liderando la búsqueda de soluciones innovadoras para reducir el metano de la ganadería, aunque hasta ahora no han adoptado ninguna a gran escala. Estos avances ayudarán a reducir costos y mejorar las perspectivas de comercialización y adopción por parte del sector.

En la región existe un interés especial en torno al sector ganadero y su relación con el cambio climático.

Numerosos países han mencionado la necesidad de avanzar hacia la consolidación de sistemas ganaderos sostenibles en diversos instrumentos de planificación nacional y compromisos a nivel internacional.

Al respecto, la Organización de naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se encuentra trabajando desde distintos frentes para apoyar a los países en la consecución de sus objetivos.

Esto implica generar evidencia y fortalecer las capacidades relacionadas con el desarrollo de indicadores cuantificables, no sólo en torno a las emisiones de metano, sino también sobre los beneficios resultantes de la actividad ganadera.

En ese sentido, y junto a los gobiernos nacionales, se avanza en la implementación de proyectos piloto que se enfocan o que incorporan el componente ganadero en Cuba, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Uruguay.

También se generan espacios de intercambio con los países, en colaboración con diferentes instituciones. Se trabaja en dos vías: por un lado, recopilando información sobre los principales desafíos, oportunidades y potenciales áreas de colaboración para incrementar la acción climática en el sector ganadero.

Por otro lado, se realizan diversas acciones que incluyen la generación de publicaciones, diálogos regionales y sesiones informativas, que permitan difundir tanto las lecciones aprendidas como las experiencias innovadoras, y las oportunidades de apoyo existentes para el sector ganadero de América Latina y el Caribe.

(*) Carolyn Opio, Oficial de Política Ganadera de FAO-Oficina Subregional para Mesoamérica

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