sábado 1, octubre 2022
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Cumple 10 años ley de cuotas raciales que cambió la cara de las universidades de Brasil

Río de Janeiro (Brasil), 23 ago (Sputnik).- La mitad de la población brasileña es negra, pero hasta hace pocos años atrás, ver un alumno negro en una facultad de Medicina o de Derecho era algo muy excepcional. Todo cambió en los últimos diez años, gracias a ley de cuotas raciales, que puso patas arriba el escenario elitista y mayoritariamente blanco de la enseñanza superior en Brasil.

«Las cuotas ayudaron a que la universidad reconociera la diversidad de Brasil. Ahora tenemos muchos alumnos negros», explica a la Agencia Sputnik la pro-rectora de políticas y asistencia estudiantiles de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), Catia Antonia da Silva. Esta universidad pública fue pionera en Brasil y se adelantó al resto del país una década, estableciendo las cuotas raciales hace ya 21 años.

El resultado salta a la vista: los pasillos de las enormes torres brutalistas del campus adyacente al estadio de Maracaná están repletos de alumnos con el cabello «black power», pancartas convocando para actos antirracistas o pequeños mercadillos donde abastecerse de medicina indígena tradicional.

No siempre fue así. Antes de las cuotas, la universidad (a pesar de pública) era un espacio reservado para los blancos. El mecanismo perverso que lo producía funcionaba, a grandes rasgos, de la siguiente forma: la mayoría de niños negros (que son mayoritariamente pobres) estudian en la escuela pública, mientras que los blancos optaban por escuelas privadas de mejor calidad.

A los 18 años, al llegar a las exigentes pruebas de acceso a la universidad (a las públicas, que son las más prestigiosas), los blancos copaban todas las plazas porque estaban mejor preparados. Establecer las cuotas no fue fácil, hubo un intenso debate social y al principio se empezó reservando plazas para los alumnos procedentes de las escuelas públicas, sin tocar el tema racial.

Buenos resultados

En la UERJ, las cuotas para negros se aplicaron ya en 2003, y poco a poco se fueron perfeccionando para reservar plazas también para indígenas, personas con deficiencia, quilombolas (residentes en comunidades descendientes de antiguos esclavos), etcétera. Para Silva, el objetivo es garantizar el acceso a la universidad de «los más pobres, los más vulnerables y los grupos que históricamente han sido más víctimas de segregación desde el fin de la esclavitud».

Diez años después de que las cuotas llegaran a la gran mayoría de universidades del país, el resultado es espectacular: según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) el número de alumnos negros aumentó un 400 por ciento entre 2010 y 2019. En el caso de los indígenas el crecimiento fue del 842 por ciento entre 2010 y 2017, según datos de un instituto vinculado al Ministerio de Educación.

Se trata de una de las escasas políticas de reparación histórica implementadas en Brasil para la población negra, que tras casi 300 años de esclavitud no recibió ningún tipo de compensación por parte del Estado. La ley de cuotas facilitó que el hijo de un humilde albañil pudiera graduarse como ingeniero. Los médicos o dentistas negros, por ejemplo, antes eran una rareza, y ahora ya empiezan a ser una realidad.

Desafíos futuros

Para Silva, el balance es muy positivo, pero aún hay mucho trabajo por delante: «No basta con que esos alumnos lleguen a la universidad, el desafío ahora es que no desistan», apunta. Y es que, aunque las cuotas facilitan la entrada, para muchos estudiar sigue siendo un reto. No rinde igual quien estudia en el confort de su apartamento de clase media que el alumno que pasa horas en el transporte público, se ve obligado a trabajar al salir de clase y estudia entrada la noche en la precariedad de una casa en la favela.

Por ello, la UERJ está lanzando un programa de becas para estos alumnos y reforzando las políticas afirmativas. Otro desafío es aumentar el número de negros en la posgraduación y el profesorado, donde aún es muy bajo, así como hacer frente a las iniciativas legislativas que quieren limitar la ley.

En su nacimiento, la ley de cuotas establecía que su marco regulatorio debía revisarse cada diez años. Aprovechando ese punto, fuerzas políticas sobre todo vinculadas a la derecha intentan acabar con sus principales efectos, sobre todo la reserva de plazas para negros.

Según un informe de este año de la Asociación Brasileña de Investigadores Negros, hay 67 proyectos de ley en el Congreso Nacional que proponen alterar la Ley de Cuotas, y de esos, 31 intentan restringir sus efectos. (Sputnik)

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