jueves 8, diciembre 2022
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«Argentina, 1985» no es otra película sobre dictadura

Buenos Aires, 27 sep (Sputnik).- El cine argentino estrenó en 1985 la película que, un año después, le dio al país sudamericano su primer premio Oscar, «La historia oficial», un relato sobre el robo de bebés, las detenciones y desapariciones de personas y el surgimiento de la organización Madres de Plaza de Mayo, hechos ocurridos durante la última dictadura cívico-militar de 1976-1983.

Ese mismo año, el proceso judicial conocido como «juicio a las juntas (militares)» pondría a esta nación en boca del mundo, y la convertiría en pionera de una materia en algunos sitios aún desconocida: la de recuperar su memoria, y castigar los propios crímenes de lesa humanidad.

El próximo jueves es el estreno oficial en cines de «Argentina, 1985», una película dirigida por Santiago Mitre y escrita por Mariano Llinás, que relata ese litigio y que podría inscribirse dentro de la larga lista de filmes argentinos que hablan de la dictadura. O no.

«Hay un género dictadura y hubo una especie de saturación a lo largo de todo el cine argentino; existe un prejuicio muy grande entre los espectadores, que dicen ‘otra película más sobre la dictadura’, (…). A veces las películas que trabajan el tema de la dictadura lo hacen de una manera un poco perezosa y reposan demasiado en una sensación de que por el hecho de hablar por la dictadura la película ya está (garantizada), como si hubiese una épica salvadora que salve a los directores de hacer una película interesante», plantea Llinás en diálogo con la Agencia Sputnik.

Para el guionista, «la historia violenta de Argentina del siglo XX todavía tienen un potencial inmenso y simplemente hay que evitar los lugares comunes».

El filme, que «por momentos parece una comedia» y cuenta con grandes chances de ser la candidata de Argentina para el próximo Oscar a película internacional, tuvo una gran repercusión en el reciente festival de Venecia, con dos premios no oficiales; también en San Sebastián, donde se alzó con la distinción del público.

«La relación con el público, si tengo que ser sincero, es que había algo del juicio original que se estaba repitiendo. Casi como de una manera mesmérica (hipnótica). Eso me impresionó mucho más que los aplausos y las caricias», destaca Llinás acerca de las proyecciones en los festivales europeos.

Juicio a las juntas

El proceso contra la plana mayor del Ejército que gobernó de facto en Argentina y cometió masivas violaciones a los derechos humanos (el terrorismo de Estado dejó 30.000 desaparecidos, según organizaciones de víctimas) comenzó gracias a un decreto del entonces presidente, Raúl Alfonsín (1983-1989), pero hay dos figuras que, con su trabajo, impulsaron las pesquisas: el fiscal Julio César Strassera y el adjunto, Luis Moreno Ocampo, en la película interpretados por los actores Ricardo Darín y Peter Lanzani, respectivamente.

Los fiscales utilizaron como prueba probatoria el informe llamado «Nunca Más», realizado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), por el que pudieron llevar al banquillo a los represores Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Emilio Eduardo Massera, Roberto Eduardo Viola, Omar Graffigna, Armando Lambruschini, Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Anaya.

Tras ocho meses de juicio, Videla y Massera fueron condenados a reclusión perpetua; Viola, a 17 años de prisión; Lambruschini a ocho, y Agosti a cuatro años y seis meses. Graffigna, Galtieri, Lami Dozo y Anaya fueron absueltos. Sin embargo, pocos argentinos conocen al detalle la historia del proceso.

«Cuando estábamos haciendo la película con Santi hice mi pequeña encuesta y descubrí que nadie sabe nada del asunto, ni siquiera los que creíamos saber teníamos un recuerdo muy claro», afirma Llinás, «todo el mundo sabe que es algo que sucedió pero la gente no tenía la más remota idea de lo que había pasado. Mucha gente informada me negaba que Videla hubiese ido a la cárcel. Hubo un olvido muy extraño para con el juicio».

No obstante, el «Nunca Más» sí es una marca registrada en la memoria de los argentinos, al punto que es evocada -ante cada avance de las fuerzas de seguridad sobre la democracia-, en marchas, remeras, banderas y cantitos.

El recientemente fallecido cineasta francés Jean-Luc «Godard dijo que el neorrealismo italiano implicó el derecho de una nación a volver a mirarse a la cara. Creo que el juicio a las juntas implicó la posibilidad de volver a mirarse a la cara, poder volver a pensarse como una nación por fuera de la tristeza demoledora y la masacre de la que veníamos. Implicó una decisión colectiva de volver a tener una cierta dignidad y estatura como nación», analiza el guionista.

Y agrega: «Es un hecho sensacional en términos de las decisiones que toma un país con respecto a sí mismo. El juicio fue algo de mucho coraje individual por parte de algunas personas pero que hizo una nación entera y sin ese concurso no podría haber existido. Una decisión que un país toma con respecto a su propia historia y que le permite existir».

En su alegato final, Strassera dijo ante la corte una de las frases más recordadas en la historia política moderna de la Argentina: «Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: nunca más».

«Hay otra frase que suele decirse mucho (y no comprobarse tanto), esa de que ‘el pueblo unido jamás será vencido’. En este caso creo que la frase funcionó, esa frase resultó real. Hubo un pueblo unido que logró lo que quería: sentar a los dictadores en el banquillo de los acusados y, con la delicadeza propia de las leyes, darle lo que ellos nunca le dieron a sus víctimas, un juicio justo», cierra Llinás. (Sputnik)

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