jueves 8, diciembre 2022
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Bolsonaro, el «Trump tropical» que podría convulsionar las elecciones en Brasil

Río de Janeiro (Brasil), 26 sep (Sputnik).- El presidente brasileño Jair Bolsonaro llega a las elecciones con la voluntad de revalidar su mandato, aunque a la vez cuestionando el sistema electoral, lo que muchos ven como la antesala de lo que puede ocurrir si pierde frente a Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011): no reconocer el resultado.

«Solo Dios me saca de esa silla», dijo Bolsonaro en repetidas ocasiones en los últimos meses, al tiempo que ponía en duda la fiabilidad de las urnas electrónicas (que se usan en Brasil desde hace dos décadas y que le auparon a la presidencia). Los parecidos con el discurso de Donald Trump en EEUU hace temer por imágenes similares a las que se vieron en la invasión del Capitolio en Washington.

Los temores a una intentona golpista con ayuda de los militares (que ocupan cientos de altos cargos en el Gobierno) también sobrevuela Brasil desde hace tiempo, aunque en las últimas semanas, ya en campaña y asesorado por su equipo, Bolsonaro está intentando trasladar una imagen de moderación, y recientemente llegó a decir que si pierde las elecciones se retirará y dejará la política.

Fiel a su estilo contradictorio e indomable, días después decía que vencería en la primera vuelta, a pesar de que las encuestas dan a Lula como claro favorito. También sigue atacando constantemente a los jueces del Tribunal Supremo Federal, que identifica como un obstáculo a la hora de gobernar.

Desgaste

Bolsonaro llega a las elecciones con su popularidad desgastada por el retorno del hambre al país, la inflación (aunque en los últimos meses ha dado una tregua) y sobre todo el recuerdo de la gestión de la pandemia del covid-19, en que paseó con orgullo su negacionismo, restando importancia a la virulencia del virus («es sólo una gripecita») y atrasando la compra de vacunas.

Los errores en la gestión de esa crisis sanitaria (que en Brasil dejó casi 700.000 muertos) y sus ataques a las instituciones democráticas propiciaron decenas de peticiones de «impeachment» (juicio político) por parte de la oposición y la sociedad civil, pero ninguno prosperó. Y es que a mitad de su mandato Bolsonaro forjó una alianza en el Congreso Nacional que le blindó frente a estos embates.

El presidente, que llegó al Gobierno sin apenas base de apoyo y rodeado de personajes rocambolescos, acabó abrazando la «vieja política» que tanto criticaba y se plegó a los deseos del «centrão», el poderoso grupo de partidos sin ideología definida que prestan apoyo en el Congreso Nacional a cambio de dinero y cuotas de poder.

Ya rehén del «centrão», Bolsonaro moderó levemente el tono e intentó reivindicarse como «padre de los pobres» con ayudas sociales de emergencia por la pandemia, a pesar de que en un primer momento se mostró reacio a desembolsar tantos millones. Al final, al prever que eso podía tener cierto efecto en la recuperación de su popularidad, se entregó a la causa.

En julio de este año, Bolsonaro y sus aliados consiguieron saltarse las leyes electorales y modificaron la Constitución para poder hacer un desembolso millonario en plena campaña electoral. Desde agosto más de 20 millones de las familias más pobres vieron como las ayudas aumentaron significativamente.

Los adversarios pusieron el grito en el cielo y acusaron al presidente de hacer trampas y repartir las ayudas únicamente con fines electorales, dado que en diciembre se acaban. Sea quien sea el próximo presidente, tendrá que gestionar un agujero fiscal considerable.

En todo caso, ese era el gran as en la manga de Bolsonaro y no funcionó. Su popularidad no remontó con la fuerza que se esperaba. Según las encuestas, la mayoría de los brasileños en las rentas más bajas sigue prefiriendo a Lula, al que reconocen su fuerte trabajo en la lucha contra el hambre y la miseria en los años en que estuvo en el poder.

Otro problema del actual presidente es que no logró expandir su base de apoyo: su discurso sigue dirigiéndose sobre todo a sus grupos más fieles: evangélicos, el sector agrícola y ganadero, clases altas, policías y militares, etc. A pesar de que públicamente diga que ganará en primer turno, la estrategia de Bolsonaro es evitar a toda costa que Lula liquide el pleito a la primera para ir al balotaje, ganar tiempo y atizar de nuevo el fantasma del «antipetismo». (Sputnik)

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