viernes 2, diciembre 2022
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La derecha extrema hace pie en Brasil ante la atenta mirada de América Latina

Buenos Aires, 5 oct (Sputnik).- Las derechas extremas han llegado para quedarse. Al menos, esa intención tienen. Es una de las conclusiones que puede extraerse de las elecciones generales en Brasil, donde el expresidente Luis Inácio Lula Da Silva (2003-2010) se impuso el domingo con el 48,4 por ciento de los votos frente al actual mandatario, Jair Bolsonaro, que obtuvo el 43,2 por ciento.

Debido a la expectativa generada por las encuestas, la narrativa imperante logró que el ganador de los comicios tuviera una victoria deslucida. Los sondeos vaticinaban su posible triunfo en primera vuelta al otorgar al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, entre 10 y 12 puntos menos de lo que consiguió al final.

Al César lo que es del César. El líder del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) se ha convertido en el candidato más votado en la primera vuelta de unas elecciones brasileñas. Fueron 6 millones de sufragios más de los que sacó su contrincante, y 25 millones de votos más que los que logró su fuerza política en las elecciones presidenciales de 2018.

Lejos de sorprenderse por los resultados, la politóloga argentina Anabella Busso, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), constata que «el bolsonarismo y las derechas extremas están en una etapa de consolidación en distintos países, y no había por qué esperar que eso cambiase en Brasil».

La especialista, docente de política internacional latinoamericana en la Universidad Nacional de Rosario, reconoce la influencia de los evangelistas, en un contexto en el que «trabajan como un espacio de militancia entre sectores populares».

Violencia latente

Los grupos de derecha en los que se apoya el actual presidente brasileño generan situaciones perjudiciales para cualquier gobernanza, sostiene Busso. Donald Trump en EEUU o el partido de ultraderecha Vox en España son la pauta de cómo estos sectores «tienen una negación absoluta hacia el otro, sea el que gobierna o la oposición, lo que lleva a que vean a otros sectores políticos no como opositores, sino como un enemigo que puede ser destinatario de violencia política».

En la campaña electoral previa a la primera vuelta, la línea preponderante de esa agresividad fueron bolsonaristas que atacaban a gente partidaria del exmandatario brasileño. «Si esto se consolida, no sería de extrañar que esa práctica política continúe en caso de que Lula gane y que eso genere cierta inestabilidad», razona Busso.

De camino al balotaje, se abre ahora una instancia «muy riesgosa, sobre todo en relación a los niveles de violencia», advierte. La clave está en los 32 millones de personas que se abstuvieron de participar en las elecciones, en un país en que más del 91 por ciento de la población se decantó por Lula o Bolsonaro.

Dado que el líder del PT apenas necesita 1,8 millones de votos adicionales para ganar en segunda vuelta, frente a los 6,7 millones que debería conquistar Bolsonaro, será improbable que el actual presidente sea reelecto.

En el Congreso, adonde han ido a refugiarse antiguos altos cargos del actual Gobierno, la primera fuerza será el oficialista Partido Liberal, lo que cristaliza un parlamento con un perfil blanco, masculino y de derechas.

«El escenario no va a ser de convivencia política normal entre oficialismo y oposición, pero por otro lado, el bolsonarismo tiene un sector militar comprometido en su estructura, y eso es un dato particular en el caso de Bolsonaro», observa la investigadora argentina.

IMPACTO EN ARGENTINA

Es sugerente el interés que desde Argentina han suscitado las elecciones de su principal socio comercial, con el que el diálogo al más alto nivel es casi inexistente. Cuál no será el nivel de relación que podrán restablecer cuando el presidente argentino, Alberto Fernández, viajó hace tres años a la nación vecina no para ver a su par brasileño, sino para visitar a Lula en la cárcel de Curitiba.

Argentina, que transita el intento de magnicidio de su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tiene expresiones de extrema derecha que se benefician de la fortaleza del bolsonarismo en Brasil, y que buscan robustecerse a través de redes internacionales.

«Los escenarios de violencia se van incrementando, y esto puede tener un efecto dominó con distintas graduaciones según el país», advierte Busso. Desde que Bolsonaro comenzó a militar la libre compraventa de armas, la cantidad de civiles que se hizo con ellas creció de manera exponencial, señala la docente argentina. «Esas ideas empiezan a asomarse a la agenda de ideas de la región, de modo que desde Brasil se pueden instalar en otros países».

Con Lula en el poder, Brasil puede tomar otro impulso, y América Latina puede aprovechar el envión. «La región necesita recomponer su multilateralismo y sus espacios de concertación», afirma Busso. «El escenario no es el que había en la primera década del siglo XXI, pero que Lula esté en Brasil es una condicion necesaria, no suficiente, pero necesaria». (Sputnik)

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