sábado 28, enero 2023
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La ruptura del contrato social

A raíz de la venida al país del Presidente del Salvador, Nayib Bukele, un asunto totalmente privado, que ha acaparado los titulares de prensa locales y extranjeros, pude leer un comentario interesante de la señora diputada Gloria Navas, respecto a las medidas del gobierno del señor Bukele contra las bandas delincuenciales, conocidas como “Maras”, made in USA, que causan tanto daño a Centroamérica y especialmente a El Salvador y Honduras, pero que con mano tan firme está dominando el señor Bukele.

El comentario de doña Gloria Navas es interesante, ella como jurista pura (su padre fue conocido mío y él fue quien me explicó acerca de esa tesitura de doña Gloria, cuando muchas personas las cuestionaban por defender principalmente a personajes ligados al tráfico de drogas y actividades conexas, Don Rogelio Navas, Q.E.P.D., me explicó que su hija lo hacía porque “creía en la justicia”, yo no objeté nunca esa explicación que de amigo a amigo se dio. Desconozco la hoja de vida de la señora Navas, imagino que conociendo a su padre, ella debe ser buena abogada.

Ahora, veamos el quid pro quo: ¿merecen justicia quienes irrespetando la vida de otros inocentes, han matado? Yo pienso qué hay que mirar un asunto como este con objetividad. Los delincuentes en cuestión, han roto hace muchos años el contrato social y se han proclamado con sus actos, la única ley vigente. Se han criticado algunos hechos donde personas inocentes han sido víctimas de arresto, han caído presos sin estar vinculados a ningún tipo de estructura delincuencial.

Las cárceles están llenas de inocentes, desde el punto de vista de ellos mismos. En el año 1968 tuve la oportunidad de visitar prisioneros en la Penitenciaria (Penitenciería decíamos nosotros), ninguno de los entrevistados me dijo ser culpable, todos fueron inocentes, yo que hacía un trabajo sociológico, les creía, caso contrario no hubiera ido a la cárcel a hacer el estudio.

El derecho es una disciplina muy difícil, es en realidad enfrentar diariamente la lucha entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira. Los abogados piensan como abogados, tratan (eso es lo que nos parece a los simples mortales) de desligarse del factor “emocional” “moral o ético” para convertirse en defensores de la ley hasta las últimas consecuencias. Por su lado, los moralistas no necesariamente cumplen las leyes. Pondré un solo caso: en 1928, aquí en Costa Rica una ley prohibió la migración de los afrodescendientes al valle central, esto si bien en ese momento era legal, era un hecho inmoral, entonces ¿a quién se le presta atención? Al principio de derecho, porque es el que maneja el poder. En el triunfo de la revolución del año 48, se derogó ese esperpento.

Regreso a Bukele y los Maras, doña Gloria y el derecho. Las Maras nacieron en los barrios latinos pobres de Los Ángeles, era un proceso hijo de grupos latinos desubicados empobrecidos, que resultaron muy útiles para perpetrar actos ilícitos violentos, a cambio de algún dinero. Los EEUU comenzaron a echar esos grupos fuera, ubicándose por filiación en algunos países centroamericanos, de donde eran sus raíces. La larga y sangrienta guerra de El Salvador, dejó como todas las guerras, hambre, miseria, armas sueltas y muchos desmovilizados guerrilleros, era el caldo de cultivo perfecto y el resultado perfecto. Bueno, tiene razón doña Gloria, toda la razón, en este tipo de lucha se cometen excesos y arbitrariedades: un soldado (Gringo, ruso, alemán o salvadoreño) únicamente “sabe obedecer”, no podría ser de otra manera, imaginemos cinco mil hombres en lucha campo abierto y cuestionando las órdenes de sus superiores, que terrible desastre sería. Cuando el teniente coronel Oliver North fue interrogado en el senado de EEUU, era el juicio sobre el caso “Iran-Contras”, respondió con una frase interesante: yo soy un soldado, he sido enseñado a obedecer a mis superiores”. Esta frase lo liberó de responsabilidad.

El ejército salvadoreño es una institución militar, no son hermanitas de la caridad, además están actuando contra elementos violentos, que no les tiembla el pulso para matar. Desde luego que en ese escenario, muchas cosas van a salir muy mal y es donde doña Gloria Navas tiene toda la razón, por otro lado esas pandillas han roto el contrato social y deben ser metidos en cintura por el bien de las mayorías.

Esta disyuntiva debe verse con otro lente, es un estado de guerra, El Salvador está en estado de guerra, tan grave como cualquier otra. Esperemos que a medida que Bukele logre su objetivo, se vayan haciendo más sencillas las medidas del ejército, logrando instaurarse un estado de derecho que tanto merece  en ese pueblo tan trabajador y un muy querido país.

(*) Dr. Rogelio Arce Barrantes es Médico.

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