domingo 26, junio 2022
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Tras un gustazo, un trancazo

De cal y de arena

Los acontecimientos de este 1 de mayo en la Asamblea Legislativa me llevan a estas consideraciones.

En este primer cuarto del ejercicio de gobierno 2018/2019 ha habido algo así como un matrimonio de conveniencia entre la administración Alvarado Quesada y el partido Unidad Social Cristiana. Con más altibajos de la cuenta, con más desentendimientos de lo deseable, con menos acuerdos de lo necesario y con acercamientos y distanciamientos, así han marchado estos doce meses en los que sobresalen entendimientos que condujeron al dictado de resoluciones de política de estado de gruesa envergadura que permiten suscribir la opinión de un saldo positivo emergente de ese matrimonio, en lo que –para ser justos- hemos de consignar que en ello también participaron otras fuerzas políticas. Esto es particularmente cierto en el expediente de la Ley # 9635 (Reforma Fiscal) y en la definición de los contenidos presupuestarios a tono con las reglas propias de tiempos de austeridad y parsimonia.

Aunque al PUSC le disgusta que se hable de un acuerdo suyo con el presidente Alvarado en torno a una determinada agenda de trabajo, le es difícil evitar que se le vea como parte de ese matrimonio de conveniencia dada la presencia descollante en el gabinete de figuras procedentes de su cantera, en concreto los ministros del “equipo económico” y el Ministro de la Presidencia.

Al completarse este primer año, el PUSC no oculta los disgustos que le provocan las cuentas pendientes de pago que lanza a la cara del gobierno, esto es, un listado de acciones y determinaciones que el Ejecutivo se comprometió a cumplir como parte de los entendimientos que dieron paso al grueso expediente conocido como Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas. Sus diputados hablan en tono airado al reprocharle al gobierno central poco o ningún ejercicio de acción gubernamental en lo que toca a la reactivación de la economía de la Nación y de las provincias costeras, al empleo público, a la matriz energética, a una mayor contención del gasto público, todo lo cual lo pone a gravitar a la hora de ponerle condiciones a la emisión de títulos de deuda pública bajo la modalidad de Eurobonos.

La cúpula del PUSC deja ver gran molestia -quizás la propia de quien siente que “lo han agarrado de chancho”-. Su mortificación le ha llevado a presionar para que en el directorio de la Asamblea Legislativa del período mayo ‘19/abril ’20 no haya ningún cargo asignado al partido de gobierno, el PAC. Sus diputados vociferan para que se entienda que la voluntad del electorado nacional fue dejar la mayoría de las curules en manos de la oposición al gobierno del PAC,  por lo que lo consecuente es asignar todos los puestos del directorio a diputados de la oposición.

Esa bandera la enarboló tarde, cuando ya otros partidos habían concretado entendimientos de otro linaje, y ciertamente cuando ya su arsenal de posibilidades se había agotado: el acuerdo de papeleta conjunta que propició con una de las facciones “cristeras” se quemó en el primer chispazo. Era evidente que se quedaría “sin Inés y sin el retrato” por la suma de torpezas políticas en que incurrió a resultas de las pujas internas que viven el partido y la fracción, con un choque de tendencias y vanidades que emergen desde la presencia de aquellas figuras en el gabinete y en la fracción hasta la zambumbia ideológica que le carcome y la propia frustración que le deja la pobreza muscular del Poder Ejecutivo ante el recuento de medidas contundentes para reactivar la economía y procurar el orden de los factores incidentes en el gasto público. ¡Cuidado si al PUSC no le va a salir muy pesada la factura final de ese matrimonio de conveniencia que –como en muchas de esas formulaciones- suele terminar a pedazos!.

La misma reflexión cabe a propósito de los acuerdos labrados por la fracción parlamentaria de Liberación Nacional con la del PAC. Igual, tiene los males de un choque generacional, un bizqueo ideológico y una ausencia de liderazgos. Es evidente que el PLN está contemplando de qué manera reconstruye las alicaídas instancias de gobierno, idóneo a sus intereses fincados en el período de gobierno 2022/2026, ayudándole a Alvarado a depurar las finanzas e induciéndolo a meterle el bisturí a los disparadores del gasto. Le interesa que desde ya se inicie la reactivación de la economía  y la reanimación de los sectores sociales desvalidos. Pero también le puede ir mal en este otro matrimonio de conveniencias si el gobierno de Alvarado termina dejándolo plantado, como dice el PUSC que le sucedió. Con una fracción parlamentaria y estructuras políticas que más parecen responder a sentimientos hepáticos que a una identidad ideológica, también sin liderazgos desde que su dirigente histórico se recluyó en una cómoda cartuja, el gobierno del PAC quizá no quiera comprarse la bronca de las acciones complementarias de la ley 9635 y prefiera actuar pero hasta cierto punto, sólo lo necesario para “terminar de cruzar el río”.

El nuevo presidente legislativo, Carlos Ricardo Benavides (del PLN), trata de poner a buen recaudo sus acuerdos y recalca la determinación del partido y de sus diputados de preservarse como fuerza de oposición decidida a cumplir las reglas del control político y de la construcción de acuerdos con otras tiendas. Ello, empero, no extermina la posibilidad de que el gobierno de Alvarado encamine sus pasos por el mismo trillo que origina las quejas del PUSC. ¿Qué harían, entonces, el PLN y su fracción, Benavides y sus asesores políticos, si Alvarado y los suyos les dan un acompañamiento anémico, a la medida exacta de lo que le convenga al presidente para terminar el período más o menos en pie?.

La solemne sesión legislativa abrigó algo más que el cumplido de un protocolo. Este 1 de mayo fue pródigo en hechos que –lejos de alentar el optimismo para el futuro que le espera al país- apuntalan más el pesimismo y la desconfianza. Es evidente que la ausencia de liderazgos políticos y la transformación de los partidos políticos en maquinarias meramente electorales están causando un peligroso vacío. Una pesada realidad que no era la que caracterizó aquellos tiempos en que partidos fuertes y liderazgos consolidados permitían construir las plataformas de acción gubernamental que pusieron a este país en marcha.

No hay que subestimar los riesgos que implica la insurgencia de los partidos “cristeros”  y su determinación a hacerse valer como proveedores del agua que ansiosos buscan los sedientos políticos de otras tiendas que no miran más allá de sus ambiciones de poder.

Aquella democracia fuerte, con vocación de justicia social y ejemplares instituciones, se toparía con aquel refrán popular: “tras un gustazo, un trancazo”.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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