martes 17, mayo 2022
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Economías en crisis y terapias remediales

De cal y de arena

La sociedad argentina está sobre un hirviente caldero. La situación de las finanzas del Estado, una economía en crisis marcada por el desplome de la capacidad productiva de su sector productivo, el impacto sobre el empleo, la desigualdad social y la desesperanza, evidencian un cuadro tan devastador como peligroso. Sólo atemperado por los anhelos que acumula un mosaico político de diversas tonalidades y una idolatría hacia una bandera: la del peronismo.

Es compleja esa realidad que aflora con crudeza ahora que toman posesión de la administración pública las autoridades que encabeza Alberto Fernández tras una contundente victoria en las urnas y que –como se tiene que reconocer objetivamente visto el panorama- tal derrumbe resulta de la acumulación de errores graves en que incurrieron los gobiernos de los últimos 20 años.

Su solución se le fue de las manos al saliente presidente Mauricio Macri: un error tras otro no hicieron más que agravar la crisis y desatar la insurgencia ciudadana en las calles y después en las urnas,  así fuese para optar por un conglomerado político sobre el cual llovieron las denuncias de corrupción e inepcia, independientemente del matiz persecutorio con que se marcaron no pocos expedientes.

Empinada cuesta, máxime por la desgastante tendencia de los argentinos a la confrontación. Veremos si el llamado a la conformación de un frente pluralista para encarar la crisis que han hecho el presidente Fernández y su flamante ministro de Economía, Martín Guzmán, sale airoso.

Éste, economista e investigador de la Universidad de Columbia, especialista en macroeconomía y en manejo de crisis de deuda soberana, trazó las líneas principales de la gestión gubernamental dirigida a sanear la economía y las finanzas, saneamiento indispensable para poner a buen recaudo la estabilidad social. Su presentación este miércoles ante la prensa local y extranjera fue seguida con vivo interés; no fue para menos.

Dijo que la situación es grave y que no hay forma de cumplir los convenios alcanzados por Macri con el FMI. El país está en un virtual “default” (cesación de pagos) sin espacio para plantear en el cercano plazo un ajuste fiscal que no haría más que provocar una contracción de la economía que solo agravaría la caída. Su gobierno buscará concertar un acuerdo pluralista que busque sanear las finanzas y la economía  pero solo por la ruta de proteger a la población más vulnerable. Es imprescindible recuperar la confianza, parar la caída y tranquilizar la economía, punto de partida para sentar las bases de un proceso de desarrollo sostenible y con inclusión social.

Sobresalió su noticia de que el FMI acepta el fracaso del plan adoptado con la administración Macri y su apertura a un replanteamiento de la estrategia.

Y no es para menos con las escalofriantes cifras: la deuda pública alcanza al 97,7% del PIB; el desempleo sobrepasa el 10%; el déficit pasa del 6% del PIB; el peso está a más de 60 unidades por dólar; el PIB en caída libre; la inflación arriba del 57%; el coeficiente de Gini que marca el índice de desigualdad en 0.440; la pobreza sobrepasa el 38% y la indigencia el 7.9% (más de 500.000 personas allí sumidas).

La determinación de enderezar las cosas es firme e irrevocable en su vocación de no agravar la depresión social, dijo Martín Guzmán. Una fe expuesta a muchos obstáculos y que solo podría contar con las esperanzas del cumplimiento en la medida en que Fernández y su equipo logren construir la alianza pluralista y satisfacer las demandas y esperanzas de una población acostumbrada a lanzarse a las calles.

Alberto Fernández tiene la ventaja de dominar el Senado y de contar con una numerosa bancada en la Cámara de Diputados, en la que los radicales y otros grupos menores ya adelantaron su apertura a colaborar.

Argentina y Costa Rica, sus economías, sus finanzas, su realidad social y política, son dos escenarios distintos pero con semejanzas. Hay que seguir con puntualidad lo que allá hacen. Fernández y Guzmán marcaron la cancha: no habrá una represión tributaria por la vía de “un brutal ajuste fiscal” que solo aceleraría el desplome de la economía.

Eso de desplome de la economía tras un sofocante ajuste fiscal, aquí suena familiar.

Hay que poner atención a la situación de Argentina y sacar conclusiones comparativas con lo que hemos pasado y lo que estamos viviendo: nuestra economía respira dificultosamente y hay grandes incógnitas en punto a la generación de riqueza, de empleo y de equidad tributaria.

De repente aquí la irrupción de la protesta violenta está “parqueada”.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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