viernes 12, agosto 2022
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La pandemia COVID-19: reflexión sobre el día después

¿Qué hizo la humanidad para merecer esto? No hay respuestas simples: contaminación, cambio climático, grandes aglomeraciones, destrucción irrestricta de la naturaleza, globalización del mundo micro bacteriano… factores que parecen tener un denominador común: un sistema mundo regido por reglas comunes. ¿Qué tienen que ver esas reglas con la alerta sanitaria que nos aqueja desde diciembre pasado, a raíz de la COVID-19, y que puso en jaque a las economías más poderosas de Asia y Europa? La historia de la Mundialización tiene que ver todo con ella.

La Mundialización, entendida como el funcionamiento de las sociedades como una “aldea global” no es nueva: es un proceso con historia. Fue con la colonización europea de pueblos en África y América a partir de los siglos XV y XVI, que la economía comenzó a funcionar como una unidad planetaria, que el capitalismo terminaría de consolidar.

No sólo el funcionamiento de la economía se globalizaría. También circularían, entre otros, elementos de la cultura, la convicción de la explotación irracional de los recursos y de la gente y el mundo microbiano. No está de más recordar que los microbios de los europeos menguaron, de manera pronta y brutal, a quienes no tenían defensas contra ellos: aquella diversidad de pueblos que ahora pasarían a ser llamados, simplemente, “indios”.

¿Qué nos dice la COVID-19 sobre la necesidad construir un futuro respetuoso del ambiente, solidario e inclusivo?

En Occidente, las concepciones para explicar la enfermedad también dominaron amplios territorios. Como aquella que en el siglo XIX afirmaba que las enfermedades son un castigo de Dios, o como la biologicista, que hacia 1900 asumió que salud era ausencia de enfermedad. Estas concepciones resultan, a nuestro entender, ahistóricas, en tanto negaron el componente socio-cultural de la enfermedad. Hacia 1950 se incluyó el ambiente, pero limitado al sitio en el que los sujetos vivían. Posteriormente, en la década de 1970 se integró a los ambientes natural y social.

Hoy, pensamos que la relación salud-enfermedad es más que meros elementos físicos, químicos y biológicos, pues intervienen factores sociales como la pobreza, la exclusión social, las diferencias geográficas, la devastación ambiental, la fortaleza de lo sistemas públicos de salud -hospitales, seguridad social, agua, etc.-, junto con otra serie de condicionantes que se intersecan.

Estudios históricos en Argentina muestran, por ejemplo, como la epidemia de la “gripe española” (1918-1919) era una una enfermedad que, si bien no distinguió en lo que a la morbilidad entre ricos y pobres se refería, sí lo hizo en la mortalidad. También muestran que dicha epidemia fue más agresiva en las poblaciones de las provincias más desprotegidas, en lo sanitario y en lo material. Evidenció, igualmente, las carencias de los Estados en formación, tanto como la relevancia de las diferencias económicas y geográficas.

En perspectiva histórica, ¿qué nos dice la COVID-19 de la Mundialización, de la exclusión, de la desestructuración del Estado Social, de la voracidad de los grandes capitales, de las reducciones salariales y los despidos? O en positivo: ¿qué nos dice sobre la necesidad construir un futuro respetuoso del ambiente, solidario e inclusivo? ¿Será necesario un cambio de paradigma económico? Leamos la historia con vocación de futuro, que la humanidad merece cosas mejores.

(*) M. Sc. Carolina Mora y Dr. Mauricio Menjívar, docentes en la Sección de Historia de la Cultura, Escuela de Estudios Generales

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