sábado 2, julio 2022
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Tiempos desdibujados

El 2020 ha sido el tiempo más extraño de mi vida. En Nueva Inglaterra -como en el resto de la Unión- uno se acostumbra a medir y a contar los acontecimientos personales en términos de temporada, es decir, las cosas pasan en el invierno, el verano, la primavera, el otoño, de tal o cual año. Es como una ruedita de sueños que uno cree no se detiene. San Patricio en un día frío, el 4 de julio bajo húmedo calor, Acción de Gracias despidiendo el follaje, y flores como banderas en mayo. Una estación tras otra en la memoria. El amor de tu vida puede invocarse como “fue tu mirada la que me atrapó en aquel verano del 68”. Y así uno va contando la vida en estos términos; unos más, otros menos. En Costa Rica yo narraba mis andanzas parecido a la precisión de almanaque: “un 7 de mayo te conocí en la avenida segunda”, por ejemplo.

Sabido es que en los Estados Unidos casi todo se abrevia y en Boston (donde vivo) ello aumenta en significado, pues aunque esta ciudad está habitada por grandes almas y es asiento de pocas pero verdaderas amistades, el estilo expresivo de por aquí es directo, hosco, sin florituras, como impaciente porque hay mucho que hacer. No es que no haya amabilidad, pero para que ello ocurra hay que saber pedir y responder con cierta precisión. Uno sabe lo que quiere y lo dice con voz firme. Igual uno exige lo debido. No hay tregua. Por eso, no es raro que un californiano perciba grosera a la gente de estos lares. Y para un latino no es nada fácil. Pero lo bostoniano es solamente una manera cultural de ser que no tiene intenciones venenosas. Si en una fiesta no quiero tomar licor lo digo una vez y tema resuelto. Nadie va a insistir.

Entonces, la evocación de las 4 estaciones te ahorra palabras pero permite darle un hermoso contexto, otro tiempo casi cinematográfico, a lo que se quiere expresar, porque cada uno de estos períodos comprime temperaturas, colores, celebraciones y acontecimientos especiales.  Pienso, quizá, que al decir «primavera» mis pupilas se dilatarán un poquito y una suave sonrisa pronunciarán mis labios. ¡Así de mágicas son las palabras! 

El 2020 ha dislocado hasta cierto punto la estructura mental del tiempo. Las letras, las sílabas y los acentos deambulan extraviados. Es un espacio raro, una época difusa, no solamente para mí, sino también para mis amistades y vecinos. Nuestras actividades se descarrilaron, nuestros ritos se desvanecieron y nacen otras voces. Pocos tocan a la puerta -los servicios de correo- y a nadie visito; rara vez me encuentro con alguien y cuando sucede es en un lugar abierto, con la indumentaria que la emergencia requiere.

Seguimos encerrados, y otros afuera trabajan en condiciones muy limitadas. Grande es el sacrificio, pero la mayor parte de la ciudadanía -al menos en Cambridge- lo asume con responsabilidad y solidaridad. Esto implica una cuota nada despreciable de soledad que invita a nuevas rutinas. Antes, era en la tarde que leía el Washington Post, uno de los 3 o 4 rotativos favoritos. Ahora lo hago tempranito en la mañana, con el café, el pan, los huevos y el pinto. Después me ducho y repaso los planes para el día. Claro, procuro ser puntual con mis obligaciones vía zum. Para entonces ya estoy más o menos informado de lo que ocurre en el país, en Costa Rica y en alguna otra geografía.

Leo en el Post que Trump, -refiriéndose la noticia a la monumental tragedia de los incendios-, dijo: “no creo que la ciencia lo sepa”. Bárbaro,sigue negando el cambio climático, como en Costa Rica hay gente que cree fantasioso el covid 19. Pues sí, Biden calificó a su rival de “pirómano loco”. El odiador de mexicanos y otros humanos vende la idea de que la tragedia del noroeste -en la cual cientos de miles de personas han tenido que abandonar sus hogares- es producto de una mala administración forestal.

Pero es él quien promueve que las cosas empeoren. Ha revertido regulaciones ambientales de primer orden y los gases de efecto invernadero se han disparado. Millones de acres se han quemado, el cielo se tiñe de sangre o de naranja, el efecto tóxico ya se dejó sentir en la otra costa y la ciencia sabe por qué. Agreguemos a este cuadro dantesco la realidad del covid 19 y el hecho de que la Casa Blanca esté ocupada por él, un sociópata que activamente planea hasta un fraude electoral. La “nueva normalidad” ha dejado muda a las 4 estaciones para dejar campo al horror de la “era Trump”. Ahora me pregunto si no será mejor leer el Post en la tarde, como antes, obligándome a recordar -cuando todo esto pase- que esto escribí a principios del otoño de un 2020, augurando la primera rosa del jardín sin el espantajo.

(*) Allen Pérez es Abogado

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3 COMENTARIOS

  1. Lo que sabemos en Costa Rica es que Trump se ha ganado el apoyo de la mayoria de los latinos en EEUU.Tanto asi que la Florida, que es crucial, es practicamente territorio de Trump.Los estados gobernados por democratas , son precisamente los estados donde mas violencia,protestas y caos existe : a saber,New York, Chicago,
    Portland, Minneapolis,Kenosha.Tambien los desastres como las grandes quemas de bosque por el mal manejo forestal, y la mania de que todo crezca a lo salvaje a causado tremendos incendios y afectaciones climaticas a un estado como California. C La misma California y New York de donde emigran sus ciudadanos hacia estados con ley y orden.
    Lo de votar por correo en forma universal y sin identificacion ,no es mas que el ultimo acto de desesperacion de la campaña de Biden, que la sabe perdida,pues su candidato esta senil y Lamala es de izquierda radical.

  2. No negamos que el virus exista. Los virus, hongos y bacterias están en la tierra antes que el ser humano. Los virus mutan y así el ser humano logra fortalecer también su sistema inmunologico. Lo que criticamos y aborrecemos es los que están haciendo los gobiernos corruptos sometidos a los mandatos de la OMS y las farmafias. Con respecto al cambio climático, le digo que estamos en un mundo que evoluciona y esos cambios no los detiene nadie. Que el ser humano en su irresponsabilidad haya acelerado algunos procesos, es otro tema.

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