martes 30, noviembre 2021
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Periodismo: Lo que los códigos deontológicos dicen sobre las crisis de salud pública

Artículo publicado originalmente en The Conversation:

La pandemia del coronavirus ha supuesto un enorme desafío para los periodistas, un colectivo cuya credibilidad no pasa por su mejor momento y que ha registrado un extraordinario aumento de su demanda informativa.

Además, se han producido cambios en las dinámicas de consumo. Todo ello genera más temor entre la ciudadanía ante las informaciones falsas o fake news.

Esta situación ha resucitado un debate. Un objetivo fundamental del periodismo es proporcionar información de calidad. Esta obligación es más importante si cabe en situaciones de emergencia social y sanitaria como las que vivimos.

En estos casos, la ética llama a la puerta para guiar el trabajo informativo. Los periodistas que quieren actuar con responsabilidad buscan el norte mediante los códigos, la brújula ética aceptada por ellos.

Los criterios más globales

Ante este panorama cabe preguntarse qué criterios éticos básicos siguen los periodistas en tiempos de pandemia. La Ethical Journalism Network es una organización que agrupa a más de 70 colectivos de todo el mundo. Ha elaborado un documento con siete directrices:

  1. Ajustarse a los hechos. La desinformación es uno de los mayores peligros. La mejor manera de combatirla es recurrir a fuentes diversas y fiables, contrastar los datos y corregir la información errónea.

  2. Practicar la rendición de cuentas. En época de pandemia, proliferan las estadísticas oficiales. El periodista, por un lado, debe contextualizar esas cifras. También tiene que interactuar con la audiencias siempre que sea posible.

  3. Familiarizarse con la terminología médica y científica y con las recomendaciones específicas para esta situación. El periodista debe evitar las etiquetas que puedan resultar engañosas.

  4. Mostrar humanidad. Detrás de todas las cifras de víctimas hay historias y familias. Por eso, hay que ser sensible a los recuerdos y emociones de los afectados.

  5. Desafiar al odio. Se debe evitar señalar o atribuir la enfermedad a colectivos raciales o nacionales concretos.

  6. Evitar la estigmatización social y los estereotipos. La enfermedad debe presentarse de manera objetiva. Hay que evitar abusar del lenguaje excesivamente emocional.

  7. Protegerse uno mismo y a los demás. El periodismo es una labor esencial. Por ello, quienes lo ejercen no deben arriesgar su salud ni la de sus fuentes. Y deben dar ejemplo tomando las medidas necesarias.

A la vista de estas recomendaciones, nos planteamos una pregunta. ¿Hasta qué punto los periodistas disponen de criterios claros? Dicho de otro modo, ¿están adaptados los códigos a la pandemia y ofrecen recomendaciones adecuadas?

A estas preguntas hemos intentado responder en una investigación que hemos llevado a cabo recientemente. Para ello hemos analizado más de cien códigos vigentes en otros tantos países de todo el mundo.

Los resultados nos muestran que la presencia de estas recomendaciones en los códigos es muy desigual. Por un lado, tenemos tres de ellas presentes en el 65 % de los documentos analizados. Se trata de protegerse uno mismo y a los demás (91,26 %), desafiar al odio (73,38 %) y ajustarse a los hechos (66,99 %).

En el otro extremo, cuatro recomendaciones están presentes en un 11 % o menos de los códigos. Así ocurre con evitar la estigmatización social y los estereotipos (11,65 %). También con familiarizarse con la terminología médica y científica (7,76 %), practicar la rendición de cuentas (6,79 %) y mostrar humanidad (2,91 %).

Asimismo, ningún código hace referencia a las siete recomendaciones y solamente uno, Montenegro, recoge seis de ellas. Otros tres códigos (Canadá, Croacia y Estados Unidos) contienen cinco.

Por el contrario, dos códigos no hacen referencia a ninguna recomendación (Japón y Australia). Mientras, 17 países recogen únicamente una de las siete.

Ausencia de códigos éticos actualizados

Podemos extraer varias conclusiones:

  1. La adaptación de los códigos a la realidad de la pandemia ha sido muy desigual. No existe una conciencia universal. O al menos no se ha reflejado en estos documentos.

  2. Las recomendaciones más presentes conectan con aspectos como las fuentes, la no discriminación o el respeto a la verdad. Principios, todos ellos, de larga tradición en la ética periodística.

  3. La fecha de actualización del código parece otro factor clave. Casi todos los documentos con más referencias han sido revisados después del año 2000.

Para finalizar, cabría animar a los colectivos responsables de la elaboración de estos códigos a que los actualicen. Un proceso similar al de hace 20-25 años con la eclosión del periodismo digital. Podrían plantearse, ¿por qué no?, incluir apartados específicos para situaciones de emergencia social y sanitaria.

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Di

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