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Golpe de Estado encubierto ensombrece presidenciales en Egipto

Fuente: dpa  |  2012-06-17
Golpe de Estado encubierto ensombrece presidenciales en Egipto

Un hombre ejerce su derecho al voto en los comicios presidenciales egipcios en un colegio electoral en El Cairo (Egipto) hoy, domingo 17 de junio de 2012. Los colegios electorales en Egipto abrieron hoy en la última jornada de votación de las elecciones presidenciales, en las que se baten el islamista Mohamed Mursi y el general retirado Ahmed Shafiq, último primer ministro del régimen de Hosni Mubarak. EFE/Andre Pain

ANÁLISIS Por Gregor Mayer (dpa) 

El Cairo, 17 jun (dpa) - Las elecciones presidenciales en Egipto, que se celebran entre ayer sábado y hoy domingo, han dejado de ser una "fiesta de la democracia", como muestra la modesta participación y la desconfianza mutua. Además, se refuerza la impresión de que el resultado tendrá poca importancia porque al final los que deciden seguirán siendo los militares.

Las pasiones están en su punto álgido: los observadores electorales y los activistas de los dos candidatos durmieron el fin de semana ante los locales electorales, para evitar que los opositores políticos robaran las urnas.

En Mahalla al Kubra, centro de la industria textil en el delta del Nilo con una gran tradición revolucionaria, desconocidos intentaron asaltar el local durante la noche. Pero activistas del campo del islamista Mohammed Mursi lo impidieron, informó el portal "Al Balad".

Pero la mayoría de egipcios mostraron esta vez poco interés en los comicios. El primer día se registró una participación del 15 por ciento, según el sindicato de abogados egipcio. Y es que la elección entre Mohammed Mursi, un político de los Hermanos Musulmanes con el carisma de un clérigo de mezquita de pueblo, y Ahmed Shafik, ex general y último primer ministro del derrocado ex presidente Hosni Mubarak, es de todo menos atractiva.

Ante los locales electorales en la calle Nassiriya en un barrio de trabajadores del centro de El Cairo, la afluencia no es muy numerosa. "Todos saben que las elecciones están amañadas a favor de Shafik. ¿Hicimos la revolución para que Mubarak vuelva?, afirma un hombre sentado ante su tienda cerrada que no quiere dar su nombre.

Al poco atractivo de esta segunda vuelta electoral contribuye también la falta de un candidato moderado o vinculado a la revolución popular contra Mubarak, ya que los representantes de esos sectores fueron eliminados en la primera vuelta el 23 y 24 de mayo, al quedar divididos los votos entre los distintos aspirantes.

Mursi y Shafik lograron, con el 25 y el 24 por ciento de los votos, respectivamente, pasar a la segunda vuelta. Si el llamado campo revolucionario se hubiera unido en torno a un único candidato, habría tenido buenas opciones de alcanzar la segunda vuelta en lugar de Shafik. El que más cerca estuvo fue el nacionalista de izquierda Hamdien Sabbahi, que quedó en tercer lugar.

Pero los generales, que llevan las riendas del país desde la expulsión de Mubarak en febrero de 2011, parecen no querer ceder el poder.

Dos días antes de la segunda vuelta de las elecciones, el Tribunal Constitucional, integrado por jueces de la era Mubarak, disolvió sorpresivamente el Parlamento, elegido a comienzos de año y dominado por las fuerzas islámicas. Con ello queda paralizado el trabajo de elaboración de una nueva Constitución, sobre cuya base debía gobernar el presidente que sea elegido hoy.

Tras la medida, la única institución con poder es el Consejo Supremo de las Fuerza Armadas, por lo que en el país se habla ya de un golpe de Estado encubierto. "El próximo presidente, ya sea Mursi o Shafik, llegará al poder sin que haya instituciones estatales", afirma Saad Hagras, editor del diario "Al Alam al Youm". "No hay Parlamento ni Constitución. Las únicas instituciones estatales que existen son los militares, la policía y la Justicia".

Pero los egipcios se tomarán muy emocionalmente el resultado de hoy: si gana el ex ministro y último jefe de gobierno de Mubarak Shafik, los seguidores de los islamistas denunciarán fraude electoral y se esperan vehementes protestas. Si gana Mursi, la élite del país y los alrededor de ocho millones de cristianos coptos no aceptarán la instauración del islam en la política.

Sin embargo, ese escenario es poco probable. "Los poderes del presidente serán definidos conforme al resultado electoral", asegura Nabil Abdel Fattah, politólogo del estatal centro Al Ahram. "Si gana Mursi el presidente tendrá poderes limitados".

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